Rubén Darío en la soledad de Octavio Paz | Nicaragua

El periodista José Antonio Luna de visita en la tumba de Rubén Darío.

El periodista José Antonio Luna de visita en la tumba de Rubén Darío.

Por José Antonio Luna / Periodista 

El poeta Octavio Paz Lozano, nació en la ciudad de México un 31 de marzo de 1914  y murió un 19 de abril de 1998 en la misma ciudad que lo vio nacer.

En 1964 -ya hace medio siglo- Octavio Paz escribió un extenso ensayo  titulado: El Caracol y la Sirena: Rubén Darío. Ensayo vital para la divulgación posterior de la obra de Rubén Darío en México y el mundo.

En ese ensayo, Paz Lozano, además de hacer un análisis exquisito del modernismo y su influencia en el surrealismo de Breton, expresa  su admiración por el poeta, nicaragüense que fue raíz y ápice de ese movimiento literario que finalmente fue la chispa que provocó un incendio literario en América inicialmente y que después se extendió a Europa.

En el comienzo del texto  Octavio Paz hizo esta profunda sentencia: “El lugar de Darío es central, inclusive si se cree, como yo creo, que es el menos actual de los grandes modernistas. No es una influencia viva sino un término de referencia: un punto de partida o de llegada, un límite que hay que alcanzar o traspasar. Ser o no ser como él: de ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”. En la parte final de su ensayo, Paz es más categórico, menos ambiguo y sin dudas expresa un juicio que influenciaría a los nuevas generaciones de poetas.

Reitera el papel central de Darío en el modernismo y posteriores movimientos literarios: Por su edad. Rubén Darío fue el puente entre los iniciadores y la segunda generación modernista; por sus viajes y su actividad general, el enlace entre tantos poetas y grupos dispersos en dos continentes animador y capitán de la batalla, fue también su espectador y su crítico: su conciencia, y la evolución de  su poesía, desde Azul… (1888) hasta Poema del otoño (1910), corresponde a la del movimiento: con el principia y con el acaba.

Pero su obra no termina con el modernismo; lo sobrepasa, va más allá del lenguaje de esta escuela y, en verdad, de toda escuela. Es una creación, de algo que pertenece más a la historia de la poesía que a la de los estilos. Darío no es únicamente el más amplio y rico de los poetas modernistas; es uno de los grandes poetas modernos. Es el origen”.

“La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño o de la meditación. Hay una música ideal como hay una música verbal. No hay escuelas; hay poetas. El verdadero artista comprende de todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas. Toda la gloria y toda la eternidad están en nuestra conciencia. (Darío El canto errante 23)

Ya antes, en 1943,  Octavio Paz había escrito un artículo titulado “el Corazón de la poesía”; texto publicado en Novedades de Distrito Federal y que era un homenaje a Rubén Darío. Por esas “coincidencias” es seguro que Paz Lozano había sido atrapado por el modernismo americanista de Darío desde su juventud; influencia de la que nunca se libró.

El ensayo dedicado a Rubén Darío-El caracol y la Sirena-  aparecería publicado un año después, 1965, en Cuadrivio, libro  compuesto por cuatro ensayos sobre los poetas: Rubén Darío, Ramón López Velarde, Fernando Pessoe y Luis Cernuda.

Cuadrivio es un texto fundamental para comprender el modernismo y su influencia en la poética de las décadas siguientes.

El papel que jugó Darío en el modernismo es ahora el de Octavio Paz en la poética y narrativa Latinoamérica. Porque fue testigo y parte del cambio profundo que causó la segunda guerra mundial en la cultural mundial.

El premio nobel de Literatura 1990 creció cuando la revolución mexicana empezaba a diluirse y  la guerra fratricida ensangrentaba ríos y llanuras y pueblos y ciudades eran pasto de los cañonazos y las llamas destructoras. Y cuando los clarines de la guerra sonaban en Europañ preludio de la gran debacle que se conoció como: La primera guerra mundial -1914-1918.

El escritor de El Mono Gramático, nació dos años antes de la muerte de Rubén Darío.

En 1914 el padre del modernismo inicio  su último periplo por el mundo que lo llevaría a su destino final, Nicaragua, donde moriría  un 6 de febrero de 1916.

Octavio Paz aunque influido por el surrealismo, fue un devoto del modernismo americanista de Rubén Darío. El mexicano tenía como libros de cabeceras las obras de Darío. Libros que atesoraba junto a los de otros autores seguidores del modernismo.

Guadalupe Loaeza en un artículo con motivo de la muerte de Paz titulado: Una semana sin Paz escribió:

Me informé que desde que la biblioteca del autor de El Laberinto de la Soledad  se había prendido en llamas, el 21 de diciembre de 1996, entró en una terrible depresión que poco a poco fue minando su salud, ya que en el incendio había perdido varios volúmenes de Rubén Darío, Manuel Díaz Mirón, Manuel José Othón; pero sobre todo había visto convertirse en cenizas, obras heredadas de su abuelo Irineo.

Otra versión habla de: “Un incendio, al parecer provocado por un corto circuito, en su departamento de la colonia Cuauhtémoc, que consumiría parte de la biblioteca del Nobel de Literatura.

