Pesas y medidas

pesos_y_medidasPor Silvio Avilez Gallo

Hubo un tiempo en que los diferentes países utilizaban sus propios sistemas de pesas y medidas en sus transacciones comerciales tanto internas como internacionales. A ese respecto, Nicaragua heredó inicialmente el sistema utilizado por la Corona española en sus posesiones de ultramar, que coexistía con elementos autóctonos. Al producirse la emancipación política de las posesiones hispánicas en América, se abrieron nuevos mercados en Europa y otros continentes, lo que representó cierta complicación a la hora de utilizar sistemas de medición distintos de aquéllos vigentes en otros países.

Actualmente, la gran mayoría de países desarrollados aplica el sistema métrico decimal de pesas y medidas (o Sistema Internacional de Unidades, SIU) cuya base es el metro, que de manera lógica, coherente y racional establece la equivalencia unitaria entre longitud, peso y capacidad, es decir, entre metro, kilogramo y litro, así como con sus múltiplos y submúltiplos respectivamente.

Sin embargo, en Nicaragua existe una situación sui generis, ya que para calcular el peso se utilizan simultáneamente libra, onza, kilogramo, docena, medio, cuartillo, quince, fanega, arroba, tonelada corta, tonelada larga etc. en tanto que para capacidad se recurre a litro, galón, pinta, botella, cuarta etc. Para  longitud o altura se usan indistintamente kilómetro, milla, legua, metro, pie, codo, pulgada, yarda, vara, cuarta, tercia, manzana etc.

Así como el SIU establece una relación de 1 a 10 y su equivalencia (un litro pesa un kilo, medio litro es igual a 500 gramos, 500 centímetros cúbicos o 500 mililitros, un metro equivale a 100 centímetros, etc.), no existe relación ni equivalencia alguna entre onza, libra, pulgada, pie, yarda, milla terrestre, milla náutica, acre, brazada, etc. Pero dado que este último sistema es el anglosajón, utilizado sobre todo en los Estados Unidos de América y parcialmente en el Reino Unido, es lógico suponer que Nicaragua, que tiene como principal socio comercial al país norteamericano, emplee a la vez el sistema anglosajón y determinadas medidas del SIU. Esta circunstancia no deja de provocar, entre los usuarios, cierta confusión que convendría eliminar de raíz.

A comienzos de la década de 1970, cuando por razones de trabajo me tocó vivir en Costa Rica —donde existía un sistema similar al de Nicaragua—, las autoridades decidieron poner fin a este enredo y adoptaron oficialmente el SIU.

En consideración a que el cambio no podía aplicarse de un día para otro sin provocar un caos, se estableció un período de transición de un año de duración —durante el cual ambos sistemas coexistieron— para que usuarios y comerciantes tuvieran tiempo de modificar instrumentos de medición (cintas, balanzas, inventarios, etiquetas etc.) y acostumbrarse gradualmente al nuevo sistema. Transcurrido el plazo fijado, el SIU comenzó a regir en su totalidad.  Libras, onzas, pies, pulgadas, yardas, galones, docenas, varas etc. pasaron a la historia para siempre. La decisión de Costa Rica fue consecuente con su nivel de desarrollo y el deseo de integrarse a la comunidad  mundial que utiliza el SIU, sistema eminentemente racional y lógico.

El ejemplo de Costa Rica, que se sumó a otros grandes países de la región (México, Brasil, Chile, Perú, Colombia, Uruguay etc.) que aplican el sistema métrico, debe ser imitado por Nicaragua. Las autoridades de gobierno, que afirman que procuran el progreso del país, deben dar los pasos necesarios para que, como lo hizo Costa Rica, el cambio no sea brusco ni traumático y que usuarios y comerciantes —con el valioso concurso de los empresarios agrupados en el COSEP y otras asociaciones gremiales— se familiaricen y acostumbren al nuevo sistema, que sólo beneficios traerá al intercambio comercial de Nicaragua.

Cabe señalar que desde hace algún tiempo, las autoridades tomaron la buena decisión de reemplazar el galón por el litro para el expendio de combustibles, productos lácteos, bebidas y otros rubros conexos, decisión que cabe aplaudir, pero que debe completarse en el resto de rubros, para pasar a la historia como impulsores de la modernidad en Nicaragua. Esta será una verdadera revolución que no engendrará una contrarrevolución, sino que, por el contrario, marcará el tránsito de nuestro país por la senda del desarrollo y el progreso.

Naturalmente, cabe prever la hostilidad de los fabricantes de equipos que serían desechados definitivamente.

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