Deberían reflexionar las bases del FSLN

Sergio Simpson

Sergio Simpson

Los del FSLN deberían comenzar a reflexionar. La mayoría de la población no quiere a Daniel Ortega y a Rosario Murillo descártenla como sustituta.

Sé que es prohibido argumentar en esa organización. Además los directivos nacionales, departamentales y municipales, y de sus organizaciones de masas, están muy agradecidos con la pareja que manda, pues les ha facilitado bonanza, vivir bien y bonito.

Serios conflictos hay en el danielismo, pero también debo reconocer que existen incondicionales en las bases, porque están satisfechos con los beneficios obtenidos o porque son leales a una historia vivida.

Sin embargo, a los del FSLN les conviene evaluar y superar el apasionada apoyo acrítico a la pareja, aun cuando sé que la pública defensa absoluta es para mantener la unidad interna y no evidenciar las contradicciones.

Personas me han afirmado que “morirán con las botas puestas” leales al matrimonio Ortega Murillo, y no les interesa reflexionar, porque ellos se proclaman “soldados fieles a los principios sandinistas” en “esta segunda etapa de la revolución”, obedecen “al comandante”.

La participación de militantes en debates ha sido nula desde hace muchos años, se han limitado a recibir órdenes, pero ante la grave situación les corresponde urgente comenzar a buscar una salida a la crisis. El “orgullo de ser sandinista” que dicen enarbolar los conduzca a formular un cambio conceptual.

No les favorece desestimar o negar los casi 300 muertos, miles de heridos, centenas de prisioneros políticos torturados, el pavor con el cual ha vivido la población, que es responsabilidad del Señor Presidente incapaz de aglutinar a la mayoría de la sociedad nicaragüense.

El desprestigio de Daniel es insuperable, su formación autoritaria y su afán de poder absoluto igualmente ha desacreditado más al FSLN y sus integrantes. No ha gobernado con justicia, desconoce la democracia y atropella las libertades ciudadanas.

Ojalá quisieran las bases del FSLN reunirse y analizar, por decisión individual, para no sucumbir en el precipicio donde están cayendo y los han conducido sus directivos impuestos. Es obsoleto pensar que van a volver a “gobernar desde abajo” con asonadas, tomas de ciudades, quemas de edificios, invasión de tierras.

Les urge evolucionar su visión de partido y gobernar, abandonar la fuerza y abanderar la razón, proclamar la legalidad no las prácticas tradicionales de la política feudal nacional.

La mayoría en Nicaragua está hastiada de esa historia de corruptos, dictaduras, y luchas armadas.

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