Quienes viven en un entorno feliz son menos propensos a las adicciones | salud y ciencia

El escritor británico Johann Hari considera que todo lo que sabemos de la adicción "es falso", y en realidad debe llamarse no "adicción", sino "apego".

El escritor británico Johann Hari considera que todo lo que sabemos de la adicción “es falso”, y en realidad debe llamarse no “adicción”, sino “apego”. / Imagen de www.taringa.net

Un reciente vídeo de la Sociedad Americana de Química explica que la adicción a las drogas, alcohol o cualquier otro hábito destructivo no es resultado de ningún “defecto personal”, sino consecuencia natural de la química cerebral. Numerosos experimentos han mostrado en repetidas ocasiones que en realidad lo que provoca la adicción es la necesidad de dopamina, químico responsable del “nivel de felicidad” de la persona. De acuerdo con el reciente informe de la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA), en los últimos años el consumo de heroína está aumentando a una tasa alarmante en muchos sectores de la sociedad estadounidense. Según el documento, este ya alcanza el nivel de “epidemia”. Las drogas son procesadas por una parte del cerebro llamada “área tegmental ventral”, comúnmente conocida como el “centro de recompensa”.

Es precisamente aquí donde el cerebro procesa todo lo que hace que una persona se sienta bien y donde se produce la dopamina, el neurotransmisor que causa la sensación de placer, publicó el diario The Washington Post. Esa sustancia no te hace exactamente sentir bien por sí misma, sino que da señales a tu cerebro y resto del cuerpo de que se debe prestar atención a la acción que estás haciendo (tomando drogas o abrazando a un familiar) y asociarla a los buenos sentimientos que produce. Algunas drogas pueden elevar los niveles de dopamina hasta diez veces por encima de lo normal. De esta forma, el cerebro se adapta a la sobrecarga de dopamina mediante la reducción de su número de receptores de la sustancia química, lo que significa que un adicto puede terminar necesitando cada vez más estimulantes para mantener el mismo nivel de aquella.

Por otra parte, el escritor británico Johann Hari recopiló una serie de evidencias de que las personas que “viven en un entorno feliz”, es decir, cuando su cerebro genera las cantidades de dopamina suficiente en su vida diaria, no son tan propensas a desarrollar adicción a las drogas. Hari cita al profesor de psicología de una universidad con sede en Vancouver, Bruce Alexander, quien sostiene que “la adicción es una adaptación” al entorno correspondiente y es parecida a una “jaula”. Hari considera que todo lo que sabemos de la adicción “es falso”, y en realidad debe llamarse no “adicción”, sino “apego”. “Un adicto a la heroína se adhiere a ella porque no ha podido vincularse a otra cosa hasta ese punto. Por tanto, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Es la conexión humana”, explica el escritor. Carta Bodán.

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