Un nuevo crimen policial | Nicaragua

carlincatura-carlincatura-carlinPor Roberto SamcamEx Mayor del Ejército Popular Sandinista

Cuando todos creían que ya la policía al servicio de la familia Ortega – Murillo había tocado fondo, nuevamente nos sorprenden y envían el mensaje de que aún falta mucho por ver en lo que a represión ciudadana se refiere. Pero no contentos con esto, todavía tienen el cinismo de ir a la vela, dar el pésame a los sobrevivientes de la familia casi exterminada y hasta posiblemente vayan al entierro compungidos y apesarados. Se podrían aceptar estas muestras de solidaridad si fuese un acto aislado, pero la realidad es que estas acciones con una norma de conducta del cuerpo policial que ha venido desarrollándose a partir del 2007. No fue un gravísimo error, a como lo han querido catalogar los altos mandos de la institución, es un proceder cotidiano en la actuación de muchos miembros de la mal llamada policía nacional. Como dice el refrán popular: Matan y van a la vela.

LA GENESIS DE LA FRACTURA MORAL

Hablar de la génesis de esta fractura moral hay que remitirnos a los esfuerzos del nuevo poder en Nicaragua luego de la derrota electoral del 90 y sus intentos por desarticular uno de los pilares que defendieron la revolución derrotada en las urnas: la entonces Policía Sandinista. Dichos esfuerzos iban en la línea de corromper a la cúpula policial, mandos intermedios y a los policías de base. Aparecieron las mordidas, coimas, pago por protección al mejor estilo de la mafia siciliana, regalías, negocios turbios en los que el poder se hacía de la vista gorda, vida disipada, narcotráfico, entre otras lacras. Pudimos ver los casos de contrabando de vehículos robados en países del Triángulo del Norte y que pasaban tranquilamente por nuestro país con la complicidad y participación de altos mandos policiales. Vimos casos como el de Polanco y muchos negocios de este tipo que pagaban el “derecho de piso”, las vaquillas del programa del IDR, las amistades peligrosas con narcotraficantes confesos, cartelitos de barrios apañados por oficiales menores de la policía y hasta la participación de algunos en la enorme maraña corrupta tejida durante el gobierno de Alemán, narcotráfico incluido. La pregunta que quedaría de todo esto es: Fueron maleados después o ya estaban maleados desde antes?

EL REBOVINAMIENTO IDEOLOGICO DE LA POLICIA

La toma de posesión del comandante Ortega en enero del 2007 significó el revobinamiento ideológico de la institución policial. En esa ocasión, este les recordaba sus orígenes sandinistas y cambiaba las señas para lo que vendría después. No se trataba de moralizarlos o sacarlos del marasmo en el que estaban, sino de arrancárselos de las manos a la “derecha neo liberal, pro imperialista y reaccionaria”. Se trataba de reconvertirlos, no al sandinismo, pues ese ya había sucumbido años atrás, sino al “orteguismo”, la nueva ideología que a paso firme venía construyéndose desde el seno familiar. Aunque siempre manipularon a Sandino para lograr sus fines, hasta que el Héroe desapareció del imaginario policial y se asentó el nuevo Prócer, “El Comandante”. Luego vinieron las dádivas, los premios a los mejor portados, las regalías, la repartición de los activos decomisados al narcotráfico, el inexplicable nivel de gasto y estilo de vida, pero también llegaron las fuerzas de choque, los motorizados, los paramilitares, la complicidad con muchas cosas ilegales y sobre todo, rinda suelta para la represión.

LA DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL

Ortega sabía que para doblegar a la institución había que “dejar hacer y dejar pasar” y en base a esta simple y descarnada filosofía vendría el cobro: la sumisión total. Entonces llegaron a inicios del 2014 las reformas al Código de Organización Militar y a la Ley de la Policía, en donde se coló lo que muy pocos creían y ahora comprenden en carne propia: La Doctrina de Seguridad Nacional. Bajo este soporte ideológico del régimen y de sus estructuras coercitivas, todos los ciudadanos de este país somos sospechosos de conspirar contra la familia Ortega – Murillo mientras no demostremos lo contrario, TODOS, incluso los de sus propias filas. El asesinato de un niño en La Paz Centro en el 2008 fue un hecho aislado, lo que estamos viendo es un modo de actuar cotidiano. Y el gran problema es que parece que les está gustando. Presos asesinados en las celdas, ciudadanos ya reducidos y ejecutados por sus captores, brutalidad policial constante, secuestros en las propias casas al filo de la oscuridad por civiles encapuchados sin identificación, detenciones en vehículos sin placas y por civiles armados sin identificación, “gatillos alegres” que primero disparan y después preguntan. En fin, todo lo que habíamos dicho que vendría para consolidar la dictadura que está enquistada en Nicaragua y que muchos aun, muy condescendientemente, no se atreven a admitir.

CUANDO LAS DISCULPAS NO BASTAN

De acuerdo a los reportes periodísticos, los miembros del operativo criminal que casi exterminan a una familia que regresaba del culto religioso, pretendieron “sembrar” evidencias para justificar el crimen cometido. De no haber sido por la decidida y valiente acción de los vecinos, probablemente estaríamos viendo, en lugar de lágrimas hipócritas, acusaciones en contra de la familia que “trasladaba sustancias que al hacer la prueba de campo dio positivo para cocaína”. Ya lo hemos visto y oído en otras ocasiones.

Para evitarse tanta vergüenza y tener que negarse a admitir su renuncia, que es lo que cabría en un país medianamente decente, la jefa de la policía debería implementar al menos varias acciones, entre ellas: suspender los secuestros por policías de civil, cerrar las cárceles de El Chipote, respetar la vida y la integridad de los prisioneros capturados, cumplir los procedimientos establecidos durante las capturas, suspender las capturas realizadas en vehículos sin placas, presentar a los prisioneros capturados en el término establecido, No Torturar, No Matar, No Mentir, enjuiciar a todos los policías envueltos en abusos en contra de la población civil, despolitizar a la institución limpiando de propaganda orteguista todas las oficinas e instalaciones policiales y finalmente, volver a ser lo que alguna vez fueron, una Policía al servicio del Pueblo. Si no puede hacer eso, entonces sí, renuncie por dignidad.

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