¿Por qué el gobierno luce tan nervioso?

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Resulta inusual, y por eso llama la atención, pero últimamente el gobierno de Ortega ha lucido nervioso.

Suelo decir que una de las mayores habilidades del gobierno es cerrar los espacios democráticos, y ser tan autoritario y tan represivo como cualquiera dictadura, pero cuidándose de que ese rasgo no aparezca en el radar de la comunidad internacional. Nicaragua apenas ha sido noticia internacional, salvo por el eventual canal interoceánico.

Ortega ha limitado severamente la libertad de expresión, intimidando y comprando medios, pero se ha cuidado de no sacar una ley restringiendo la libertad de expresión, como ha hecho Correa, en Ecuador, que hasta ha llegado a penalizar la “intencionalidad” de las noticias y opiniones. El gobierno de Venezuela, a su vez, ha visibilizado internacionalmente su hostilidad con los medios de comunicación independientes o críticos, y la represión en las calles han ocupado pantallas y titulares en todas partes.

También Ortega ha reprimido, sin la cobertura internacional de Venezuela. Cierto también que no ha enfrentado una oposición de calles como en ese país.

Pero subsistiendo la anterior razón, ¿cómo explicar las recientes y visibles internacionalmente medidas represivas del régimen?

¿Intolerancia e impulso represivo congénito? Bueno, así se explica la recomendación de expulsión de su cátedra en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), del respetado constitucionalista Gabriel Álvarez. ¿Pero, cómo explicar que haya impedido la entrada al país, para atender la conmemoración del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), de dos juristas del Centro para la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL)? Ya en otras ocasiones el régimen orteguista ha impedido el acceso o expulsado de Nicaragua a otras personas, pero el CEJIL es tan prestigiado, y además las organizaciones y personas defensoras de los derechos humanos están tan articulados en redes internacionales, que no cabe duda que el radar de la atención pública internacional se moverá para captar imágenes y señales de Nicaragua.

¿Cómo explicar, también, que hayan impedido el acceso al país al caricaturista de Charlie Hebdo, el francés Jules Berjeaut? Si hay alguna noticia de envergadura mundial fue la masacre de varios periodistas de esa revista satírica en enero recién pasado, perpetrada por fanáticos musulmanes que en su intolerancia condenaron a muerte a quienes habían caricaturizado a Mahoma. Cierto que Sergio Ramírez, creador y presidente del evento cultural al cual venía el caricaturista francés, y Ernesto Cardenal, en cuyo homenaje por su 90 años de edad se celebraba el evento, y el propio título del evento, “Palabras en Libertad”, enfurecen a la casa presidencial, pero de ahí a perder la compostura internacional que tanto han cuidado, hay mucho trecho, porque sin duda -como ya está ocurriendo- reprimir a un periodista de Charlie Hebdo, moverá hacia Nicaragua el radar internacional.

¿Por qué ese nerviosismo del gobierno?

Una explicación es que sobre el trasfondo de los problemas que más preocupan a los nicaragüenses -empleo, salarios, pobreza- y que permanecen sin solución, los demonios que el gobierno ha desatado, la represión y la corrupción, parecen escapados de todo control. Desde mordidas policiales, alcaldes y alcaldesas sustituidas por denuncias de corrupción, disminución de actividad en mataderos por el contrabando de ganado (que sin complicidad de aduanas y policía sería imposible, pues no se trata de onzas de narcóticos), hasta muertes sin explicación en las cárceles, son algunos de esos demonios sueltos.

El diputado Enrique Sáenz ha desmenuzado el discurso de Ortega con motivo de la inauguración de la planta de “Sukarne”. Resulta que Ortega, después de 8 años de gobierno, “descubre” -en una manifestación de incompetencia o cinismo, o las dos cosas, dice Sáenz- que los principales problemas del país -productividad, financiamiento, pobreza, etc- permanecen intactos.

La conclusión, frente al nerviosismo del gobierno, es que en la medida que los problemas socioeconómicos persisten y se agravan, los defectos políticos del gobierno, que podían pasar inadvertidos en época de vacas gordas, se tornan visibles, y sabe que cualquier chispa pueden desencadenar el fuego, como está ocurriendo en Guatemala.

La Nicaragua Linda

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