Panamá: Una Cumbre de varias caras

La Cumbre ni inauguró una nueva etapa histórica, ni detonó iniciativas poderosas destinadas a materializarse en el futuro.

La Cumbre ni inauguró una nueva etapa histórica, ni detonó iniciativas poderosas destinadas a materializarse en el futuro.

Por Enrique Sáenz / Diputado

Comienzo por afirmar la opinión contraria a quienes sostienen que la VII Cumbre de las Américas es un “evento histórico”. La Cumbre ni inauguró una nueva etapa histórica, ni detonó iniciativas poderosas destinadas a materializarse en el futuro. Aunque sí fue un escenario vistoso para exhibir realidades existentes y procesos en marcha.

Por amplio margen, la noticia que acaparó la atención internacional fue la continuidad del deshielo entre Cuba y Estados Unidos, presentando como actores centrales a Obama y Raúl Castro. Pero las imágenes y los sonidos únicamente colocaron en ojos y oídos de la teleaudiencia a los protagonistas de un proceso iniciado hace meses. Ni comienzo, ni culminación, la Cumbre solo fue un episodio plástico que no cambió nada. Pero sí otorgó a Castro laureles para reingresar al sistema interamericano sin reclamos por derechos humanos o democracia. Un retorno natural si consideramos que sus congéneres del ALBA exhiben tranquilamente su propio expediente de violaciones. Salvo el regreso triunfal de Castro a La Habana, posibilitado por el protagonismo que se le otorgó… ¿Cuál es el cambio?

La siguiente noticia fueron los desplantes trasnochados de Maduro, alentado por el decreto de Obama que declara a Venezuela como amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Frente a semejante amenaza la potencia norteamericana impuso sanciones a 7 funcionarios venezolanos de segundo nivel. Ante los agobios por la crisis política, económica y social venezolana, las sanciones representaron un tanque de oxígeno para Maduro pues le permiten distraer la atención interna e internacional y encontrar un pretexto para sus peroratas patrioteras. Así, presentándose como víctima de una “salvaje agresión imperialista” pudo obtener expresiones de solidaridad latinoamericana, no solo de sus compinches del ALBA.

Sin esa medida es fácil imaginar la presión política y mediática que habría recaído sobre Maduro por los prisioneros políticos y en demanda elecciones libres. Y seguramente la segunda noticia de la Cumbre sería la declaración de los expresidentes latinoamericanos que exigieron acabar con el “silencio complaciente” sobre Venezuela, y su impacto mayor. Pero Maduro también regresó con aires de triunfo a su país… ¿Cuál es el cambio?

En todo caso, lo que sí es una dinámica en curso, es el progresivo desmoronamiento de los regímenes prevalecientes en Cuba y Venezuela. Solo es discutible cuál naufragará primero.

La Cumbre, por otra parte, reflejó las diferencias existentes a nivel interamericano. La falta de consenso sobre una declaración política conjunta es la evidencia más contundente. Mientras, quedaron anuladas por el torbellino mediático las convergencias, tales como el reconocimiento de las desigualdades sociales, como principal problema de la región. Y que una de las vías imperativas para superarla es mejorar la educación. Ciertamente, es una realidad resabida pero es destacable que se reconozca a nivel presidencial.

panama-dosFinalmente, la Cumbre estuvo marcada por la internacionalización de la intolerancia castrista.

¿Cómo se produjo esto?

El nuevo ambiente de las relaciones con Estados Unidos obligó al gobierno de Castro a autorizar la salida de representantes de organizaciones opositoras al régimen, quienes fueron admitidos como participantes en los encuentros de juventud y de sociedad civil, convocados en el marco de la Cumbre. Para contrarrestar esa presencia, el gobierno cubano movilizó casi un centenar de organizaciones partidarias, que asistieron como representantes de la sociedad civil cubana. Inexplicablemente fueron inscritos en una proporción aproximada al 20% del total de participantes. Estaban por todos lados.

La portátil cubana, organizada para cumplir un papel predeterminado, primero intentó impedir por la fuerza el ingreso a la sede del evento de los representantes opositores. Más tarde, al interior de las salas de reunión, intentaron impedir que se realizaran o avanzaran los debates, particularmente en las mesas de gobernabilidad y participación ciudadana. Fracasaron en su intento porque su agresividad tuvo un efecto adverso: aún aquellos representantes latinoamericanos que no tenían posiciones en contra del régimen cubano, terminaron enfrentados a la intolerancia castrista. Así, cultivaron su propio aislamiento y el resto de representaciones pudieron alcanzar acuerdos consensuados, como el de promover la constitución de un mecanismo –un Relator- en la OEA destinado a tutelar la Carta Democrática.

Por último, intentaron bloquear que los acuerdos adoptados se presentaran a los presidentes. A pesar de las agresiones verbales, incluso físicas, tampoco lograron su propósito.

A los lectores les resultará fácil imaginar la conducta castrista. Es la mismísima que hemos padecido con las turbas orteguistas: gritos, ofensas, consignas y después agresión física. Así, mientras en los escenarios presidenciales Castro mostraba un rostro bonachón y condescendiente, adentro sus turbas exhibían intolerancia, agresividad y violencia. ¿Cuáles son las razones de ese doble juego? Ellos lo sabrán. Pero la maniobra no les funcionó.

La participación nicaragüense fue notable y efectiva. Los representantes de la sociedad civil, del MRS y parlamentarios que asistieron trabajaron unidos exponiendo las realidades del país, explicando las amenazas del proyecto del canal e incidiendo en el equilibrio de los contenidos, además, lograron establecerse nexos de solidaridad con organizaciones similares. No está demás decirlo: también se aportó experiencia en cómo enfrentar los embates de turbas. En definitiva, se logró ensanchar la brecha para el trabajo en el campo internacional.

Un logro destacable fue que se adoptó por consenso por los representantes de las organizaciones de la sociedad civil interamericanas, la iniciativa que promovimos de establecer en el marco interamericano un mecanismo que favorezca la aplicación de la carta democrática. Se trata de una iniciativa en beneficio de la democracia en América Latina y cuyos resultados solo pueden expresarse en el mediano plazo.

El mecanismo tiene un nombre extraño, pero es el que se utiliza, se trata de un Relator para la Democracia, que de igual manera que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, cumpla el papel de vigilar, denunciar, investigar y promover acciones ante violaciones a la Carta Democrática.

En el caso de Ortega lo más notorio esta vez no fueron sus desplantes acostumbrados, ni lo que dijo, sino lo que calló: No mencionó una palabra sobre el cuento chino del canal interoceánico. Y así, su presencia pasó desapercibida: no penas. No glorias.

Sin duda, el gran ganador de la Cumbre fue Panamá –gobierno, presidente y país- cuya imagen resultó fortalecida como una sociedad abierta, un espíritu animoso y una economía próspera.

Del blog de Enrique Sáenz

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