Plimelo tibulones, posteliolmente nicalagwenses

Daniel Ortega y Wang Jing.

Daniel Ortega y Wang Jing.

Por Silvio Avilez Gallo

El título en referencia alude al polémico tema del canal interoceánico que presuntamente construirá la empresa china HKND de Wang Jing y que ha desatado una serie de protestas de parte de la ciudadanía, particularmente de los terratenientes que se verían afectados por la onerosa concesión otorgada por el gobierno de Nicaragua, al amparo de la ley aprobada por el Legislativo.

Según declaraciones del comandante Ortega, las protestas de quienes se oponen al megaproyecto (que supuestamente cambiaría el futuro de Nicaragua) no se justifican, puesto que las aguas del Lago Cocibolca de todas formas ya están contaminadas.  Como prueba de ello, el mandatario sostuvo que el tiburón de agua dulce —especie única en el mundo— desapareció hace cuarenta años, a consecuencia de la sobreexplotación por parte de inversionistas chinos (¡otra vez los benditos chinos!), favorecidos por otra concesión, otorgada esta vez por el ex presidente Somoza Debayle.

La sorprendente declaración  de Ortega suscitó de inmediato una avalancha de comentarios de especialistas en temas ambientales, comenzando  nada menos que por el Dr. Jaime Incer Barquero, asesor presidencial y reconocida autoridad en la materia, quien dijo que si bien el tiburón de agua dulce había disminuido considerablemente en el Gran Lago y los ríos que lo conectan con el Mar Caribe, no era cierto que se hubiera extinguido totalmente. Sostuvo el Dr. Incer que la especie en cuestión todavía puede encontrarse en la cuenca del Cocibolca, aunque de un tamaño mucho menor, y que tomará años lograr que se restablezca el equilibrio anteriormente existente.

Otros profesionales, entre ellos la Sra. Ruth Selma Herrera, anterior dirigente de ENACAL, señaló que las aguas del Cocibolca, debidamente tratadas mediante un proceso de descontaminación, abastecen actualmente a ciudades como Juigalpa y otras localidades de Chontales, así como del departamento de Rivas. Otros técnicos hicieron ver que el Lago Cocibolca constituye la mayor reserva de agua potable de Centroamérica, la que se vería irremediablemente comprometida de llevarse a cabo la construcción del canal interoceánico.

A estas críticas se sumó recientemente una resolución de la Asociación para la Conservación Biológica Tropical (Association for Tropical Biology Conservation, ATBC por sus siglas en inglés), que señala las consecuencias sociales y ambientales que el mencionado proyecto tendrá no sólo en Nicaragua y Centroamérica, sino también a escala planetaria.

A todos estos reproches el gobierno, a través de su vocera oficial y otras personas identificadas con el frentismo, ha respondido que se trata de una campaña orquestada por los enemigos de Nicaragua, que por falta de visión y patriotismo se oponen al gran futuro que aguarda a la nación. Sin embargo, la obstinación de las autoridades parece esconder oscuros intereses personales de quienes esperan lucrarse en una nebulosa y perniciosa operación que significará y entrañará, según la opinión de expertos ecologistas y ambientalistas,  justamente la ruina futura y certera de Nicaragua.

En realidad, hay demasiadas cosas turbias en este negocio canalero. Para comenzar, un proyecto de esta envergadura requiere, previo a su aprobación por la Asamblea Nacional, de estudios serios de prefactibilidad y factibilidad respecto de los impactos biológicos, económicos, ambientales, ecológicos y de otra índole. Una vez cumplida esta etapa, debería presentarse el proyecto completo indicando el costo real de la obra, fuentes de financiamiento, garantía de ejecución e indemnización a quienes resultaren perjudicados por el trazado de la ruta o rutas escogidas.  Además, es inconcebible que un megaproyecto de esa magnitud no haya sido sometido a licitación pública, abierta a cualquier inversionista, en que el gobierno adjudica el proyecto a quien presente la mejor oferta. Si este requisito legal se observa en casos de obras mucho menores, con mayor razón tratándose de una inversión que supera —antes de su inicio— la astronómica suma de 40.000 millones de dólares.

Otro punto, que no se puede obviar, es la ignominiosa, vergonzosa e inaceptable violación de la Constitución Política de Nicaragua por parte de los poderes Legislativo y Ejecutivo, al infringir disposiciones constitucionales que establecen perentoriamente que “La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional, son derechos irrenunciables del pueblo (…) Toda injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua (…) atenta contra la vida del pueblo” (Artículo 1). Y eso fue precisamente lo que hizo la Asamblea Nacional  cuando aprobó la Ley 840 o Ley Especial para el Desarrollo de Infraestructura y Transporte Nicaragüense Atingente a El Canal, Zonas de Libre Comercio e Infraestructura Asociadas (publicada en La Gaceta No. 110, de 14 de junio de 2013), en favor de la concesionaria HKND del inversionista Wang Jing. Una ley de tal naturaleza debió al menos someterse a consulta de la ciudadanía por vía de referéndum.

Hace ya más de un año que la Asamblea Nacional aprobó la inconstitucional ley 840 y todavía la concesionaria HKND no ha presentado ningún estudio serio sobre los efectos ambientales, ecológicos y económicos del emprendimiento que se propone llevar a cabo.  Asimismo, varios entendidos en la materia  han expresado fundadas dudas respecto de la viabilidad económica de un nuevo canal interoceánico en territorio centroamericano, considerando que la proximidad del Canal de Panamá —en vías de ampliación y modernización— no justifica incurrir en gastos exponenciales como los que anuncia la empresa concesionaria HKND.  Habida cuenta que la longitud del Canal de Panamá es de 82 km, en comparación con los 278 km de la proyectada vía por Nicaragua, es de suponer que a mayor recorrido y extensión correspondan gastos y tarifas muy superiores para los usuarios.

Todas estas consideraciones hacen pensar que el gran canal por Nicaragua es un fantasioso cuento chino. Pero si en mala hora el proyecto llegara a cuajar, ya se pueden ir preparando los tiburones para su extinción definitiva, ya que posteriormente seguiremos todos los nicaragüenses.

 

Noviembre 2014

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