Nicaragua: De iguanas, hambrunas y un Estado fallido

iguana_metalica_de_la_vidaPor Roberto Escobedo Caicedo

Según las Enciclopedias, el fenómeno El Niño lo definen como la Oscilación Sur, ENOS, como un patrón climático recurrente que implica cambios en la temperatura de las aguas en la parte central y oriental del Océano Pacífico tropical. En períodos que van de tres a siete años, las aguas superficiales de una gran franja de ese sector del Océano Pacífico se calientan o enfrían entre 1 Grado Centígrado y 3 Grados Centígrados, en comparación a las temperaturas normales. Este calentamiento oscilante y el patrón de enfriamiento es conocido como el ciclo ENOS (ENSO, por sus siglas en inglés), afectando directamente a la distribución de las precipitaciones en las zonas tropicales. El Niño y La Niña son las fases extremas del ciclo ENOS y entre ellas existe una tercera fase llamada Neutral.

Los centros de estudio de los cambios climáticos detectan con suficiente anticipación si un año se manifestarán los efectos de El Niño y en otros los de La Niña, de manera que los gobiernos disponen del tiempo suficiente para adoptar las medidas que tiendan a paliar los efectos de uno u otro de esos fenómenos, de manera que los habitantes de determinadas zonas de un país con costas en el Océano Pacífico no sufran los efectos extremos de esos cambios climáticos.

El gobierno de Nicaragua, presidido por un dictador fascista, Daniel Ortega Saavedra, lo mismo que los integrantes de sus entornos mafiosos, estaban enterados que en el 2014, Nicaragua estaría sometida a los efectos de El Niño, por lo que era menester tomar las medidas preventivas para que los habitantes del corredor seco y sus semovientes no fueran tomados desprevenidos. Pero tratándose de un dictador que solamente piensa en enriquecerse a expensas de los saqueos de los recursos naturales de nuestro país, apoderarse de las ayudas que manda la comunidad internacional y explotar al máximo todas las etapas del negocio petrolero y sus derivados, ni él ni ninguno de sus funcionarios, dedicados a tiempo completo a rendirle culto a una personalidad desmonetizada, no hicieron nada para que nuestros compatriotas del corredor seco no sufrieran en carne propia todos los efectos negativos del fenómeno de El Niño.

Nuestros compatriotas del corredor seco están padeciendo una hambruna generalizada; sus semovientes mueren por falta de pastos y agua; las enfermedades están afectando seriamente a unos y otros por la carencia de las medicinas adecuadas. Los ríos y las fuentes subterráneas de agua han desaparecido por efecto del despale indiscriminado llevado a cabo por los allegados del secretario general del FSLN y los negocios de ALBA FORESTAL, manejados por los Coroneles y Generales Copas del Ejército Popular Orteguista. Como consecuencia ded lo anterior, los pozos donde antes se surtían de agua potable se han secado. Lo único que espera a estos sufridos compatriotas es un horizonte sin esperanzas de ninguna índole.

Un oscuro funcionario, Gustavo Membreño, posiblemente del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), que se presenta como experto en conservación de suelos, sin duda alguna que hablando conforme instrucciones recibidas del dictador fascista, Ortega Saavedra, brindó recientemente declaraciones inverosímiles a la prensa nacional y extranjera acreditada en nuestro país, donde señala los procedimientos ortodoxos para que los habitantes del corredor seco puedan superar los efectos nocivos de El Niño. Que coman iguanas (Conolophes subcristatus) y siembren una planta conocida como Amaranto, para que se coman los granos que produce, lo mismo que las hojas, las que según dicho farsante tienen un sabor delicioso y son altamente nutritivas.

Este funcionario que habló en nombre de Ortega Saavedra, porque en caso contrario ya hubiera sido despedido de su cargo, pretende ignorar que 46 mil familias que están padeciendo los efectos combinados de una hambruna generalizada, sin recursos hídricos, si se dedicaran a comer únicamente iguanas, terminarían con ellas en menos de una semana y que el Amaranto, una vez sembrado, requiere seis meses para producir los granos que contribuirían a paliar los efectos negativos de El Nño, pero nunca representarían una solución integral a dichos problemas.

Además, las 46 mil familias que representan unos 500 mil habitantes del corredor seco, no tienen entre sus hábitos alimenticios comer los granos del Amaranto y mucho menos comerse sus hojas. ¿Dónde tienen los orteguistas las semillas del Amaranto que sembrarían los habitantes del corredor seco? Parece que a estos habitantes del corredor seco no les han llegado los supuestos e hipotéticos beneficios del programa insignia del sandino-orteguismo, HAMBRE CERO, sino los de tierra arrasada que han dejado las sierras mecánicas, los bulldozers y los camiones del Ejército Popular Orteguista y de ALBA FORESTAL, los que están convirtiendo Nicaragua en un erial.

Todo lo anteriormente expuesto nos lleva a formularnos la siguiente interrognte, ¿es o no Nicaragua, bajo la dictadura fascista de Ortega Saavera, un Estado fallido? En pocas palabras, los que estudian este fenómeno consideran que es un Estado Soberano que ha fallado en la garantía de suministrar a sus ciudadanos los servicios básicos. Para su definición, el centro de estudios Fund for Peace ha propuesto los siguientes parámetros:

1.-Pérdida de control físico del territorio o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.

