Urge aprobación de la ley de experimentación en seres humanos en Costa Rica

julian_frech_ayubPor el Lic. Julián Frech Ayub

Este tema se ha satanizado en Costa Rica como consecuencia de experimentaciones no consensuadas y bien informadas a los pacientes, realizadas por algunos médicos y principalmente por las farmacéuticas internacionales que han actuado indebidamente; pero su legalización regulada debe ser aprobada a la mayor brevedad posible por nuestra Asamblea Legislativa para evitar tanta muerte innecesaria. 

Soy paciente de cáncer desde mi infancia, y de no ser por la experimentación, no estaría escribiendo estas líneas en bien de la humanidad.

A los quince años de edad ya había proliferado (metástasis) en mi cuerpo, un carcinoma invasor de tiroides, carcinoma muy agresivo y mortal por el que fui desahuciado en varios hospitales nacionales e internacionales hasta que mi padre y yo tuvimos conocimiento del hospital M.D. Anderson, en la ciudad de Houston, Texas. 

En el Anderson también daban pocas probabilidades de vida (solo 5%), pero iniciaron tratamiento ya protocolizado con Isótopo Radioactivo 131 después de tres operaciones quirúrgicas radicales de cuello en las cuales me habían extirpado la Tiroides, la Paratiroides, una Yugular y gran parte del músculo Esternocleidomastoideo; sin embargo, había zonas que no podían ser tocadas por cirugía y se acudió al 131 durante varios años (ocho aplicaciones). 

En 1984 tuve una “recidiva” (reaparición del tumor maligno tras un periodo más o menos largo de ausencia de enfermedad) sub-lingual. Ello puso en duda el continuar empleando el Isótopo 131 y estaba en experimentación un nuevo procedimiento por transfusiones de mi misma sangre extraída y mezclada con no sé qué químicos, pues escapan sus nombres a mi memoria. Los médicos me explicaron bien el procedimiento y los riesgos y sin dudarlo accedí y les firmé el descargo de responsabilidad en caso de fracaso o muerte. Gracias a ello, mi carcinoma de tiroides jamás volvió.

El Hospital Anderson, de varias manzanas de área, tiene todo un piso subterráneo (sótano) que cubre el área total, dedicado a la investigación; algo que sueño que algún día exista en nuestro país donde nuestros excelentes médicos están restringidos a emplear únicamente los protocolos autorizados por el Colegio de Médicos que a su vez los reciben de la FDA o farmacéuticas transnacionales que se han basado en organismos (seres humanos) creados en ambientes distintos al nuestro.

Este lunes tengo la cita médica para decidir si se aplica la “maligna quimioterapia” (protocolo autorizado) sobre mi nuevo cáncer (Linfoma Cutáneo de células T) para alargarme la vida de 3 a 5 años máxime, o mandarme a la casa a esperar la llegada de la hora de partir. Por supuesto, es muy probable que no acepte la quimioterapia, si es que esa es la decisión médica.

Llevo años leyendo, desde 1991 en que se me descubrió este Linfoma. He encontrado excelentes alternativas, no para extender mi vida, sino para curar mi cáncer; pero se encuentran en experimentación y una, ya aprobada por la FDA, que se distribuye solamente a nivel de Estados Unidos y Canadá.

Propondré a la Doctora que lleva mi caso, y a los otros médicos, incluyendo a los de Hematología, experimentar en mi cuerpo y de la manera que yo indique de acuerdo a mis investigaciones para que ellos las analicen bajo la promesa de que redactaré un documento de descargo en los términos que ellos dispongan y autenticado por abogado, para que ellos (los médicos), no afecten su vida profesional por culpa de no existir una ley en el país que les autorice la experimentación.

Pero mi cuerpo es MÍO, de nadie más, y es un DERECHO HUMANO querer preservar la vida contra viento y marea. ¡Si los médicos no se atreven a hacerlo, yo mismo experimentaré con mi cuerpo!

Humildemente, pero vehementemente, solicito tanto a nuestros legisladores como a la Sala IV, se apruebe una ley que autorice la experimentación en seres humanos a la mayor brevedad posible y más allá, que se legisle en pro de que cada hospital de la CCSS tenga su piso de experimentación para que nuestros médicos evolucionen por sí mismos y no por “protocolos externos”.

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