Paz perdió sus libros, “como se van los amigos”, de Rubén Darío, Salvador Díaz Mirón y Manuel José Othón, entre otros, así como cuadros de Juan Soriano, Gunther Garzo y Roberto Matta obsequiados por los propios pintores al amigo poeta. Este incidente mermó su salud y estado de ánimo”.

Octavio Paz era hace medio siglo el autor mexicano más famoso y de prestigio. Era el poeta y ensayista más influyente de su época.

En los años posteriores a la publicación de El Laberinto de la Soledad 1950, Octavio Paz era el poeta más leído de México. “En L’ Express, de París puede verse un largo artículo de Alain Jouffroy sobre el poeta mexicano. Octavio Paz resulta ahora el escritor de México más traducido y comentado en el mundo y acaba de dictar dos cursos de cuatro meses en la Universidad de Cornell en Nueva York, uno sobre poética y otro acerca de la literatura hispanoamericana”.

Cabe destacar esta afirmación de Paz sobre la genialidad de Rubén Darío. “A fines del siglo —dice Octavio Paz— Rubén Darío leía a Verlaine; pero Verlaine, poeta inferior al hispanoamericano, no leía a Darío. En cambio hoy comienza a leernos tanto a los poetas como a los novelistas”. (José Alvarado, Bajo el signo de Octavio Paz, periódico Excélsior, 22 de junio 1966)

Pero si Paz nació en un año trascendental en la historia-alguien diría Karmico-tambien murió en las postrimerías de un acontecimiento que marco el final de la etapa revolucionaria de Latinoamérica.

El poeta, escritor  y ensayista más destacado de México, murió cuando la revolución sandinista  estaba agonizante.  En 1998 el sandinismo enfrentaba su crisis más profunda por la ofensiva contrarrevolucionaria. Y también  un buen numero países y personalidades se habían desencantado del sandinismo. Era evidente la desilusión  y frustración de la intelectualidad mundial por  el alineamiento sandinista con Cuba y la URSS.

La intelectualidad mexicana entre los que estaba Octavio Paz  observaban al sandinista enterrar la anhelada revolución que finalmente se esfumó. Paz soñaba con ver una verdadera revolución triunfante al servicio del pueblo, no de los caudillos. Ya se había desencantado de  la revolución mexicana que se congeló en el tiempo y de la cubana que se estancó cobijándose con la hoz y el martillo. Solo le quedaba la esperanza en la revolución nicaragüense.

Pero también esta revolución lo frustró y de Nicaragua solamente le quedó Rubén Darío.

Enrique Krauze, en un artículo titulado: Las guerras de Paz publicado en El País con motivo del centenario del nacimiento del poeta (centenario celebrado a lo largo del año 2014 en México) define el desencanto de Octavio Paz con la izquierda y su utopía de ver una revolución genuina antes de morir. “Lo acompañé durante 23 años en Vuelta, en esa guerra que no termina. Se sigue librando en las calles de Venezuela y en la conciencia  de quienes creemos en la democracia terrenal y perfectible, no en la Revolución redentora y celestial. Paz cometió la herejía de abandonar esa guerra. Muchos, aun, no se lo perdonan. Muchos, aun, quemarían su efigie. Por eso la conmemoración en ambigua. Por eso Paz nunca encontrara la Paz. Es su destino, y su gloria.”

Aunque Paz Lozano era un poeta autentico, un gran poeta,  su torrente de genial es mejor apreciada en sus ensayos y narraciones. La poesía  cargada de melancolía y soledad, es menos popular que sus ensayos. Definitivamente son sus ensayos los que develan a un pensador profundamente comprometido con la idea de un cambio social inminente  entre los pueblos explotados y vilipendiados de américa latina y el mundo. Su “Laberinto de la Soledad”, es la descripción integral  del mexicano y la mexicanidad. Obra genial, un himno a la verdad, como lo fue para los estadounidenses las Leave of  Grass del “Poet of democracy” Walt Whitman.

Con la aproximación del Centenario Mundial Dariano 2016 para conmemorar  la muerte de Rubén Darío, es imperioso hablar de la devoción y  admiración del Paz por el poeta nicaragüense nacido en el pueblito de Matapa, Matagalpa.

Seguro que  a lo largo de este año, se escribirán   extensos textos sobre la  vida política, la faceta de diplomático, la vida sentimental, y especialmente la poética de Darío.

Es en la poética donde  Rubén, el padre de modernismo, tiene un papel preponderante en la obra de gran autor mexicano. Octavio Paz es un poeta Dariista. Paz antes que novelista era poeta. Antes que  ensayista era poeta. Por eso considero a Octavio Paz  un   poeta dariista.

Entre  los libros de cabeceras de Octavio Paz, estaban  los Cantos de Vida y Esperanza y las Prosas Profanas.

Para información sobre el Centenario Mundial Diariano 2016 de Miami, Florida, entrar a la página: www.movimientomundialdiariano.com

José Antonio Luna:

www.movimientomundialdariano.com

[email protected]

[email protected]

Tampa, Florida, enero 2015

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