Periodista sandinista critica celebración del 19 con guaro y marihuana

“Mi padre me enseñó a no ser borrego, y yo quiero que los jóvenes nicaragüenses no lo sean. De nadie, ni en nombre de nadie”. Yico Sánchez.

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En la celebración del 35 aniversario de la revolución sandinista se produjeron escenas de violencia como las de esta imagen. El diputado Everzt Cárcamo, encerrado en un círculo en esta foto, resultó con lesiones. LA PRENSA/ M. ESQUIVEL

Por Henry Briceño

Lamento derramamiento de sangre en el norte del país. Nada bueno indican estas acciones y lo correcto es que haya un mecanismo de entendimiento con todos los sectores inconformes con la actitud del gobierno. No pretendo justificar jamás emboscadas a buses con personas inocentes al drama político que vive mi país, drama reflejado en estas acciones al final de cuentas rechazadas por los que demandamos vivir en paz pero en un marco de respeto mutuo y no tener temor de ir a las calles a demandar, con derecho constitucional, cualquier desvarío del gobierno de turno. Henry Briceño.

No me gustó las borracheras menos el consumo de marihuana en la plaza de la Fe el 19 de julio recién pasado, día en que se conmemora el triunfó de la Revolución Popular Sandinista. Es un insulto a la memoria de los que dieron lo mejor de ellos por un cambio de sistema. Condeno esta actitud inmoral de algunos seudosandinistas que reflejan tal posición con las camisetas multicolor. No me gusta.  Recordemos aquellos primeros 19 de julio que celebrábamos el triunfo, visitábamos la Plaza de la Revolución para encontrarnos con los y las que verdaderamente logramos hacer un cambio en Nicaragua. Bailar, reír, cantar eran las acciones principales, música nuestra, no de rockonola de la Sonora Dinamita que irrumpió de forma grosera el recién pasado 19 de julio en la Plaza.

En los años ochenta se llegaba a la plaza con Santa Devoción, sin guaro menos con marihuana pero con inmensa alegría, alegría revolucionaria, que después de concluido el acto visitáramos “El Nilito” o cualquier otra modesta cantina es propio de nuestra cultura, pero durante el acto de recordación de nuestros hermanitos y hermanitos, no, nada de borracheras, nada de nada que insultara la memoria de los que dieron sus vidas por nosotros. Ojala que el próximo 19 de julio, guarden la rockonola,  vayan sandinistas respetuosos a la plaza a hablar de la revolución, a  recordar a Julio Buitrago, Leonel Rugama, Ricardo Morales, Zeledón, Sandino, a los que aparecían descuartizados en la Cuesta del Plomo como obra “magistral” de la Guardia Somocista, hay mucho de qué hablar en una fiesta de esta naturaleza al margen de un mar de aguardiente y humo que huele mal. Da pena. Mucha pena.

El licor y la violencia “reinaron” en el 35-19

Por Ana Cruz – Diario La Prensa de Nicaragua

La anécdota de la celebración la puso el diputado orteguista Evertz Cárcamo. Queriendo calmar a unos jóvenes, quienes borrachos armaron una trifulca, el parlamentario resultó golpeado y la Policía tuvo que intervenir en su defensa.

El altercado se produjo cuando Rosario Murillo acababa de hablar por primera vez en el acto de celebración del 35 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, y fue muy notoria la riña, pero la fiesta continuó con el discurso del vicepresidente cubano Ramiro Valdés.

La festividad sandinista empezó tarde, a las 6:40 p.m., cuando llegó Murillo y el presidente inconstitucional Daniel Ortega, como ya tiene acostumbrado a los nicaragüenses en sus apariciones públicas.

Cuando Murillo y Ortega aparecieron en escena, inmediatamente se encendieron las luces de una fuente que la Alcaldía de Managua construyó detrás de la tarima principal, exactamente en el lugar donde antes estaba la Concha Acústica, que bajo su administración construyó el ya fallecido exalcalde Herty Lewites. La Concha fue destruida en mayo pasado por los sandinistas, hace apenas dos meses.

La nueva fuente hacía recordar a la fuente musical que construyó el expresidente Arnoldo Alemán en la plaza de la República y que Ortega mandó a destruir en 2007, cuando regresó al poder.

Cuando el presidente inconstitucional Daniel Ortega empezó su discurso ayer, la mayoría de la gente ya había abandonado la plaza. LA PRENSA/ Ó. NAVARRETE

Cuando el presidente inconstitucional Daniel Ortega empezó su discurso ayer, la mayoría de la gente ya había abandonado la plaza. LA PRENSA/ Ó. NAVARRETE

A la hora en que Ortega llegó, los presentes en la celebración, en su mayoría trabajadores del Estado, ya estaban cansados. Temprano abundaban las banderas rojinegras en alto, pero con los brazos rendidos los asistentes ya no tenían muchas ganas de mantener alzadas las banderas.

La Policía poco había hecho por controlar el consumo del licor. Los expendedores no solo estaban en los alrededores de la concentración, sino que dentro de la misma vendían licor en botellas de vidrio.

Eran deprimentes las escenas en total estado de embriaguez de los jóvenes, algunos de ellos claramente menores de 17 años de edad. Algunas muchachas hasta se dejaban manosear por los varones.

Muchos jóvenes también resultaron lastimados cuando se desintegraban las ya tradicionales pirámides humanas.

En realidad, la mayoría de la audiencia estaba desconectada de los discursos y más bien estaban en bailes y otras actividades. Los que estaban de pie, porque también había muchos en el suelo, se encontraban en su mayoría totalmente borrachos.

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