Para Ortega, los nicaragüenses somos clientes en vez de ciudadanos

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Una de las justificaciones más sutiles para explicar la “popularidad” de Ortega, y de paso dar a entender que él efectivamente ha ganado las elecciones es afirmar, con un gran menosprecio, que los nicaragüenses no somos ciudadanos sino clientes. Y como somos clientes, y no ciudadanos, los nicaragüenses nos dejamos cooptar, atraer, encandilar, engatusar, por las regalías del gobierno (láminas de zinc, usura cero, hambre cero, bono solidario, etc). Dicho de otra forma, los nicaragüenses cambiamos nuestra conciencia y opinión, por regalos.

Curiosamente, las mismas encuestas que indican la gran “popularidad” de Ortega, en sus resultados revelan un porcentaje bajísimo de la población que ha sido beneficiada por esas regalías. Pero más allá de esa curiosa contradicción, que por lo demás debería ser explicada, hay un caso reciente que cuestiona seriamente la sesuda explicación de la supuesta mayoría de Ortega en base a que los nicaragüenses son más clientes que ciudadanos: Panamá

Ese país tiene más de 20 años de gran prosperidad prácticamente sin interrupción. Y como la prosperidad se acumula en sus resultados, en los últimos cinco años, durante el gobierno del Presidente Martinelli, el crecimiento económico ha sido en promedio el más alto de América Latina.

En Panamá para todos los efectos prácticos no hay desempleo; el salario real ha crecido significativamente. El 80% de la población (en Nicaragua solamente el 20%) está bajo cobertura del Seguro Social. El programa de obras públicas de los últimos años ha sido vertiginoso (incluyendo una renovación total del sistema de transporte público que involucra el funcionamiento de un Metro). Panamá atrae inmigrantes de Europa y sudamérica, y desde luego de Nicaragua. De nuestro país salen hacia Panamá no solamente pobres, sino también maestros, enfermeras y profesionales, por las grandes oportunidades de este país.

Y si todo lo anterior fuera poco, el gobierno de Martinelli amplió significativamente los programas de transferencias o regalías: la beca universal, el programa que asegura cien dólares para todos los mayores de 70 años que no tengan otro ingreso, y muchos otros más, que superan con creces en términos de cobertura y beneficios los programas de regalías de Ortega en Nicaragua.

Pero la población, igual que en Nicaragua, empezó a percibir en el Presidente Martinelli arranques autoritarios (intentó reformar la constitución para permitir la reelección, entre otras manifestaciones de autoritarismo) que culminaron imponiendo a su esposa como candidata a la Vicepresidencia en la fórmula de su partido para las elecciones que se celebraron a inicios de mayo pasado. Y, además, las denuncias de asignaciones de proyectos y concesiones sin licitación o licitaciones fingidas, así como el amiguismo en nombramientos y otras denuncias de corruptelas. Bastante menos de lo que en Nicaragua hemos visto en términos de autoritarismo y corrupción.

Pero llegaron las elecciones. Y contra todo pronóstico, el candidato presidencial de Martinelli, con la esposa del mismo como candidata a vicepresidenta como lo hemos señalado, perdió estrepitosamente.

¿Es que en los sectores populares panameños hay ciudadanos y en Nicaragua lo que hay son clientes? ¿Es que la clase media panameña es más ciudadana que la clase media nicaragüense? ¿Es que los estudiantes y jóvenes panameños tienen más conciencia que los estudiantes y jóvenes nicaragüenses? ¿Es que los empleados públicos en Panamá son ciudadanos y no en nuestro país?

No. Es que en Panamá, a diferencia de Nicaragua, los votos se cuentan bien.

Más de la mitad de los nicaragüenses, a diferencia de Panamá, después de casi una década de gobierno de Ortega, indican que sus mayores problemas son de empleo, salario, pobreza, y las expectativas de que pueden estar mejor en el futuro se han caído; cada vez más los nicaragüenses emigran. Y todo ello en medio de un vértigo de autoritarismo y corrupción.

Por esa razón, y ninguna otra, es que en Nicaragua no tenemos elecciones democráticas. Si el gobierno de Ortega fuese exitoso, como se alega, no temería a la opinión de los nicaragüenses en los votos. Pero la teme.

Contradicción tras contradicción

En la semana que termina el gobierno, como ya resulta habitual, ha incurrido en contradicciones mayúsculas.

Por un lado, dice que el alza del precio del frijol se debe a acaparadores inescrupulosos. Por otro lado, ha autorizado la importación de veinte mil toneladas de frijol. ¿En qué quedamos, hay acaparamiento o hay escasez? Si hay acaparamiento especulativo, el gobierno está obligado por ley a perseguir esa especulación. ¿Por qué no lo hace? Y si hay escasez, debe asegurar que los frijoles importados no vayan a terminar en manos de acaparadores.

Otra contradicción es, frente a la sequía que sin duda afectará la producción agropecuaria, decir, como Ortega dijo en su reunión con la Cámara Americana Nicaragüense de Comercio (AMCHAM), que se van a incentivar los sistemas de riego. Además que esa no es una solución de corto plazo, mientras que la escasez derivada de la sequía sí lo es, y de que gran parte de las tierras en que siembran los campesinos no son regables, no es factible decir que se aumentará el área de riego mientras no baje la tarifa eléctrica, la más alta de Centroamérica.

En los medios oficialistas se ha propagandizado el cambio significativo que se ha venido dando en la matriz de generación de electricidad, que cada vez más depende menos del petróleo. Ese es un hecho positivo que hemos reconocido en otras ocasiones. Pero mientras ese cambio en la matriz energética no se traduzca en baja de la tarifa eléctrica, difícilmente se darán los cambios en la productividad que tanto necesitamos para no ser tan vulnerables ante fenómenos climáticos.

La Nicaragua Linda

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