La revolución fallida

La revolución fallida

Imagen de El Nuevo Diario – Ilustración

Juan-Diego Barberena Gutiérrez / Abogado

Hace 40 años en Nicaragua triunfaba una Revolución que despertó la atención y la solidaridad de todo el mundo, en apoyo a una guerrilla que tomaba el poder por las armas derrocando a la dictadura dinástica de la familia Somoza. Esos ideales revolucionarios de poder construir una nueva sociedad junto con un nuevo Estado más abierto y democrático, en donde no tuvieran ya cabida los pactos, los caudillos y mucho menos las dictaduras, fueron rápidamente traicionados -más bien ignorados- por el mando militar autócrata del FSLN. En lugar del Estado pluralista se creó un Estado autoritario sin lugar a la disidencia.

Hoy, muchos de quienes formaban parte del gobierno se arrepienten, pero más se arrepienten aquellos que aun perdiendo el poder en 1990, siguieron apoyando a Daniel Ortega para que este se apoderara del FSLN y de la revolución.

Hoy muchos de ellos quizás estén del lado correcto de la historia, repito HOY. Pudieron haberlo estado 30 o 35 años atrás, pero no lo hicieron y quizás esta masacre se hubiese evitado.

Daniel Ortega no nació siendo caudillo ni dictador, lo construyeron. Y muchos se han dado cuenta muy tarde.

La revolución fue un reflejo de continuismo del Estado Conquistador tan presente en nuestra trastocada historia: violaciones de derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales, ejercicio desmedido del poder dispuesto constitucionalmente, confiscaciones ilegales y hasta enriquecimiento sin causa, eran el pan de cada día de aquella década revolucionaria. Y ello sin mencionar la piñata, que asentó la noción botinezca del Estado, convirtiendo al sandinismo en un Neosomocismo.

Nosotros los jóvenes tenemos la misión de hacer nuestra propia revolución que cambie nuestra cultura política, negando para siempre la existencia de los hombres fuertes, de los caudillos, de los pactos, las componendas. Que termine para siempre la noción del Estado Botín, conquistador y patrimonialista y se respeten los derechos humanos para todos y todas.

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