Nicaragua: La proletarización de las profesiones y sus consecuencias

Profesionales nicas buscam empleo / Imagen de La Prensa de Nicaragua

Profesionales nicas buscam empleo / Imagen de La Prensa de Nicaragua

Por Roberto Escobedo Caicedo

Los medios de comunicación social de Nicaragua, tanto los que coadyuvan en la profundización de los mecanismos de dominación de la nueva dictadura fascista impuesta al pueblo nicaragüense por el secretario general del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, como los que simulan hacerle una oposición mediatizada, han estado prestándole un poco de atención a un problema que en algunas sociedades se presenta de manera cíclica y en otras es programado por las dictaduras de turno, sea para provocar sentimientos de frustación entre los jóvenes o para obligar a una parte de la población con educación universitaria a emigrar a otros países.

En 1918, surgieron en la Provincia de Córdoba de la República Argentina, los abanderados de un movimiento que reclamaban reformas profundas en la educación universitaria, las políticas de investigación y en la forma cómo se administraba y gobernaba un centro de educación superior, que según manifestaban hiciera posible librarse en poco tiempo de todos los “inválidos mentales” que tenían en sus manos la dirección de las universidades, siendo su función primordial reproducir en escala cada vez más ampliada los mecanismos de dominación y explotación que caracterizaba a las sociedades latinoamericanas de aquel entonces. Por las repercusiones que tuvo a nivel latinoamericana y hasta mundial, ese movimiento estudiantil se conoció posteriormente como “El Grito de Córdoba”.

La autonomía universitaria; la obligación del Estado de dotar a las universidades nacionales con un porcentaje del respectivo presupuesto general de ingresos y egresos; la elección de las propias autoridades docentes y administrativas por el claustro de catedráticos y representantes estudiantiles en todas las facultades; la inviolabilidad de los recintos universitarios por parte de las fuerzas militares y de orden, etc., son algunas de eas conquistas que surgieron como consecuencia de la amplia repercusión continental que tuvo “El Grito de Córdoba”.

Nicaragua, país inmerso en una prolongada siesta colonial, comenzó a despertar a la realidad con el asesinato del dictador, Anastasio Somoza García, a manos de un conspirador solitario y la masacre realizada por efectivos de la Guardia Nacional de Nicaragua, de estudiantes que marchaban coreando consignas contra el gobierno de turno en julio de 1958. Para apaciguar los ánimos, el régimen de Luis Somoza Debayle, que actuaba como delfín del de su padre, asesinado en el Club de Obreros y Artesanos de León, cuando se preparaba para una nueva farsa reeleccionista, concedió la autonomía universitaria a la Universidad Nacional de Nicaragua, la que tenía por Rector a un ilustre ciudadano, el prestigiado intelectual y hombre de leyes, Mariano Fiallos Gil.

El vacío dejado por tan Magnífico Rector facilitó que grupos de aventureros que procedían como agentes del marxismo internacional, se apoderaran de los órganos de gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), encabezados por el Doctor Carlos Tünnermann Bernheim, el que luego sacaría las uñas cuando fuera Ministro de Educación Pública del Gobierno de Reconstrucción Nacional. A partir del momento de su elección para terminar el período de su antecesor, se hizo luego reelegir las veces que él y sus camaradas consideraron necesario.

Fue entonces cuando decidieron adelantarse al triunfo de la Robolución Popular Sandinista, llevando a cabo uno de los principios fundamentales del marxismo-leninismo, la proletarización de las profesiones, mediante el expediente de convertir las universidades en fábricas de profesionales mediocres, los que transformarían sus frustraciones en cuestionamiento revolucionario del orden vigente en el país, saltándose el camino de una revolución democrático-burguesa para caer de lleno en una de características marxistas-leninistas. Para justificarlo, encargaron la preparación de un Plan de Desarrollo a un Arquitecto de la Universidad de Zulia, Venezuela, de nombre, Alberto Mendoza.

Convirtiendo las universidades en fábricas de profesionales mediocres, la oferta de servicios de personal supuestamente calificado superaría con creces a la demanda de los mismos, los que no encontrarían trabajo en el país, ya que nadie los contrataría por la sencilla razón que no los necesitaban y si procuraban ejercer la profesión libremente, no tendrían ninguna clientela. Cuando algunos catedráticos plantearon esta situación, tanto Tünnermann Bernheim como sus secuaces les contestaron que en tal caso, Nicaragua se convertiría en un país exportador de profesionales.

