Venezuela y Nicaragua: lecciones recíprocas | Opinión política

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Antes de las elecciones legislativas venezolanas del recién pasado 6 de diciembre, los pronósticos que las mismas derivarían en una confrontación violenta eran dominantes. Frente a los mismos, las expresiones de que esas elecciones se deberían tomar como un punto de partida para empezar a reconciliar y unir a los venezolanos, aparecían más como formulación de buenos deseos.

Los pronósticos, afortunadamente, se equivocaron. Pero en el mes transcurrido desde entonces, la dinámica de los acontecimientos parece que la han impuesto los sectores extremistas del chavismo y la oposición. Se cumple, una vez más, la antiquísima sabiduría que los extremos se juntan.

En una rápida sucesión, los hechos dominantes apuntan a la dinámica de la confrontación: desde el chavismo se ha intentado erosionar la voluntad popular expresada en las elecciones, nombrando 13 magistrados partidarios en la Corte Suprema de Justicia, la cual de inmediato aceptó la impugnación de la elección de 3 diputados de la oposición, con lo cual la misma perdería la mayoría calificada que penosamente, pues todas las reglas del juego y los recursos estaban en su contra, ganó en las elecciones; la oposición ripostó anunciando, en la instalación de la Asamblea Legislativa, que buscaría destituir a Maduro, y el nuevo Presidente del órgano parlamentario se la sirvió en bandeja al mismo Maduro y los sectores extremos del chavismo al ordenar remover del recinto legislativo los retratos de Chávez y Bolívar (argumentando, recuérdese, que Chávez ordenó cambiar la orientación de la cabeza del caballo del Libertador, como si la gente entendiera ese detalle frente al simbolismo de la imagen de los grandes retratos arrastrados por los pasillos).

Hasta ahora, de la experiencia venezolana, los nicaragüenses hemos extraído algunas lecciones. Primero, sobre la volatilidad de las lealtades políticas derivadas de las redes clientelares; en la medida que el precio del petróleo se desplomaba, el gobierno que no había aprovechado las vacas gordas para remover los obstáculos estructurales de la pobreza, se quedaba sin recursos para sus programas clientelares, y la mayoría de pobres que el chavismo había sacado de la pobreza, volvían a la misma. El chavismo, igual que el orteguismo, olvidó que la única manera estructural de sacar a la gente de la pobreza es generando más empleos y de más productividad.

Segundo, que enfrentadas a la posibilidad de reprimir masivamente, y correr el riesgo de dividirse, las fuerzas armadas y de policía, pese a los esfuerzos de partidarización chavista, como el orteguismo aquí, se inclinan por cumplir un papel arbitral, de respeto a la constitución, las leyes y los resultados electorales.
Y habría otras lecciones para Nicaragua, incluyendo que si los venezolanos pudieron, luchando contra todas las adversidades, los nicaragüenses podremos.

Pero hay una experiencia aleccionadora de Nicaragua para Venezuela. Cuando Violeta de Chamorro ganó en 1990, y veníamos de una confrontación mayor que la venezolana, la coalición política que la respaldó se declaró de oposición a su gobierno porque en su extremismo, en reacción al autoritarismo sandinista de la década precedente, no entendió la formulación que su Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, hizo hasta el cansancio: que se “había ganado una elección, no una guerra”, como en ocasión de la reciente trágica muerte de Toño nos lo recordó Carlos Fernando Chamorro.

La transición nicaragüense fue exitosa, aunque ahora Ortega la haya revertido. Del éxito de la transición nicaragüense la oposición venezolana podría extraer algunas experiencias. Primero, que el gobierno Chamorro no entendió que el sandinismo, por perder las elecciones, había perdido todo y debía desaparecer del mapa; segundo, implícito en lo anterior, era que la revolución sandinista, como el chavismo, había generado derechos legítimos, históricamente hablando, en sectores tradicionalmente excluidos; y tercero, que también lo entendió el gobierno Chamorro, que la desafección frente al sandinismo tenía un componente económico por la escasez e hiperinflación, así como la guerra en Nicaragua y la criminalidad en Venezuela.

Como The Economist de esta semana se lo recuerda a la oposición venezolana, el “chavismo ha sido herido, pero lejos de estar derrotado”.

Si los sectores moderados de la oposición venezolana se imponen, la configuración de intereses nacionales e internacionales dominante, incluyendo las fuerzas armadas, pondrán viento de cola a una transición venezolana exitosa. Lo necesitan ellos, y lo necesitamos todos.

La Nicaragua Linda

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