Voto nulo o abstención | Nicaragua

jose_antonio_perazaPor José Antonio Peraza Collado / Politólgo

En una elección municipal, para alcalde y vicealcalde, la mayor votación del FSLN en el municipio de Managua había sido 145,535 votos válidos en 2004. En la elección del 2000, donde fue electo Herty Lewites, la votación del FSLN fue de 136,406 votos válidos. En las elecciones para presidente y vicepresidente, la mayor votación del FSLN había sido en 2001, 198,016 votos válidos. En 1990, las votaciones, para presidente y vicepresidente, del FSLN en Managua fueron de 134,964 y de 157,102 votos válidos en 2006.

Los liberales unidos habían obtenido sus mayores votaciones en las elecciones en 2001, con 239,196 y en 2006 con 207,836 votos válidos (si hubiesen ido unidos) en Managua. Igualmente, en las elecciones municipales, si hubiesen ido unidos, hubieran obtenido 159,405 en 2004 y 168,666 votos válidos en 2000.

O sea, desde 1990 al 2006, para una elección presidencial, el FSLN en Managua nunca había sobrepasado los 200,000 votos válidos. En una elección municipal, el FSLN nunca había sobrepasado los 150,000 votos válidos. Conclusión, los liberales unidos pasaban fácilmente la barrera de los 150,000 votos en elecciones municipales y de los 200,000 votos en las presidenciales.

¿Qué sucedió el día siguiente de la elección municipal 2008? Que el Consejo Supremo Electoral (CSE) publicó que el PLC había obtenido 202,752 y el FSLN 223,389 votos válidos. A pesar, de que el CSE nunca publicó 644 Juntas Receptoras de Votos (JRV) de un total de 2,107 habilitadas para el municipio de Managua. Para CSE, el FSLN pasó de 145,535 a 223,389 votos válidos, 77,854 votos más que en la última elección municipal, cuando el aumento nunca había sobrepasado los 10,000 votos. Más dramático aún, si tomamos en cuenta, que 2006 el FSLN había obtenido, únicamente, 157,102 votos en el municipio de Managua.

A partir de ese momento, un sistema electoral profundamente deteriorado por el pacto del 2000, colapsó y terminó de hundirse, con las profundas irregularidades en la elección del 2011. Ahora en el 2016, algunos sectores pretenden que se olviden las irregularidades del pasado reciente y nos instan a votar. No solo con este CSE, sino con los candidatos escogidos por Daniel Ortega, para que se enfrenten a él. El dilema que se plantea ante la farsa es simple, o anulamos nuestro voto o nos abstenemos a votar. En un sistema electoral creíble se podría saber la cantidad de votos nulos que hubo en la elección, y partir de allí deslegitimarla. Pero con este CSE, que desde 2004, no publica resultados de votos nulos, de que serviría votar nulo, si no no podríamos saber, ni comprobar qué cantidad de ciudadanos votaron nulo. Peor aún, podrían asignárselos al FSLN.

La alternativa de la abstención también es dudosa porque no se podría demostrar por qué la ciudadanía no asistió a votar. Sin embargo, los ciudadanos si tendríamos la opción de no participar en un proceso, donde no hay candidatos de nuestro agrado. En otras palabras, no hay nadie, que a mí me convenza, que yo tengo que asistir a votar por candidatos que no son de mi aceptación.

Ante el dilema de abstenerme o votar nulo, creo que la mejor opción es abstenerme, porque así al menos, rescato mi dignidad de ciudadano, de no votar o fingir que voto, por candidatos que no me representan. Algunos sectores están obsesionados por demostrar que independiente de los candidatos, debemos certificar el sistema. Los paladines de la estabilidad deberían saber, que el mayor responsable de que se pierda la estabilidad es el presidente Ortega. Las elecciones son para escoger candidatos a través del voto, no para votar por los candidatos escogidos por el poder.

Publicado en el diario La Prensa y reproducido con autorización del autor.

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Un comentario

  1. ESTOY DE ACUERDO

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