¿Se extinguirá la luz?

silvio_avilez_gallo_bloque Silvio Avilez Gallo

El mundo fue conmovido recientemente por una ola de atentados terroristas en algunos países de Europa.  Una célula de psicópatas, que posteriormente fue identificada como perteneciente a yihadistas del Estado Islámico (ISIS), atacó sorpresiva y violentamente en París el local donde se edita el semanario humorístico Charlie Hebdo y al grito de ¡Alá es grande! acribilló y asesinó a caricaturistas que laboraban en la revista.  Al día siguiente, el mismo comando incursionó en un supermercado de alimentos kosher para judíos, donde capturó a varios rehenes. Al tratar de huir del cerco policial, los fugitivos fueron abatidos.  Casi simultáneamente, dos de los atacantes del semanario volvieron a dar otro golpe, pero fueron finalmente eliminados por las fuerzas del orden al tratar de escapar.  En total, unas 15 personas perdieron la vida en estas abominables acciones delictuales.

La opinión pública mundial repudió estos atentados que no tienen justificación alguna, aun cuando los autores de dichos crímenes sostuvieron que lo hacían movidos por su fe islámica. Algunos comentaristas provecharon esta ocasión para descalificar y despotricar contra la religión en general, tildándola de dogmática y fundamentalista, pero la mayoría de los críticos no estuvo de acuerdo con esta generalización.  No se puede echar en un mismo saco a todas las creencias religiosas, ya que mientas el Corán, libro sagrado de los musulmanes, ordena a sus seguidores exterminar a todos los “infieles”          —léase quienes no profesan la fe islámica—, la Biblia de los cristianos se basa en el amor a Dios y al prójimo. Para los cristianos la vida de una persona es sagrada e inviolable y esto incluye a todos los seres humanos, cualesquiera sean sus creencias políticas o religiosas..

Distinto y censurable es el libertinaje con que algunos irrespetan y se mofan de las creencias y opiniones de otros. Tal es el caso concreto de la revista Charlie Hebdo, que se ha caracterizado por la sátira de sus caricaturas, en las que se burlan por igual de moros y cristianos. Ni Mahoma ni el Santo Padre han escapado a su mordaz y vulgar ironía, pero ello en manera alguna justifica la eliminación de sus autores, como argumentan los yihadistas. El verdadero periodismo respeta de manera absoluta las posiciones de todos. Por tal razón, la sátira ofensiva es condenable porque las personas merecen respeto.

Es triste constar el grado de involución de los valores de la sociedad contemporánea, que ha puesto en jaque todos sus estamentos, empezando por la familia, las organizaciones políticas, el concepto de nación y Estado, así como el civismo, el respeto a la libertad de pensamiento, el derecho de libre expresión y toda una serie de conquistas que la comunidad internacional ha venido acumulando a través de siglos. De todos estos valores, el respeto a la libertad en todas sus formas es sin duda lo más importante, ya que constituye el fundamento de la democracia. Benito Juárez, Benemérito de las Américas, condensó magistralmente esta idea al proclamar que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Según relata el Antiguo Testamento de judíos y cristianos, (Gen.1, 3),  lo primero que Dios creó en el universo fue la luz —el categórico “Fiat lux”—. Por su parte, Jesús en el Nuevo Testamento se proclamó luz del mundo  (Jn. 8,12).  Desde entonces, la luz es sinónimo de ilustración, sabiduría, entendimiento, inteligencia y razonamiento. Es decir que el hombre es un ser pensante y no un autómata que actúa por impulsos irracionales. El fanatismo de cualquier signo es inadmisible porque no va con la naturaleza humana y nos aleja de la facultad de razonar, a diferencia de los animales inferiores, en cuyos cerebros predominan los instintos y la irracionalidad.

Tampoco se puede generalizar y estigmatizar a todos musulmanes debido a la conducta reprobable de algunos delincuentes dominados por el fanatismo y el odio, que obnubila toda facultad de razonar, así como no se puede acusar a todos los cristianos de intransigentes por los errores y abusos cometidos en el pasado por algunos exaltados que pretendían actuar en nombre de Dios, que es justamente el argumento utilizado por los yihadistas de ISIS.  Lo grave de estos hechos condenables es que ponen de manifiesto que el llamado “homo sapiens” se aleja paulatinamente de su más noble atributo  —la facultad de pensar y razonar— y se identifica cada vez más con la conducta irracional y brutal de especies inferiores del reino animal.

No deja de ser contradictorio y trágico que al inicio del siglo XXI, en pleno apogeo de los avances espectaculares de la ciencia y la tecnología, se produzca paradójica y simultáneamente un retroceso inexplicable de los procesos mentales del ser humano, que parece desandar el largo camino recurrido desde hace centenares de años.

Si el “Fiat lux” bíblico marcó el inicio de la creación del mundo, debemos asumir que cuando el instinto salvaje es el motor que sustituye el luminoso privilegio de pensar y razonar, el hombre habrá dejado  de existir, al perder todo vestigio de humanidad. El “homo predator” le habrá ganado definitivamente la batalla al “homo sapiens.

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