Ortega se repite con el ego dolido | Nicaragua

ortega_en_el_titanic2Por Héctor Mairena

El 19 de julio, a plaza y calles adyacentes llenas, como no, Ortega habló 53 minutos. Su intervención, que no alcanza a ser discurso, me recordó al diputado somocista Luis Felipe Hidalgo. El susodicho tenía un programa sabatino llamado pomposamente Fórum Político, escenografía con pódium y un letrero enmarcado pomposamente en un par de columnas griegas dibujadas. Hidalgo hablaba de cualquier cosa durante media hora, en una improvisada, exótica y divertida mezcla de temas. No digresiones, desorden total. Pero con un eje: reiterarle su fidelidad al jefe y repetir una y otra vez los descalificativos contra la oposición.

El pasado martes Ortega se refirió -rozó- varios temas y a salto de mata dijo algo del cambio climático, de la -según él- conspiración internacional contra Maduro, de sus paisanos liberteños, de Chávez, de Fidel, de las nuevas misiones a las comandancias, de la fidelidad de su señora esposa y manifestó su dolor porque el sandinismo-¡hace 21 años! -se expresó en el surgimiento de una nueva opción política.

No hay duda que Ortega tiene fijaciones y furia contenida.

Al arrancar la década de los años noventa el fin de la Guerra Fría con la desaparición del Socialismo, la pacificación de Centroamérica y la derrota electoral del FSLN en las elecciones de febrero, se configuró un nuevo contexto para la acción política. Nicaragua había iniciado un complejo período de la guerra a la paz y el camino hacia la profundización de la democracia institucional, con una sociedad políticamente polarizada. El sandinismo, para sobrevivir fiel a sus principios debía aprender de las contundentes lecciones de la historia reciente, debía redefinir su estrategia preservando su identidad sandinista al mismo tiempo de asumir de manera inequívoca su compromiso con la  democracia. Y eso Ortega no quiso o no pudo entenderlo. Y no quiso o no pudo entenderlo, porque su concepción de la política y del poder es –ya era entonces- primitiva y prebendaria. Así, impidió el debate, y recurrieron, sus claques y él mismo, como lo hizo el martes, al descalificativo y a la calumnia, cuando no a la pedrada, el garrote o la amenaza.

El documento Por un Sandinismo que vuelva a las mayorías, hizo públicos en febrero de 1994, los planteamientos que una parte importante de la militancia sandinista había expuesto internamente. Al conocerlo, Ortega tuvo un ataque de furia porque asumió los planteamientos como una crítica contra él (furia que parece perdurar). Y ciertamente lo eran, en la medida que había iniciado la privatización y el desmontaje del frente, en función de sus entonces inconfesables propósitos.

Fue en mayo de 1995 que la fundación del MRS, reveló que de manera definitiva aquel FSLN -el de la mística, el de Sandino, el que procuraba interpretar la realidad para actuar correctamente, el de las mayorías- definitivamente no existía más. Ortega había despojado al FSLN del sandinismo, mudándolo a un proyecto familiar dinástico, en las antípodas de los principios que le habían dado origen.

Pero a 21 años de aquellos hechos, Ortega sigue adolorido. Y en su reducido vocabulario, y a falta de argumentos -porque es autoritario y no presenta ni debate ideas- sigue repitiendo los mismos calificativos de entonces. Con la diferencia que ahora está desnudado en su naturaleza dinástica y dictatorial, aferrado al continuismo en el poder, arropado por los millones de dólares de los que se ha apropiado y con la protección de una cúpula militar y policial cómplice de su proyecto. Él ha tenido un evidente cambio de bando, quienes nos separamos del orteguismo a causa de ello, seguimos fieles a los principios del sandinismo : soberanía, democracia, justicia social.

Ortega no dijo nada nuevo. No habló de los problemas actuales que preocupan a los ciudadanos. No habló del brote de dengue en Jalapa, del desempleo, de la inseguridad en el campo y que es creciente en las ciudades, de la destrucción de Bosawás, de de la carestía de la vida. No. Repitió peroratas y calumnias.

¿A plaza llena? Si. Somoza también llenó la plaza el 1 de mayo del 79, y a voz en cuello su militancia le coreaba “No te vas, te quedás!” Y ya sabemos que pasó pocas semanas después. Y el 21 de febrero de 1990, en el cierre de campaña del FSLN, en la plaza hubo más asistentes que los votos obtenidos cuatro días después.

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