Tan dañino como la Nica Act

Edmundo Jarquín

Por Edmundo Jarquín

Entre los riesgos para la economía nicaragüense de la Nica Act, y cuya responsabilidad radica exclusivamente en las decisiones antidemocráticas del gobierno de Ortega, estaría la afectación negativa al clima de inversión, y particularmente de la inversión extranjera.

Pues bien, el gobierno de Ortega, cuya falta de transparencia es proverbial, ha empezado a incursionar en algo tan dañino para el clima de inversión como la propia Nica Act: alterar, ocultar, no transparentar, cómo se le quiera llamar, las estadísticas económicas y sociales.

La alteración de las estadísticas políticas, desde la falta de transparencia en la cedulación, hasta la expulsión de fiscales y robo de urnas en las elecciones, y los consecuentes fraudes, incluyendo la exclusión de la oposición y limitaciones a la observación electoral, está en la causa de la Nica Act.

Pero hasta ahora, a partir de la estabilidad y seguridad ciudadana (que no son nuevas con Ortega), la continuidad de las políticas macroeconómicas ortodoxas de los gobiernos anteriores, la abundante y juvenil mano de obra barata, el mantenimiento del crecimiento económico y la certificación de los organismos financieros multilaterales, en especial del Fondo Monetario Internacional (FMI), los principales agentes económicos han considerado que hay en Nicaragua un clima de inversión apropiado.

En menos de un mes, el gobierno ha empezado a terminar con ese activo no financiero, pero de tanta importancia: a su secretismo en general ha agregado serias dudas sobre la credibilidad de sus estadísticas económicas y sociales, y ya no solamente las políticas.

Qué a los políticos, y estoy hablando de los demócratas, sandinistas y no sandinistas, y no a los politiqueros, nos importen las estadísticas políticas y su alteración, podría ser cosas “de la clase política”, como despectivamente hablan quienes meten en el mismo saco a los políticos y los politiqueros, pero que se alteren las cifras económicas y sociales son cosas que importan, y mucho, a toda la sociedad, en especial a los agentes económicos nacionales y extranjeros.

Aunque desde hace varios meses y años han estado en discusión las cifras de los estados financieros del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), sobre las que hay muchas preguntas sin respuesta, así como las cifras de energía y de la cooperación venezolana, la postergación de la rutinaria presentación del informe sobre la pobreza que desde el año 2009 ha venido realizado la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG), con la cooperación oficial del gobierno suizo, hizo saltar la alarma sobre el tema.

Obviamente, lo que los nicaragüenses se interrogan es si acaso las cifras del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), el organismo oficial de encuestas, datos y censos, y que sitúan la pobreza en niveles relativamente comparables con Panamá y Costa Rica, hacia dónde los nicaragüenses emigran y por alguna razón será, son o no creíbles. La postergación indefinida de la encuesta de FIDEG, abona en la dirección de la incredulidad de las cifras de INIDE.

Y casi simultáneamente, el Banco Central de Nicaragua (BCN), depositario de la mayor confianza en cuanto a cifras económicas y sociales, en una confusa presentación de su Presidente, en base a una encuesta de INIDE, informó que el 96% de los nicaragüenses están empleados. ¡Cifra de pleno empleo! Desde luego, y a título de pie de página, también se informó que un poco más del 40% están subempleados, es decir algo así como los nicaragüenses llaman a quienes “comen cuando hay”.

Peligroso camino en el cual está incurriendo el gobierno, del cual ya advierten algunos organismos financieros internacionales. Y ni qué decir de la deuda petrolera con Venezuela, la cual podría afectar la estabilidad de los balances fiscales-financieros.

Es el mismo camino de Cristina Fernández de Kichner, de Argentina, que ocultó cifras de pobreza e inflación, y su partido terminó perdiendo las elecciones.

También, el mismo caso de Maduro en Venezuela, que niega la crisis humanitaria y por eso no da elecciones libres.

Y es, desde luego, el caso de Ortega, que por las mismas razones, la experiencia de Cristina que las perdió, y las de Maduro que no las da, no se arriesga ni por asomo a dar elecciones libres. Hasta que las circunstancias lo obliguen. La Nicaragua Linda.

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