En la discusión que se planteó al respecto, varios economistas esgrimieron la tesis que tal planteamiento era tanto una canallada como un disparate, porque por un lado equivalía a que un país subdesarrollado como Nicaragua, se encargara de cubrir los costos de la preparación de esos profesionales que luego prestarían sus servicios en países desarrollados, sin ninguna rentabilidad social para quienes aportaban el dinero para el sostenimiento de las universidades. Y era también un disparate, porque evidenciaba el desconocimiento de las regulaciones existentes en otros países para conseguir la respectiva licencia para ejercer una profesión liberal.

Cuando triunfó la Robolución Popular Sandinista y Carlos Tünnermann Bernheim fue nombrado Ministro de Educación Pública, el otrora gran defensor de la autonomía universitaria se convirtió en su principal enemigo, preparando un decreto que fue aprobado por los miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, poniéndole punto final a esa conquista de los mártires universitarios de 1958, convirtiendo la educación universitaria en un apéndice del mencionado Ministerio. Esto permitió llevar a cabo transformaciones curriculares, disminuyendo las exigencias académicas de los cursos de cada pensum universitario, estableciendo como premios la extensión de títulos de graduados universitarios por decretos ejecutivos a los “cachorros de Sandino” que se distinguieron en la lucha contra los efectivos contrarrevolucionarios y a personal destacado del Ministerio del Interior y de la Dirección General de Seguridad del Estado.

Las universidades nicaragüenses se han convertido en fábricas de profesionales mediocres. La cantidad de egresados semestralmente tanto de las universidades nacionales como de las privadas, que son 52, superan con creces la demanda de los servicios profesionles, por lo que no les queda otra solución que desempeñar trabajos mal remunerados que no tienen nada que ver con lo que estudiaron. Esto significa que los impuestos pagados por los contribuyentes y son los que figuran en el Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la República, al destinar el 6% de los mismos al Consejo Nacional de Universidades (CNU), es un verddero despilfarro.

No hay necesidad de “exportar” profesionales, sino que por su propia cuenta y riesgo emigran a otros países, principalmente Estados Unidos, donde por su preparación académica mediocre, desconocimiento del inglés y encontrarse en situación de indocumentados, ni siquiera pueden intentar obtener la respectiva licencia para el ejercicio profesional. El dinero invertido en su preparación no genera ninguna rentabilidad social.

Mientras tanto, cientos de miles de niños se quedan sin ninguna oportunidad de cursar siquiera la educación primaria, porque no hay dinero para construcción de escuelas ni para equiparlas, tampoco para pagar a los profesores. Otro tanto ocurre con la educación técnica, donde faltan miles de técnicos en electricidad, aire acondicionado, mecánica automotriz, plomeros, fontaneros, técnicos en computación, etc. Redistribuyendo equitativamente el 6% que pasa el Estado al Consejo Nacional de Universidades (CNU), podría atenderse adecuadamente la educación primaria y la técnica. La Contraloría General de la República nunca practica auditorías especiales en el CNU, por lo que Telemortero Talavera y sus secuaces se despachan sabroso con los recursos del 6%, a los que es menester agregar el pago de la energía eléctrica, agua potable, servicio de teléfonos, lo que suma varios millones de córdobas anualmente.

Que el Estado y los empresarios privados brinden el primer trabajo a los graduados universitarios, no representa ninguna solución del problema, más bien contribuiría a agravarlo. Debe enfrentarse el problema con energía y decisión. Las universidades nacionales deben clausurar las facultades de derecho, administración de empresas, ingeniería civil, economía. etc., destinando el dinero ahorrado a la educación primaria y la técnica, por cuanto la demanda de graduados en esas disciplinas está muy por debajo de la oferta de los servicios que pueden prestar.

Las locuritas de Ortega Saavedra, amplificadas por la mente sedienta de botín de Telemortero Talavera Siles, Presidente del CNU, haciendo propaganda al proyecto faraónico del Gran Canal Interocéanico y abrir una nueva facultad donde se preparen los profesionales que participarán en su construcción y posterior operación y administración, no es más que otro nuevo disparate para continuar usufructuando el famoso 6% destinado a la educación superior.

La proletarización de las profesiones, tanto en Nicaragua como en otros países, no ha servido más que para la graduación masiva de supuestos especialisstas en diferentes disciplinas, pero que a la hora de enfrentarse con el problema de buscar un trabajo, se encuentran con que los técnicos calificados, esos que el marxismo-leninismo los considera que su único capital es su fuerza de trabajo, se encuentran en mejor situación que ellos para ganarse la vida.

Nada ha ganado Nicaragua con la proletarización de las profesiones, tan sólo producir graduados mediocres que bien pronto caen victimas de la frustración, terminando por masificarse y rendir culto a la personalidad de quienes tan sólo son dignos de repudio, como es el caso de Ortega Saavedra.

Acerca de albaro24

Administrador y editor.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario