Sobre el uso y abuso de la libertad de expresión

justicia_expresiónDurante los últimos días se debate en Costa Rica sobre el tema de la libertad de expresión; acerca del uso responsable que conlleva este derecho, especialmente  cuando se utiliza a través de medios de comunicación convencionales y de redes sociales; sobre de los límites de dicha libertad, cuando lo expresado roza o transgrede el campo de la denuncia e ingresa al sector del rumor,  la calumnia y la difamación.

En una sociedad como la costarricense, donde los hechos históricos post coloniales se conjugaron para consolidar una de las democracias más estables del continente, la libertad de prensa y de expresión son monedas de curso común a través de cualquier medio.

Cierto es que no han faltado intentos de sectores políticos radicales, así como de poderosos sectores económicos de dudoso proceder ético y moral, que han intentado silenciar las voces de denuncia sobre casos de corrupción. Pero en general, la libertad del tico para decir lo que piensa sobre cualquier tema de la vida nacional es irrestricta.

Tan así ha sido, que a raíz de la popularidad que han tenido durante los últimos años los avances tecnológicos, las redes sociales se han convertido en una ventana de divulgación donde, en algunas ocasiones, se hace uso y abuso de la libertad de expresión para lanzar acusaciones sin fundamento en contra de personalidades políticas, religiosas, empresariales y de otros ámbitos de la vida nacional.

En la mayoría de las legislaciones de países democráticos, donde la libertad de prensa y expresión se respetan y son un efectivo recurso para incidir en la toma de decisiones gubernamentales, se reserva un espacio para prevenir, y en su caso sancionar, el uso irresponsable de esta libertad. Es decir, sin bien yo puedo hablar y escribir lo que pienso con plena libertad, también seré responsable de lo que publico y deberé responder ante la justicia cuando mis afirmaciones sean consideradas calumniosas, difamatorias e injuriosas de parte de un tercero.

Lo anterior es procedente de manera independiente de que mis ideas hayan sido publicadas en algún medio de comunicación tradicional o bien, a través de las redes sociales, recurso que con la apertura de la tecnología se ha convertido en la tribuna preferida de muchos para decir lo que les da la gana, sin pensar en límites ni en las consecuencias de sus palabras.

Un político ejerciendo un cargo público está sujeto a críticas, a bromas, a insinuaciones y en fin, a muchas cosas más. Pero con el honor de una persona no se juega. Así lo indica la lógica, el sentido común, la sana convivencia que se acuna en el derecho natural, pero sobre todo la ley.

En nombre de la libertad de expresión y haciendo abuso irresponsable de la misma, especialmente en las redes sociales, cualquier vulgar chisme se convierte en una supuesta noticia para desprestigiar a cualquiera. Ante ello, se impone el límite de la ley y la justicia.

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