La reconciliación no se impone

“PALO Y PICOTA”, Caricatura de Wilber Chavarria Centeno.

Editorial del diario La Prensa de Nicaragua del 07-11-2018

Personalidades democráticas y analistas políticos consultados por LA PRENSA, rechazan la supuesta ley para la reconciliación nacional anunciada por el régimen orteguista.

La vocera gubernamental, Rosario Murillo, dijo el jueves de la semana pasada a través de los medios de propaganda oficialista, que están por concluir una consulta después de la cual la paz y la reconciliación nacional serán dictadas como Ley de la República.

No es la primera vez que Murillo habla de esto. El 1 de octubre dijo que estaban trabajando “un gran acuerdo nacional de paz y reconciliación… para que cada día esta paz que se ha venido edificando en todo el país, se consolide, se desarrolle y sea firme y duradera”.

En realidad, lo que Ortega y Murillo entienden por reconciliación nacional es el sometimiento del pueblo a su poder dictatorial y la humillación de la gente que se alzó a la lucha por la libertad, la democracia y la justicia. La “paz” que el régimen ha venido construyendo es la represión que ha dejado centenares de muertos, miles de heridos y cientos de encarcelados y exiliados. Y además ha causado mucho resentimiento y odio de la población a la dictadura y sus esbirros.

Los dirigentes y analistas políticos consultados por LA PRENSA, opinan que seguramente el propósito del régimen de Ortega y Murillo con la anunciada ley de reconciliación nacional, es dictar una amnistía para que los crímenes de lesa humanidad que se han cometido durante la represión contra el pueblo, queden impunes.

Es posible que así sea. La historia de Nicaragua está llena de amnistías políticas —52 según dice el expresidente Enrique Bolaños en su libro de historia política nacional— para hacer borrón y cuenta nueva. Una amnistía más no sería algo extraño.

Pero las amnistías para impulsar procesos de reconciliación nacional solo son posibles después de que termina un conflicto armado o se pone fin a una dictadura. Así ocurrió antes en Nicaragua, lo mismo que en Guatemala y El Salvador, donde al finalizar las guerras civiles y por acuerdo de los antiguos contendientes y las fuerzas políticas, se dictaron leyes de amnistía para promover la reconciliación nacional.

“La reconciliación no puede venir de una ley… tiene que venir de un diálogo; una reconciliación se logra mediante acuerdos políticos”, dijo a LA PRENSA el doctor Carlos Tünnermann al comentar el anuncio de la vocera de la dictadura, de que impondrán la paz y reconciliación nacional mediante una ley.

Ciertamente, mientras exista el régimen dictatorial no puede haber reconciliación nacional. Dictadura y reconciliación son incompatibles y excluyentes, igual que la paz y la guerra. Los oprimidos no se reconcilian con los opresores, ni las víctimas con sus verdugos.

En Nicaragua seguramente habrá reconciliación nacional, pero solo después que —de una u otra manera— termine la dictadura.

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