Ortega se ha reservado el derecho de premiar o castigar a las iglesias

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Ortega divide a las Iglesias

El recién pasado 18 de junio, en este periódico nos preguntábamos: ¿A qué apuesta Ortega?

Nos referíamos, entonces, a “un conjunto de decisiones que, aparentemente, van contra la elemental lógica de no abrir, en cualquier competencia o conflicto, varios frentes”. En esos días Ortega había cerrado aún más los espacios democráticos, cancelando la posibilidad que la oposición participara en las elecciones y, recordarán, había expulsado a funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, encarcelado a un joven universitario mexicano, entre otras acciones que motivaban la pregunta, ¿A qué apuesta Ortega?

Decíamos, entonces, que semejantes decisiones, y las que vendrían después, igualmente represivas, no eran errores de Ortega, como algunos creían sino, “decisiones que responden al cálculo de una estrategia que hasta ahora, lo que quizá explica su longevidad en el poder, le ha dado resultados: en su compulsión autoritaria, y además totalitaria, porque pretende controlarlo todo, siempre presiona para avanzar, y cuando las circunstancias le obligan a retroceder, nunca vuelve al punto de partida. Algo habrá avanzado. Siempre, siempre, dos pasos adelante y uno atrás. Pero nunca vuelve al mismo punto”.

En efecto, Ortega tiene una concepción bélica de la política, según la cual los ciudadanos se dividen entre amigos y enemigos. Y se trata de dividir, aplastar, doblegar, excluir, a todos los que no se consideran amigos.

Las reflexiones anteriores vienen al caso por lo que ha venido ocurriendo con el tema de los pastores y misioneros de las diferentes denominaciones evangélicas, y las iglesias en general.

Como se informó, el 12 de agosto el gobierno presentó en una reunión de pastores evangélicos la normativa llamada “Mecanismo para facilitar el ingreso y egreso organizado y seguro a Nicaragua de Iglesias, denominaciones y congregaciones”, para controlar el arribo de pastores, misioneros y fieles extranjeros al país para labores sociales y pastorales.

Esta semana, ante las protestas y reclamos de pastores de diferentes denominaciones, una delegación del gobierno se reunió de nuevo con un grupo de los mismos. De lo que se conoce y se ha informado, el gobierno alivió la normativa, pero, y como hemos advertido de la estrategia de Ortega, no volvió al punto de partida, el ingreso irrestricto de pastores y misioneros, sino que igual, con anticipación, las diferentes denominaciones deberán llenar un formulario, solicitando autorización migratoria, y el gobierno, por tanto, se reserva el derecho de autorizar o no autorizar el ingreso. Es decir, el gobierno se ha reservado el derecho de premiar o castigar a los diferentes pastores e iglesias, en función de la posición que sostengan. Si son amigos y sumisos, visas. Si no lo son, así no tengan en sus prédicas implicancias políticas negativas para el gobierno, prohibición.

La Iglesia Cristiana Evangélica de Nicaragua, según se publicó en La Prensa ayer, ha dado diferentes razones sobre la inconveniencia que la normativa migratoria plantea. Esas razones van desde las jurídicas, que atentan contra la libertad religiosa y violan derechos ciudadanos, hasta las de carácter socio económico, pues como se publicó, “la mayoría de las acciones realizadas en el país por la iglesia evangélica se apoyan de las cooperaciones externas”.

Mientras todos sabemos que las razones jurídicas a este gobierno importan poco, sí le importa y mucho que las acciones de las iglesias dependan de la cooperación externa pues ahí, precisamente, reside la capacidad del gobierno de premiar o castigar. Premio para los sumisos, castigo para los demás.

Pero entre las razones que ha dado la denominación mencionada, hay una, “la labor de la Iglesia Cristiana Evangélica contribuye a la construcción de valores”, que debe haber hecho fruncir el ceño a los funcionarios del gobierno, pues todo depende de qué valores se trate, porque si son los de la justicia evangélica, tienen para el gobierno un potencial subversivo intolerable.

Como se ve, la concepción bélica de Ortega ahora llega a las iglesias, que a sus ojos están divididas entre amigas y enemigas.

La Nicaragua Linda

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