Nicaragua necesita una segunda y definitiva reconciliación | opinión política

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

En la homilía del funeral de Antonio Lacayo, uno de los sacerdotes que oficiaban la misa, y su amigo desde hace más de 50 años cuando fue su profesor en el Colegio Centroamérica, dijo que Nicaragua necesitaba una segunda reconciliación.

Se refería a uno de los grandes aportes de Antonio a la historia de Nicaragua.

El escenario de Nicaragua hace 25 años era muy diferente al actual. Para entender el llamado a una segunda reconciliación, y dimensionar mejor el aporte de Antonio, es bueno hacer memoria de la situación en 1990 tomando en consideración, de manera especial, que una gran parte de la población actual de Nicaragua, bastante más de la mitad, entonces tenía menos de 10 años de edad, o no había nacido.

Como ha sido recordado estos días, sería muy difícil explicar los grandes logros del gobierno de la Presidenta Violeta Barrios de Chamorro, sin la capacidad, disciplina, voluntad y visión de Antonio. Él solía hablar, y así lo dejó registrado en su libro “”, de la triple transición del período que se inició con las elecciones de febrero de 1990: transición de la guerra a la paz; transición de un gobierno autoritario a un gobierno democrático, y transición de una economía fuertemente centralizada y con enormes desequilibrios, a una economía de mercado y estabilizada.

De hecho, esa triple transición fue, a su vez, una reconciliación de dimensión histórica de los nicaragüenses. Atrás quedaba, pensábamos, la guerra, las asonadas, las rebeliones, tan recurrentes en nuestra historia, para alcanzar cambios de gobierno; atrás quedaba, pensábamos, la incapacidad histórica de los nicaragüenses para tener estabilidad y convivencia bajo el gobierno de las leyes y no de los hombres fuertes; y atrás quedaba, pensábamos, los recurrentes cambios políticos violentos que echaban a la basura de la historia todo el progreso económico alcanzado.

Esa histórica incapacidad política de los nicaragüenses impidió que a finales del siglo XIX el progreso económico alcanzado se sostuviera, y lo mismo ocurrió a finales del siglo XX con el progreso económico alcanzado bajo el somocismo.

La triple transición de que hablaba Antonio Lacayo, al calor de los grandes desafíos que enfrentaba el gobierno y la sociedad entonces, puede tener una lectura complementaria al calor de los desafíos que ahora estamos enfrentando.

Con mayor perspectiva temporal, podemos ver que en 1990 se inició la construcción, prácticamente por primera vez en nuestra historia, de un Estado de Derecho, con efectiva independencia entre los poderes del Estado, y aplicación de las leyes sin intervenciones arbitrarias del Ejecutivo; por primera vez en nuestra historia, prácticamente también, se instaló un sistema electoral confiable, y que por tanto se tuviese la oportunidad de cambios de gobierno a través de relevos electorales; y también, por primera vez en nuestra historia, se desprivatizó el monopolio de la fuerza. Hasta entonces los nicaragüenses no habíamos tenido monopolio legal de la fuerza, sino monopolio privado, personal o partidario: ejército y policía sandinista; guardia somocista; ejército conservador, ejército liberal….Ese fue el trasfondo institucional y político del crecimiento económico y los niveles de seguridad ciudadana que ahora tenemos.

Es frente a esos desafíos que cobra sentido el llamamiento a una segunda y, ojalá como se dijo en la homilía, definitiva reconciliación. Y es frente a este breve repaso histórico que el perfil de Antonio cobra la relevancia que se merece.

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2 comentarios

  1. con tantos somozistas a la deriva el pais siempre estara en problemas esta jente no mira lo bien que esta saliendo el pais .solo se dedican a dar una mala imajen del pais con sus tontas politequeria.

  2. Debería de incluirse en esa transición el decidido apoyo de Venezuela y especialmente de su Presidente Carlos Andrés Pérez. Tanto que le costó el puesto y hasta prisión, por apoyar económicamente la seguridad de la Presidenta Chamorro.

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