Ortega y sus cómplices ocultan verdaderas tasas de desempleo, pobreza y corrupción

pobreza_nicaraguaPor Roberto Escobedo Caicedo

Los alabarderos y epígonos de la dictadura fascista de Ortega Saavedra, entre los cuales se incluyen a muchos capitalistas y grandes empresarios que se han convertido en sus principales operadores políticos ante el Departamento de Estado de los Estados Unidos y los organismos multilaterales de crédito, pregonan constantemente que en la Nicaragua socialista, cristiana y solidaria, cada vez se generan nuevas fuentes de empleo, se reducen los índices de pobreza extrema y generalizada que afecta a la mayor parte de la población de Nicaragua, combatiéndose frontalmente la corrupción bajo todas sus formas y modalidades.

Para quienes no viven en Nicaragua o no les interesa lo que ocurre en el país donde nacieron y pasaron buena parte de su vida, esas estadísticas manipuladas por quienes hacen propia la frase de que en el mundo hay tres tipos de mentiras: “las pequeñas, las grandes y las estadísticas”, carecen de importancia, porque para muchos de ellos se aplica el título del libro que escribió José Román sobre Augusto C. Sandino: “Maldito País”, publicado pocos meses después que el terrorismo internacional -a través de sus agentes en Nicaragua-, los nueve Comandantes de la Robolución Popular Sandinista, se apoderaron del poder en nuestro país, estableciendo una dictadura totalitaria que utilizó el marxismo-leninismo como instrumento legitimador de todos sus robos y crímenes de lesa humanidad.

Hace pocas semanas se publicaron cifras contradictorias sobre la población total de Nicaragua que reside en su territorio. Unas agencias de la dictadura fascista de Ortega Saavedra publicaron que era prácticamente de 6 millones de personas, pero otras dijeron que era apenas de 4.1 millones, es decir, una diferencia de 1.9 millones de habitantes. Esta manipulación de cifras obedece a una maniobra perversa. Inflar el Promedio Interno Bruto por Habitante, que lo estimaron en 1 mil 800 dólares anuales, lo que da 5.26 dólares diarios para alimentación, vestuario, vivienda, etc. Se trata de una cifra irrisoria, siendo lo más lamentable del caso que otros subsisten apenas con uno o dos dólares diarios, estando subalimentados y padeciendo toda clase de enfermedades.

El dictador fascista Ortega Saavedra y los miembros de sus entornos mafiosos saben muy bien que entre más personas se encuentren en los estratos de pobreza extrema y generalizada, dispondrá de una clientela cautiva para las elecciones de autoridades municipales y generales, complementando estos votos con los fraudes que realizan los corruptos magistrados electorales, a la cabeza de los cuales se encuentra el depravado y corrupto protegido del Cardenal Emérito de Nicaragua, Miguel Purificación Obando y Bravo y que no es otro que Roberto Rivas Reyes, a quien la prestigiada Revista Alemana, Der Spiegel (El Espejo), lo definió como “el dulce secreto que guardan celosamente dicho Cardenal Emérito y su sempiterna secretaria y ama de llaves, Josefa Reyes viuda de Rivas”. A todo esto hay que sumar a los muertos que resucitan el día de las elecciones para depositar su voto a favor del secretario general del FSLN y de sus secuaces que corren para diferentes cargos de elección popular.

Aunque parezca mentira, a los dictadores que combinan el fascismo con el populismo, como es el caso de Ortega Saavedra, les conviene mantener a las grandes mayorías del pueblo sumidas en la pobreza y la ignorancia. La ayuda que recibe de Venezuela para supuestas inversiones sociales, destina una parte de ellas para regalar un par de láminas de cinc, una gallina o un chancho de semanas de nacido para implementar la mayor de sus estafas: “El Programa Hambre Cero”.

Un porcentaje importante de la población nicaragüense ha tenido que emigrar, principalmente a Estados Unidos y Costa Rica, porque buscan mejorar su situación económica y la de sus dependientes. Este es otro gran negocio que practican Ortega Saavedra y los que están a cargo de Migración y Extranjería. Disponen de sus propios “coyotes” o “polleros” para internar en territorio estadounidense a quienes les han pagado entre 4 y 6 mil dólares por cabeza. Cuando estos consiguen algún trabajo, aunque sea por la “izquierda”, como dicen los cubanos, mandan dinero a sus familiares que se quedaron en Nicaragua. Las agencias que realizan estas operaciones, tienen como uno de sus principales socios a Ortega Saavedra y las que convierten los dólares en córdobas, pertenecen en su totalidad al secretario general del FSLN. De esta manera, por cada compatriota que consigue trabajo en Estados Unidos, se mantienen unas cuatro personas que son sus familiares en Nicaragua, lo que disminuye el porcentaje de los que buscan trabajo, porque ni siquiera lo intentan porque saben muy bien que no lo hay en el sector público ni en las empresas privadas. Así juegan con las estadísticas de reducción del desempleo generalizado

El monto total de esas remesas familiares se lo suman al Producto Interno Bruto (PIB), inflándolo con ingresos que no se han producido en el país, de tal manera que esa cifra que publicitan los funcionarios del Banco Central de Nicaragua, que el PIB por Habitante es de 1 mil 800 dólares anuales, no corresponde a la realidad. Sólo falta que le sumen los millones de dólares que genera el tráfico, almacenamiento y reexportación de drogas con destino a los Estados Unidos y del que se benefician Ortega Saavedra y sus entornos familiares, políticos y policiaco-militares, para presentar siempre cifras falsas, consideradamente infladas.

