Nicaragua: El camino de las balas

Por Sergio Simpson / Periodista

No se ha labrado otro camino que el de las balas. La represión gubernamental nos indica la ruta para romper las cadenas o al menos desatar la furia interna, esperanzados en la libertad disfrutando derechos.

Tristeza, repugnancia, dolor, arrechura, siento observar que las controversias políticas en Nicaragua siguen sustentadas en las armas. Lo demuestra la emboscada a la caravana del FSLN y el proceder de la policía y el ejército buscando culpables.

Violan los derechos humanos unos y otros, en defensa de los derechos sociales; golpes, cárcel, sangre, represión, vivimos porque la justicia no existe para todos y todas, la ley se cumple según los intereses de quien domina el sistema.

Las sublevaciones, a corto o mediano plazo, surgen producto del malestar y la miseria, se nutren día a día con el despertar en un entorno desfavorable, atiborrado de penuria y avasallamiento. En algún momento se repetirá fuerte el ¡Basta Ya!, un grito que se lanza empuñando arma.

Nada justifica la matanza, lo decimos en público, unos y otros, pero los actos evidencian lo contrario en la historia del país: Guerras civiles, dictaduras y revoluciones.

El llamado constante a “tener huevos” (convertido en lema por algunos) es un signo de violencia, bravucón y machista de dominio de uno sobre otro, del más fuerte hacia el débil, exaltado probablemente por quienes no irían a la primera línea de fuego.

Algunos afirman que esta sociedad rebelde ha necesitado de un “Hombre fuerte” en el poder para que la domine, la discipline y la ponga a trabajar en desarrollar el país, pues “los nicas somos haraganes, indisciplinados, valeverguistas”; otros aseguran que ese caudillo es quien protege y conduce hacia el paraíso, justificando su “mano fuerte”; hay quienes adulan al poderoso señor para obtener privilegios.

Es probable que en periodos domine esa concepción, y se la crean los del poder y sus seguidores, sin embargo el desencadenamiento del hastío, cuando no hay cauces cívicos, se convierte en una batalla indetenible en campos y ciudades.

Trastabillamos estupidez tras estupidez. No entendemos razones, las ofensas dominan el escenario, de los gritos protestando pasamos a las manos disparando, el sistema oprime y el oprimido se rebela.

Los gobernantes no dejan, y muy pocas veces han dejado, que las personas expresen sus criterios, emociones, esperanzas, propuestas, y tengan derecho al respeto. Con arrogancia inaudita se presentan quienes llegan a poder; les interesa enriquecerse y mantener a un pueblo como súbdito.

Daniel Ortega y su esposa son incapaces de gobernar democráticamente, se creen divinidades faraónicas, en una Nicaragua del siglo XXI. Ellos deciden, ordenan obediencia y cumplimiento, en un festejo omnipotente demostrando sus millones y el control absoluto del Estado.

Son demagogos. Acaso no lo es enaltecer la “restitución de derechos” como lo repite doña Rosario todos los días, a cada rato, y actuar lo contrario enviando paramilitares y que la policía y el ejército sean parte de la represión política contra los inconformes.

Hablando de paz y reconciliación te mandan a vapulear, robar, capturar, torturar, asesinar; no comprenden o no les importa el malestar con el cual vive el día a día la mayoría de la sociedad nicaragüense con grandes limitantes económicas.

Para mayor desgracia aumentan los precios de productos alimenticios principales, los ingresos pierden poder adquisitivo, el empleo está sujeto a la aprobación del Jefe Político, miedo y descontento observo en los sitios donde transito. A los únicos que veo felices son quienes obtienen ganancias por su filiación danielista o hacen todo por adquirirla.

Estamos mal, muy mal. Es fantasía el informe sobre la seguridad ciudadana, la persona inconforme con el gobierno corre peligro, puede recibir amenazas, golpes, y ser llevado a la celda con sus derechos allanados. No hay respeto.

Ninguna ley se respeta, más bien los porristas se jactan del poder absoluto que ejercen y brindan discursos, en lugares de lujo, sin ruborizarse por lo falaces que son. Se burlan de la inteligencia del nica, dicen una cosa y hacen lo contrario.

¿Ante cual poder del estado recurrís a reclamar tus derechos y tener certeza de que habrá justicia? El pueblo lo sabe: “Si tenés pata ganás un juicio”, también “si tenés dinero para sobornar”; lo cual significa: “la cárcel no es para los ricos por muy corruptos y asesinos que sean”.

En esas circunstancias, con esta historia de insurrecciones, las armas siguen presente como alternativa en un sector de la sociedad nicaragüense, los del poder las usan sin miramientos y los afectados responden. Lástima, tan dura que ha sido la vida para los nicas y no han logrado construir la vía cívica, un Estado de Derecho.

El camino hacia las armas sigue intacto, aunque me desagrada la guerra.

Sergio Simpson
Director
Centro de comunicación y estudios sociales (CESOS)

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