Rubén Darío con Oscar Wilde | Nicaragua

Lic. José Antonio Luna

Lic. José Antonio Luna

Por José Antonio Luna / Periodista

Píldoras Darianas

A pocos meses del Centenario Mundial Dariano a celebrarse en Miami, Florida en Febrero de 2016 – Movimiento Mundial Dariano, MMD de Miami.

Uno de los ensayos geniales que dejó Rubén Darío ( Metapa 1867-Leon 1916) para la historia, es el que escribió con motivo de la muerte del novelista, dramaturgo  y poeta irlandés Oscar Wilde ( Dublín, 1854-Paris 1900) quien después de ser juzgado, encarcelado y empobrecido murió en la miseria en Paris durante  la etapa parisina del bardo Nicaragüense.

Relata Darío en su autobiografía que había conocido al autor de  la famosa obra “El retrato de Dorian Gray” en un bar llamado Calisaya, cuando departía con su amigo Guatemalteco Enrique Gómez Carrillo quien era muy amigo del poeta irlandés que había asumido una nueva identidad en Francia para liberarse de la ignominia y el desprecio.

Dice Darío: Carrillo y su amigo Ernesto Lajeunesse me presentaron allí-en el bar- a un caballero un tanto robusto, afeitado, con algo de abacial, muy fino de trato y que hablaba el francés con marcado acento de ultramancha. Era el gran poeta desgraciado Oscar Wilde. Rara vez he encontrado una distinción mayor, una cultura más elegante y una urbanidad más gentil. Hacía poco que había salido de la prisión. Sus viejos amigos que le habían adulado y mimado en tiempo de riqueza y de triunfo, no le hacían caso”. 

En su libro Peregrinaciones-Paris 1901, bajo el título “Purificaciones de la piedad” Darío incluyó su texto que había publicado en diciembre de 1900 meses después de la muerte de Wilde.

Comenzó Darío su magistral reseña evocando un cuento de Tolstoi sobre un perro muerto en la calle… para finalmente entrar en los detalles conmovedores sobre la muerte, y crucifixión del gran Oscar Wilde.

Los siguientes son fragmentos del genial texto de Darío.

“Un hombre acaba de morir, un verdadero grande poeta, que pasó los últimos años de su existencia, cortada de repente, en el dolor, en la afrenta, y que ha querido irse del mundo al estar a las puertas de la miseria. Este hombre, este poeta, dotado de maravillosos dones de arte, ha tenido en su corta vida sobre la tierra los mayores triunfos que un artista pueda desear, y las más horribles desgracias que un espíritu puede resistir. Inglaterra y los Estados Unidos le vieron victorioso, ganando enormes cantidades con sus escritos y piezas teatrales ; la fashion fue suya durante un tiempo ; el renombre y la posición de que hoy disfruta Rudyard Kipling son tan solo comparables a la posición y al renombre que aquél tuvo en todo el english speaking world: las damas llevaban en sus trajes sus colores preferidos, los jóvenes poetas seguían sus prosas y sus versos; la aristocracia se encantaba con su presencia en los más elegantes salones; en Londres salía a dar una conferencia, en un teatro, con un cigarrillo encendido, y eso se encontraba de un gusto supremo; y en París comía en casa de la princesa de Polignac y eran sus amigos Anatole France, Marcel Schwob, y otros admiradores de su literatura…

¡Y luego vino algo peor! La cobardía de sus amigos y colegas, que olvidando toda piedad, se alejaron en absoluto de él, como de un leproso, no le llevaron ningún consuelo a sus negras horas de prisión, de horrible prisión, a donde tan solamente le veían en días excepcionales su mujer, sus hijos y uno o dos compañeros caritativos. ¿En dónde estaban los que le pedían dinero prestado, los que se regodeaban en su yate Clair de lune, los que juraban por él en los días de éxitos y de rentas fabulosas, los que aplaudían sus excentricidades, sus boutades, sus disparates y sus locuras?

Se esfumaron, ante lo que llama Byron —otra víctima— con exceso de expresión: the degraded and hypocritical mass wich leavens the present English generation…

Cuando salió de la prisión, estaba en la mayor pobreza. Desde su condena, las librerías habían quitado de las vitrinas sus volúmenes, y los directores de teatro borraron de sus carteles el nombre del autor de A woman of no importance y de Lady Windermare’s fan. En Francia se conocía The portrait of Dorian Gray, cuya traducción publicó Savine, y Sarah Bernhardt iba a representar la Salomé de cabellos azules. Cuando para aminorar los sufrimientos del castigado, un grupo de artistas y escritores franceses dirigió un memorial a su graciosa majestad, el número de consecuentes estaba ya demasiado restricto. Cuando salió de la prisión y vino a vivir a Francia con un nombre balzaciano —Sébastien Melmoth—, apenas se relacionaba con uno que otro espíritu generoso; —entre los que no le volvieron la espalda, hay que señalar al noble poeta Moréas, a Ernest Lajeneusse. El Mercure publicó una traducción de la maravillosa Balada que escribiera en la cárcel, y en la cual puede adivinarse ya su próxima conversión al catolicismo. Ya en París, no publicó nada; y no se sabe si al morir deja algo inédito. Cuando sus hijos sean mayores de edad, será su principal obligación presentar al mundo dignamente la obra de su padre desgraciado e infamado. Junto a las purificaciones de la muerte están las purificaciones de la Piedad”.

Una de las facetas menos conocidas de Ruben Darío, es la periodista.

Darío fue un genial ensayista y crítico sociopolítico  de sucesos que vivió y divulgó. No se hizo el desentendido de hechos de relevancia aunque la “sociedad” rechazara el personaje. Datos  que actualmente  son detalles de valioso valor histórico porque Wilde ya fue reivindicado y reconocido como uno de los grandes escritores de mundo.

Y así sucedió con su vinculación circunstancial, pero inolvidable, con el gran escritor irlandés del Retrato de Dorian Gray.

Tampa, Florida Octubre 2015.

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