2.-Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.

3.-Incapacidad para suministrr los servicios básicos.

4.-Incapacidad para interactuar con otros Estados como miembro pleno y responsable de la comunidad internacional.

En términos generales, un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político y económico, presentando altos niveles de corrupción y criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica. A lo anterior hay que agregar altas tasas de criminalidad, corrupción extrema, extenso mercado informal, una burocracia impenetrable que solamente responde a las directrices del dictador de turno, la ineficacia del poder judicial y a la gran influencia ejercida por el estamento militar en la vida institucional de la nación.

El gobierno del dictador fascista, Ortega Saavedra, ejerce un férreo control del territorio nacional mediante el terror generalizado, el empleo de “orejas” o informantes de los aparatos represivos, las torturas a los que detienen para que denuncien a los sospechosos de no simpatizar con el sandino-orteguismo, no ejerciendo en ningún caso el uso legítimo de las fuerzas militares y de policía.

Siendo el régimen fascista de Ortega Saavedra el producto de un fraude electoral y sistemátias violaciones de la Carta Magna, no hay autoridad legítima en la toma de decisiones, sino la imposición “manu militari” de sus excentricidades políticas.

El régimen fascista de Ortega Saavedra exhibe la incapacidad congénita de suministrar los servicios básicos al pueblo nicaragüense. Las poblaciones campesinas y barrios marginados de las cabeceras departamentales no tienen servicios de agua potable ni de energía eléctrica. Faltan los transportes públicos.

El régimen fascista de Ortega Saavedra solamente puede interactuar con otros que profesen las mismas ideas políticas, siendo eslabón fundamental del grupo de países que operan como satélites de la República Bolivariana de Venezuela a través del grupo conocido como ALBA, bloque de países promotores del terrorismo internacional.

Las cifras de criminalidad existentes en Nicaragua son maquilladas por la Directora de Facto de la Policía Orteguista, la Primera Comisionada Mayor, Aminta Granera (“La Novicia Voladora”), la que oculta las verdadera cifras de los delitos que se cometen a diario en Nicaragua, muchos de ellos por los mismos agentes del orden, los que operan con plena impunidad. De esta manera presentan con el mayor descaro que Nicaragua es uno de los países más seguros del mundo.

Nicaragua, bajo la dictadura fascista de Ortega Saavedra, se ha convertido en un eslabón fundamental de la cadena de las drogas producidas en Colombia y Venezuela. El territorio nicaragüense sirve como zona de almacenamiento y de tránsito de esas drogas que son entregadas a los cárteles mexicanos, los que las introducen a territorio norteamericano. Esto genera pingües utilidades al propio Ortega Saavedra y a los altos mandos del Ejército Popular Orteguista y de la Policía Orteguista. La población dedicada a lo interno de Nicaragua al narcomenudeo ha crecido en flecha, negocio que es dejado en manos de los cuadros intermedios de los pretorianos del sandino-orteguismo.

El Poder Judicial de Nicaragua está corrompido hasta la médula. Jueces y magistrados orteguistas negocian los fallos de los juicios que se tramitan en sus respectivas jurisdicciones. También participan de los beneficios del tráfico de drogas, porque cuando capturan a elementos pertenecientes a bandas rivales de las que trabajan con los grupos mafiosos del sandino-orteguismo, el dinero y vehículos incautados quedan en sus manos. Sobre los narcotraficantes cae todo el peso de la ley, pero luego mediante “mordidas” adecuadas, en las apelaciones les reducen las penas y hasta les permiten fugarse. Mientras tanto, la droga incautada queda en manos de efectivos de la Policía Orteguista, la que la vende entre los adictos locales en operaciones de narcomenudeo.

Si en Nicaragua se hiciera una encuesta para determinar el porcentaje de la población que desea emigrar a otros países, se estima que quienes desean hacerlo anda por el orden de un 75%. Esto significa que aún sin saberlo, consideran que el Estado nicaragüense es un Estado fallido en manos de Ortega Saavedra y sus entornos mafiosos de familiares, políticos, altos jefes de la policía y del ejército.

No cabe, pues, la menor duda, que las hambrunas que hoy padecen los habitantes del corredor seco, los que ni siquiera disponen para su consumo del agua necesaria, además de los efectos perjudiciales del fenómeno climático de El Niño, se han magnificado porque Ortega Saavedra ha convertido a Nicaragua en un Estado fallido.

Como de costumbre, siempre que se presentan los fenómenos naturales adversos, Ortega Saavedra solicita desesperadamente la ayuda solidaria de la comunidad internacional, principalmente de los países llamados imperialistas, aunque ahora los que exhiben mejor esas características son la China Continental y la Rusia de Putin, sucesores de la China Comunista y del viejo imperialismo zarista y de los soviéticos.

Queda descartado que esos países que Ortega Saavedra califica de imperialistas, no enviarán iguanas ni amarantos, sino granos básicos que forman parte de la dieta diaria de los nicaragüenses, alimentos nutritivos y medicinas.

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