Ortega no pasa del tercio electoral

Por Edmundo Jarquín

En unas elecciones en las cuales el Orteguismo ha controlado todo, el Consejo Supremo Electoral (CSE) ha reconocido que votó aproximadamente el 50% de la población apta para votar. Esa es la primera premisa de nuestro análisis.

Segunda premisa: el Orteguismo, que es diferente al sandinismo, obtuvo casi el 70% de la votación. Y como ese porcentaje se distribuyó a nivel de todas las municipalidades, el Orteguismo ganó en casi el 90% de las alcaldías. Es decir, como en un sistema de partido único.

Tercera premisa: el Orteguismo moviliza siempre a casi todos sus votantes. Voluntariamente, por convicción política-ideológica, o por la fuerza, como ocurre con los empleados públicos o los beneficiarios de algún programa social.

Conclusión: si solamente participó el 50% de la población apta para votar, y el Orteguismo obtuvo el 70% de ese 50%, la conclusión es más que sencilla: 7 por 5, igual a 35. Esa es la votación que obtuvo el Orteguismo, el 35% del padrón electoral, la misma proporción, puntos más puntos menos, que le hizo, por obra y gracia del pacto con Alemán, volver al poder en las elecciones del 2006…si es que entonces ganó en primera vuelta, cuestión más que dudosa. Recordemos que el Consejo Supremo Electoral (CSE) nunca publicó el resultado del 8% de la población que entonces votó, y que era muy superior a la que votó en las elecciones municipales del domingo pasado. Más de 200,000 votos no contados.

Pero, hacia el futuro, no se pueden dejar de destacar algunos elementos básicos, que enumero a continuación.

Primero, la enorme abstención de las recientes elecciones municipales, que repita a la enorme abstención en las presidenciales de 2016, demuestra lo que el Informe Preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) señala de manera inequívoca en el marco de un lenguaje diplomático: la falta de confianza en el sistema electoral. Y eso que en dicho Informe no se señala de manera explícita, aunque se deduzca del contexto, otra de las causas de semejante abstención: la exclusión de importantes sectores de la oposición, que no fueron autorizados para participar en las elecciones.

La violencia postelectoral, que ha dejado un lamentable saldo de siete muertos y muchos más heridos, es consecuencia de esa ausencia de confianza en el sistema electoral, y del recurrente uso de la represión para eliminar las discrepancias y protestas.

Segundo, el CSE volvió a publicar las actas de cada Junta Receptora de Votos (JRV), como no se hacía desde que al Orteguismo lo arrasamos en las elecciones municipales de 2008, en que los opositores concurrimos unidos. Desde entonces Ortega no se arriesgó, y no solamente no publicó las actas de cada JRV, sino que utilizó la violencia para impedir la presencia de fiscales de la verdadera oposición y se robó urnas electorales, e hizo lo que quiso con las sumatorias de votos, como ocurrió en las elecciones de 2011 en que la oposición, unida en torno al candidato Fabio Gadea Mantilla, le planteó un formidable desafío. De esas elecciones, como señalaron las misiones de observación de la OEA y la Unión Europea, es imposible establecer sus verdaderos resultados.

Tercero, para las elecciones presidenciales de 2016, ni siquiera permitió la observación electoral internacional y nacional, y excluyó a toda la oposición. Era obvio que la observación electoral daría, como en 2011, un mínimo de confianza, y Ortega no quería correr el mismo riesgo que en las elecciones de 2011.

Cuarto, que el CSE haya permitido publicar las actas de cada JRV, es resultado de las circunstancias que obligaron a Ortega a permitir la observación de la OEA, pese a que antes había tildado de sinvergüenzas a los observadores electorales.

Quinto, las circunstancias que obligaron a Ortega a aceptar la observación electoral de la OEA, entre ellas la Nica Act, y la recomendación del mencionado Informe Preliminar para una reforma integral del sistema electoral que devuelva la confianza de los nicaragüenses en el mismo, abre una expectativa razonablemente positiva sobre la Misión de Cooperación que la OEA establecería para los próximos tres años, de conformidad con los acuerdos suscritos con la misma por el gobierno orteguista. Veremos, pero habrá que hacer todo lo posible para que así sea.

La Nicaragua Linda

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