Gobernantes invalidan matanza y no cambiarán

Sergio Simpson

Sergio Simpson

Dudo que quienes gobiernan sean capaces de rectificar o reconocer sus errores. Seguirán culpando a otros del descontento expresado contra el gobierno en el último mes, con casi un centenar de muertos, cerca de unos mil heridos, más de cuatrocientos prisioneros, torturados. No quieren admitir el malestar y repudio de una buena parte de la población. Nunca lo han querido aceptar.

Dicen que son mayoría, aunque saben que no es cierto. La corrupción es uno de los componentes por el cual las personas defienden al matrimonio presidencial. El servilismo y la impunidad son también sustentos del régimen; otro elemento es la lealtad sin críticas a sus líderes por encima de cualquier circunstancia. La prepotencia ha sido característica de esos gobernantes, acostumbrados a reprimir a quienes piensan distinto.

El presente político no es diferente al pasado en la historia de Nicaragua. Esta sociedad ha sido gobernada por corruptos, prepotentes, represores, que han tenido sus serviles, fuerzas paramilitares, simpatizantes impunes, y adoradores fieles. Una sociedad feudal.

Comprobado está que la reducida cúpula del FSLN se ha enriquecido ilícitamente, aprovechando el control estatal, y en la cadena de mandos y empleados, la corrupción, en mayor o menor medida, es una acción para comprar seguidores.

La pareja presidencial se ha rodeados de gente desprestigiada. Personas que antes emitían asquerosos discursos antisandinistas, ahora vociferan repulsivas alabanzas al Señor Presidente y su señora. Es público el interés mercantil de cortesanos.

Militantes del FSLN opuestos a conceptos y acciones que violan los principios de honestidad y justicia social con los cuales nació la guerrilla anti dictatorial, son expulsados y amenazados de muerte porque el mismo Daniel, en plaza pública, los llama “traidores”.

Daniel Ortega nunca respeta las marchas opositoras. Él y sus operadores políticos han declarado que las calles son del pueblo, y el pueblo es solamente sus incondicionales. A los demás los califica despectiva y groseramente, a tal grado que azuza a sus simpatizantes a reprimirlos.

La prepotencia de los gobernantes, creyéndose dueños de la verdad y el país, es transmitida a sus partidarios, que se saben protegidos con impunidad, aun cuando sean empleados menores que viven casi paupérrimos, y se manifiestan dispuestos a aplastar, asesinar, a quienes osen sublevarse al mando presidencial.

La lealtad al matrimonio Ortega Murillo está sustentada en favores, empleo, o beneficios recibidos. También por las exclusiones de los gobiernos anteriores que quisieron desaparecer al FSLN y sus simpatizantes. Los seguidores imaginan que, si llega a gobernar otro partido, de nuevo serán discriminados, así como este gobierno descarta a quienes los adversan, lo cual es probable en un país donde los simpatizantes gozan de privilegios gubernamentales.

En esta coyuntura y con esos conceptos, es casi imposible que el régimen y sus discípulos reconozcan los errores cometidos y la matanza ejecutada por la policía y paramilitares.  Siquiera reconocen que fueron ellos los que implementaron las luchas callejeras que ahora reprochan, que fueron ellos quienes adecuaron a su favor la Constitución y las leyes, para reelegirse y perpetuarse, y ahora claman por el respeto jurídico.

No descarto que se querrán sostener con las armas. El pueblo seguirá enfrentado, ofendiéndose y muriendo. Gente seguirá emigrando a buscar trabajo y paz. Buena cantidad de ciudadanos no cesará de luchar hasta que Daniel Ortega y sus socios dejen el poder, sean juzgados por crímenes y corrupción. Nicaragua no es democrático ni seguro país.

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