Ortega, tan autoritario como Somoza pero más totalitario | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Ortega y Somoza: otra diferencia

Durante los últimos cuatro lunes, Humberto Belli ha publicado en La Prensa una serie de artículos comparando a las dictaduras de Somoza y Ortega sobre la base de algunos de los rasgos esenciales de ambos regímenes autoritarios.

Pese a su naturaleza periodística, esos artículos resultan una notable clase de historia y análisis político comparado. Y aunque el énfasis ha estado en las coincidencias -a propósito de temas tan relevantes como el intento de perpetuarse en el poder, el enriquecimiento personal, la subordinación de las fuerzas armadas a un proyecto caudillesco, el deterioro institucional, las relaciones con la iglesia y el sector privado, entre otros- en el análisis resultan inevitables matices y valoraciones que perfilan algunas diferencias entre ambos regímenes, lo que sin duda acentúa las coincidencias.

Solamente quisiera, a título de complementar el esfuerzo de Humberto, acentuar una diferencia y una coincidencia que puede tener implicancias en el desenlace del orteguismo que es uno de los propósitos de los artículos comentados: aprender de la historia para anticipar el futuro.

La diferencia: ambos regímenes son autoritarios y, si las circunstancias lo requieren, brutalmente despóticos, pero el orteguismo tiene un perfil totalitario, de una presencia tan extendida en la vida pública y privada que no llegó a alcanzar el somocismo.

Ambos regímenes, por ejemplo, comparten la característica general de subordinación del poder judicial al ejecutivo, pero mientras en el somocismo, igual que en el orteguismo, la subordinación era plena en temas de derechos políticos, el régimen actual invade constantemente campos de la actividad comercial y económica, del derecho de los contratos y de la propiedad, e incluso de ámbitos de la vida privada como el derecho de familia, en los cuales el somocismo solamente incursionó ocasionalmente.

En el somocismo, en el campo de los derechos y obligaciones de propiedad, contratos y transacciones, e incluso en los penales, administrativos y de familia, el poder judicial tenía relativa autonomía y los abogados y litigantes podían tener cierta previsibilidad en cuánto a que se sentenciara conforme a lo establecido en códigos y leyes. En el orteguismo no, y abogados y litigantes saben que sin “apalancamiento político” están, literalmente, perdidos.

Un rasgo diferencial del orteguismo, derivado del control del sistema judicial, y que apunta a una más refinada capacidad de represión y amedrentamiento, es la existencia en los hechos de una política gubernamental de rehenes. Piénsese en el caso de los CENIS, que sigue sin resolverse para intentar tener a “mecate corto” a todos los enjuiciados, y así podríamos mencionar muchos otros procesos judiciales que se eternizan para estirar o apretar el mecate según las necesidades políticas del gobierno.

Pero, anoté, hay una coincidencia: tanto en el somocismo como en el orteguismo, el reclutamiento de empleados para la administración pública ha sido sobre una base partidaria, y no de méritos. Consecuente con la naturaleza del reclutamiento, en ambos regímenes la norma es bajas remuneraciones legales (¿alguien podrá creer que los ministros y altos funcionarios viven como viven, y dónde viven, en base a los ridículos sueldos que aparecen en el presupuesto?) y, a su vez, en paralelo, una amplia red de remuneraciones extralegales, para que los funcionarios tengan más lealtad al caudillo que maneja la red de remuneraciones extralegales que a la ley que establece un bajo sueldo.

En la intersección de ambas características, la diferencia y la coincidencia mencionadas, tenemos el resultado: la impunidad con la cual se abusa, y no solamente con fines políticos, sino de aprovechamiento personal y de dispensar favores, en toda la escala jerárquica del orteguismo, desde su cúpula hasta el último municipio y la última comarca. Y eso los ciudadanos lo ven pues va desde las multas y fallos de tránsito, pasando por las retenciones aduaneras, hasta los litigios de todo tamaño y naturaleza.

Pero, en la misma medida de la extendida impunidad, están los agravios. Y normalmente, por cada ciudadano beneficiado de la impunidad, hay muchos agraviados por sus consecuencias. Esto, como en el somocismo, también anticipa el fin del orteguismo.

La Nicaragua Linda

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2 comentarios

  1. LILYAMNE MENDOZA

    Sería muy importante para la opinión pública nacional e internacional que se hablara sobre las diferencias entre el gobierno del Presidente Somoza y el Presidente inconstitucional Ortega. Las generaciones jóvenes que no comprendemos completamente la historia y que necesitamos saber la verdad de los hechos, tenemos derecho a una explicación clara y sin ambigüedades. Por ejemplo… El Tratado Chamorro Bryan y su Abolición y LA TENTATIVA del Señor Ortega, de negociar nuestra soberanía y transar nuestro territorio NACIONAL a espaldas del pueblo. Las generaciones de hoy tenemos derecho a conocer la historia como realmente es… Una historia válida y verificada. Gracias de Antemano.

  2. Jarquin baila donde se acomoda bien, que es peor que el dictador Ortega, ya que por tipos como el Ortega es dictador…..

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