Vamos ahora con los programas de reducción de la pobreza. El periodista, Iván Olivares, publicó al respecto un interesando análisis en la Revista “Confidencial”. Menciona que la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global (FIDEG). año con año aumenta el número de pobres en Nicaragua. Según ese mismo organismo, la pobreza general disminuyó dos puntos porcentuales entre el 2009 y el 2012. No obstante, la cantidad de pobres en nuestro desventurado país aumenta de un año al siguiente, porque se incrementa el número de personas en edad de trabajar, pero que no consiguen ningún empleo.

Según dicho periodista, la definición internacional cataloga como “pobres extremos” a los que sobreviven con menos de un dólar por día. Durante las última dictadura de Ortega Saavedra, es poco menos que un espejismo una reducción constante de la pobreza en Nicaragua, porque cuando algunos logran salir de ese círculo vicioso, regresan a la misma situación al poco tiempo, porque las reducciones a que recurre la propaganda oficialista se deben al incremento registrado en las remesas familiares y a la combinación de factores que elevan los precios de los principales productos de exportación, a lo que es menester sumar la cooperación venezolana, la que desgraciadamente es manejada como un negocio privado de la familia gobernante y sus allegados.

En otras palabras, el bienestar de los hogares no se sustenta en el ingreso interno sino en el externo. Los pocos que dejan de ser pobres, según la definición internacional, corren el riesgo de serlo nuevamente si cambian algunas variables exógenas. Según el economista Alejandro Aráuz, no se puede distribuir mejor si no hay crecimiento. A su juicio, muchos economistas analizan el crecimiento desde un contexto general, macroeconómico, sin tener una visión clara de lo sectorial, careciendo de una visión sistémica del crecimiento. Considera también este economista que existe un grave déficit de articulación de políticas en los diferentes niveles, lo que pone al descubierto que se han descuidado o se ocultan aspectos claves de la lucha contra la pobreza, siendo que el “cemento de la lucha contra la pobreza es la institucionalidad, cero corrupción, mayor transparencia, participación decidida de los empresarios privados, mejoramiento y tecnificación del capital humano, etc.” Y todo esto ocurre, pese a que en los últimos años, nuestro país ha disfrutado de altos niveles de cooperación externa y flujos de ingreso de capitales en cantidades nunca antes conocidas.

Según la estadísticas publicadas al respecto, el 52% de la población apta para trabajar se encuentra desempleada y un 76% de los que lo hacen, se encuentran ubicados en el sector informal de la economía. La dictadura fascista de Ortega Saavedra, tiene en altos cargos a incapaces que solamente buscan enriquecerse a expensas de los sufrimientos del puebo nicaragüense, por lo que no conciben que combatir la pobreza implica también combatir la informalidad del mercado laboral.

Finalmente, hay que tener presente que quienes manejan las estadísticas publicadas por el FIDEG, son fanáticos orteguistas que parte del año se mantienen como “durmientes”, siendo reactivados por Ortega Saavedra cuando así conviene a sus intereses. Alejandro Martínez Cuenca, el que figura como Director de ese organismo ad hoc, desempeñó varias carteras ministeriales durante la primera dictadura sandino-orteguista. Conjuntamente con Henry Ruiz, alias “Modesto”, miembro en ese entonces de la Dirección Nacional del FSLN, implementó la Operación “Bertha”, elaborada por los esbirros de la Stassi, policía secreta de Alemania Oriental. Mediante esa operación gangsteril se apropiaron de los depósitos bancarios y cuentas de ahorro de cientos de miles de nicaragüenses. Sería absurdo y contraproducente que los empresarios privados y capitalistas nicaragüenses que fueron despojados de su dinero, gracias al dúo siniestro, Martínez Cuenca/Ruiz, paguen los megasalarios de los que vegetan muy sabrosamente en el FIDEG. Ese dinero sale de la tesorería general del FSLN.

Martínez Cuenca combina sus perversas actividades de falsificar las verdaderas estadísticas de pobreza general, pobreza extrema, reducción de la pobreza y combate a la corrupción, con las de un magnate de la industria del tabaco. Se podrá considerar que ha renegado del orteguismo cuando reconozca que la pobreza general y la pobreza extrema, aumentan anualmente, mientras que la corrupción aumenta exponencialmente.

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