La primavera pinolera

Humberto Chamorro

Es evidente que con los últimos acontecimientos ha quedado más que claro que el pueblo de Nicaragua ya perdió el miedo de salir a las calles y que con las gigantescas manifestaciones del lunes 23 y el sábado 28 de abril, el pueblo se ha manifestado de manera clara que lo que quiere es un “diálogo” que aborde como tema de fondo cuál es el mecanismo y el menor plazo posible para una salida pacífica de los Ortega Murillo del poder, como una fase clave en el proceso de democratización de nuestro país, sin olvidar que eso implicará, entre otras cosas, la justicia para los responsables de la reciente masacre de estudiantes y jóvenes, y la reestructuración de todos los poderes del estado.  Será la única manera de desmontar toda la estructura partidaria y aberrante que existe actualmente, sustituyéndola por instituciones democráticas, profesionales, apartidistas y con personas de ética y moral debidamente comprobada.

Pero con la marcha del partido en el gobierno de este recién pasado 30 de abril, creo que hay varias cosas más que quedaron al descubierto y que quiero mencionar:

  1. El cinismo de Ortega y Murillo, que después de desconocer y descalificar las protestas y negar los muertos, piden un minuto de silencio y un momento de oración (quien sabe a qué dios); creo que aquí se cumple aquel adagio popular que dice que “matan y van a la vela”.
  2. La pérdida total y absoluta del poder de convocatoria, que dicho sea de paso siempre ha estado más que cuestionado por llevar a gente obligada; pues en esta ocasión y aún y a pesar de eso, la concentración fue raquítica. Tan raquítica que fueron múltiples las imágenes de buses vacíos y el que tuvieran que manipular imágenes de forma burda con la que han quedado en evidencia, no solo que a como hemos dicho ellos son una minoría (no más del 15% de la población), sino además que son “MENTIROSOS”.
  3. Que ante esta realidad, no creo que los Ortega se vuelvan a arriesgar o atrever a realizar una concentración más, porque creo que en la próxima la rebelión de los trabajadores del estado será masiva. El riesgo es tan grande que desde ya se rumora que tendrían terror que los que no estamos de acuerdo con ellos sintamos la tentación de irnos a tomar esa concentración y pedirle en plaza pública su renuncia.
  4. No podemos dejar de mencionar a los cómplices que los acompañan, que los apoyan y/o que se hacen de la vista gorda y que de seguro endulzan el oído del dictador preséntenle una realidad diferente, y que el dictador gustosamente acepta para no tener que enfrentar la realidad: que sus días en el gobierno están llegando a su fin. Es importante que los Ortega y su camarilla de corruptos se den cuenta de que, entre más larga hagan su agonía, más daños harán, no solo a ellos mismos, sino a sus familias y a las instituciones que representan; ya hoy es evidente que la población los rechaza y que les han perdido totalmente el respeto y la confianza.
  5. Por lo anterior es indispensable mencionar y hacer un llamado a la Policía y al Ejército porque uno de los riesgos es que los Ortega quieran mantenerse en el poder a cualquier costo, aunque esto signifique una confrontación sangrienta, que por supuesto ninguna persona sensata quiere y lo que podría ser evitado por la jerarquía de estas instituciones, no prestándose nunca jamás a esas pretensiones. Les toca pues a la dirección de ambas instituciones, pero principalmente a los cuadros intermedios y miembros de base de la Policía y del Ejercito, actuar de acuerdo con la constitución y a su conciencia personal, tomando el lado correcto de la historia y no manchar sus manos con “sangre de hermanos”. Hermanos de la Policía y el Ejército que están conscientes de la situación y los abusos de los Ortega, estás en todo tu derecho y el deber de rebelarte contra toda orden superior que te mande u obligue a actuar en contra de tu pueblo. La lucha del pueblo es también tu lucha.

Por eso termino reflexionando que el haber llamado o aceptado ir al diálogo teniendo como mediadores a la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), aunque todos sabemos que es riesgoso a como lo dijo hace unos días Monseñor Silvio Báez, es a la vez una necesidad moral para que después no se diga que no se dio a los Ortega un chance para una salida institucional, democrática y pacífica. Pero que no se equivoquen Ortega y Murillo creyendo que serán ellos quienes definan la agenda en ese diálogo. Dicha agenda ya la definió el pueblo de Nicaragua y el primer y principal punto es cómo y cuándo salen del poder.

“Nicaragua volverá a ser República”.

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