Administración Ortega-Murillo debe reencauzar su gestión de Gobierno

Ilustración / Imagen de El Universal, Venezuela

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Por Agustín Jarquín Anaya

Con el contundente triunfo de la oposición venezolana, quienes actuando unida obtuvo más de un 66 % de la elección parlamentaria, concluye una época, iniciándose el fin ‘Chavismo’ y su modelo ‘Socialista del Siglo XXI’, con repercusiones profundas no sólo en Venezuela sino también en América Latina. Este cambio radical se une al fin de la ‘era Kirchner’ en Argentina y a la normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos, que re-enfocan drásticamente, para bien, la dinámica de la política regional, lo cual beneficia al pueblo nicaragüense.

Ante estos vientos de cambio, en Nicaragua, el Gobierno y la Oposición deben re-enfocar su actuación: La oposición debe perfeccionar la Unidad y asumir con beligerante protagonismo las reivindicaciones populares. Por su lado la Administración Ortega-Murillo, no debe seguir con ‘oídos sordos’ desatendiendo los sensatos llamados, que se han hecho para que reoriente su gestión gubernativa: retomando sus compromisos originales y corrigiendo las desviaciones institucionales incurridas. Estas demandas las han realizado las Iglesias, los Partidos Políticos de oposición, los Gremios Empresariales y Sociales, las Ongs Independientes y amplios sectores de la población como el ‘Consejo en Defensa de la Tierra, el Lago y la Soberanía Nacional’. Por eso es responsable y oportuno que el matrimonio presidencial desempolve las ‘46 observaciones y sugerencias’ del documento “En búsqueda de Nuevos Horizontes para una Nicaragua Mejor” que la Jerarquía Católica[1] les entregó personalmente el 21 de mayo del año pasado, en la que con sincero aprecio, les señalaban que: “tienen la capacidad de no defraudar la esperanza que muchos nicaragüenses depositaron al iniciar su primer período presidencial en el 2007 y heredar a la nación un legado histórico digno de ser recordado por las futuras generaciones”, advirtiéndoles que: “los años pasan y nadie es eterno. Sin embargo,…tienen todavía la posibilidad de demostrar su voluntad de favorecer una auténtica apertura al pluralismo político en la nación; colaborar activamente a replantear el funcionamiento integral del sistema político y buscar caminos de concertación a nivel nacional, restableciendo la normalidad política de un auténtico estado democrático”; concluyendo con las dos propuestas de: 1) Diálogo Nacional, y 2) cambios de fondo en  el Sistema Electoral, para que el país prospere.

Además de fortalecerse la ‘corriente democratizadora’ y el protagonismo del ‘pueblo soberano’, que podrá aprovechar la oposición democrática; un resultado inmediato, que también se puede producir por el cambio venezolano, es una modificación radical (posible cese) de la cooperación petrolera privilegiada, que Venezuela ha otorgado a Nicaragua y que el gobierno ha manejado de manera no transparente y con total discrecionalidad.

Además de retomar los ‘Acuerdos de Esquipulas’, la ‘Carta Democrática de la OEA’ y los compromisos contraídos (con el pueblo, la iglesia y la Democracia Cristiana -ODCA y UDC-) cuando pedían “una nueva oportunidad”, el Comandante Ortega y su esposa Rosario, deben a la brevedad prepararse a rendir cuentas: al pueblo  de Nicaragua y posiblemente al nuevo Congreso de Venezuela, por los resultados y el uso de esa cuantiosa cooperación. Por lo pronto, se debe de: 1) organizar y realizar una auditoría profesional confiable en Albanisa y a Petronic, por todo su periodo de gestión, desde su inicio hasta la fecha, y 2) comenzar a transferir al ‘Tesoro’ (o sea al ‘Presupuesto de la República’) las utilidades de Petronic (que no se reinvierten), las que sólo el año pasado superan los 3 mil millones de córdobas; para el beneficio del pueblo nicaragüense, mediante el financiamiento de proyectos que tanto se necesitan.

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