Urge un bloque democrático para enfrentar el autoritarismo que desgobierna a Nicaragua

silvio_avilez_gallo_bloquePor Silvio Avilez Gallo

E PLURIBUS UNUM

No se trata del lema que figura en el Escudo de Armas de los Estados Unidos de América, pero la expresión latina calza muy bien a la característica esencial de la especie humana, que es única y al mismo tiempo rica en diversidad; esta cualidad se refleja en las actividades que emprende el ser humano en los distintos ámbitos de su accionar: político, económico, social, cultural, religioso…

En lo político, un partido reúne a ciudadanos de distintos estratos de la sociedad que comparten determinados principios, valores, conceptos, doctrinas y fundamentos ideológicos. Representa, por lo tanto, a un sector más o menos importante, dependiendo del número de afiliados, que ofrece a los electores un programa o proyecto alternativo de gobierno. En la base de todo partido existe unidad de criterio respecto de los grandes lineamientos que comparten sus adherentes o simpatizantes, lo que no significa necesariamente que todos actúen automáticamente de manera uniforme. Es lo que se conoce como tendencias dentro de un mismo partido, que sin renunciar a la identidad común, reflejan maneras distintas de poner en práctica determinados principios.

Pero la diversidad de tendencias dentro de un conglomerado político no debería entenderse como sinónimo de disidencia o anarquía.  Es necesario el respeto de las opiniones de los otros y al interior de los partidos las decisiones se toman por mayoría, después de un intercambio de ideas o propuestas. Triunfa la línea que concita el apoyo mayoritario. El PRI de México es un buen ejemplo de ello.

En los partidos genuinamente democráticos se practica la unidad en la diversidad y las diferencias en cuanto a la aplicación de métodos o estrategias de acción se conversan en busca de un consenso. Cuando impera la intolerancia se produce el fraccionamiento y la aparición de micropartidos desgranados del partido matriz, que lo debilitan y le restan posibilidades de influir en el electorado. Esta situación favorece obviamente a los otros partidos, especialmente a aquellos de corte totalitario, que practican el monolitismo y la sumisión absoluta a los dictados indiscutibles de la cúpula directiva.

Los partidos políticos son indispensables para el funcionamiento de un régimen democrático. La cultura cívica de un pueblo se mide por el grado de participación ciudadana en las consultas electorales periódicas y por la tolerancia de toda la gama de opciones que se presentan, porque esa diversidad, inclusive dentro de un mismo partido, es reflejo de la esencia y riqueza del ser humano: único en su especie, pero plural en su manera de pensar y actuar.

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