MRS: Frente a la muerte de tres personas una disculpa no es suficiente | Nicaragua

Efectivos encapuchados del departamento antidrogas de la Policía Nacional de Nicaragua.

Efectivos encapuchados del departamento antidrogas de la Policía Nacional de Nicaragua.

Recibimos y publicamos el siguiente comunicado de prensa del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), sobre el asesinato de tres civiles, ocurrido anoche en Managua y ejecutado por efectivos de la Policía Nacional de Nicaragua:

Comunicado

Los nicaragüenses nos encontramos profundamente conmovidos por la muerte de la joven Katherine Domínguez, de 22 años, Efraín Ramírez, de 11 y una niña,  todos pertenecientes a la familia Reyes Delgadillo como consecuencia del ataque realizado por un destacamento antidrogas, con efectivos encapuchados, de la Policía Nacional que les disparó, en el sector de Las Jagüitas, en Managua.  Otros  miembros de la familia se encuentran en grave condición en un hospital de la capital.  A ellos van nuestros votos para que sobrevivan a sus heridas, nuestras condolencias y solidaridad.

Desde hace tiempo, la Policía Nacional ha venido evolucionando para peor, pasando de ser una institución profesional, confiable, a una fuerza cuya actuación es violatoria de los derechos humanos y está determinada por el interés político de la familia en el poder.

Las denuncias contra el abuso policial son cada vez más frecuentes y generalizadas.  En las semanas recién pasadas conocimos la denuncia por la “muerte súbita” dentro de las celdas policiales en Somoto, de Harold Francisco Flores Balladares, de 27 años. Su familia afirmó que presentaba desprendimiento del hígado y lesiones en varias partes del cuerpo. Otros presos han dicho que fue pateado y golpeado por policías.  En Sébaco, la madre del joven Donald Gabriel Salgado Palacios, denunció que su hijo fue muerto por un disparo a quemarropa realizado por un oficial policial que ya lo había capturado.  No hace mucho una joven denunció haber sido violada por un oficial en una celda de un distrito de Managua.

El miércoles 8 la Policía capturó, detuvo y golpeó con violencia a diputados y manifestantes que expresaban su protesta por elecciones limpias y honestas. La golpiza, robo de pertenencias y destrucción de sus equipos alcanzó a varios periodistas que cubrían la actividad.  En semana santa, miles de nicaragüenses pudimos ver como el empresario Milton Arcia fue vapuleado por la Policía para ocupar su propiedad.  En diciembre del año pasado, fuerzas policiales detuvieron, golpearon, asaltaron y torturaron a líderes y manifestantes campesinos que protestaban contra el proyecto de construcción de un canal interoceánico. Y hace ya dos años, jóvenes del movimiento OcupaINSS que respaldaban la demanda de las personas de la tercera edad por su pensión reducida, fueron atacados, asaltados, golpeados y robados por fuerzas orteguistas en combinación y coordinación con fuerzas y oficiales policiales.  Aún esperan que se inicie la investigación.

El informe anual del CENIDH 2014, abunda en denuncias sobre abusos y desmanes policiales que han llevado a la muerte a personas o han causado daños graves en su integridad física y psicológica y, en sus propiedades.  La Policía se ha convertido en una amenaza más a nuestra seguridad.

La Policía Nacional atraviesa un profundo proceso de descomposición que está tras los abusos y muertes denunciadas.  La ausencia de investigación de los abusos, la impunidad y la falta de justicia en cada caso señalado ha dado un mensaje a cada policía de que puede utilizar la fuerza según convenga para fines particulares o políticos.  De estos extremos alertamos cuando se produjo la reforma a la legislación policial para convertir a la institución en un instrumento de la familia en el poder. En el gobierno de Ortega recae plenamente la responsabilidad de haber llevado por este camino a la Policía Nacional.

El MRS condena el asesinato cometido la noche de ayer contra miembros de la familia Reyes.  Demandamos una investigación exhaustiva, un juicio ejemplar, una verdadera sanción en este como en los otros casos denunciados en los últimos años. Nada les devolverá a sus seres queridos a las familias afectadas, pero se puede evitar el sufrimiento de otras.

Consideramos indispensable una reforma profunda a la institución policial para que deje de ser una policía política, una fuerza que actúa sin ley y pueda convertirse en una institución profesional que nos proporcione seguridad por igual a todos los nicaragüenses, sin distinción.

Es lo que cada nicaragüense está diciendo: no es suficiente una disculpa o una condolencia de la jefa “de facto” de la Policía, ni siquiera la restricción de los hechores, su baja deshonrosa, ni un juicio, o una sanción de la que pronto se libran los acusados.

La Policía Nacional debe cambiar para cumplir con el mandato constitucional de protegernos.

Managua 12 de julio de 2015.

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Un comentario

  1. Iv[an García Marenco

    Algo está mal en la selección o en la educación de los policías en Nicaragua. No sólo porque se les inculca (a juzgar por el modo como actúan) la devoción a la persona del Presidente como su incuestionable jefe, igual que si fuera un monarca absoluto ante quien juran el cumplimiento de su deber, y no sólo un funcionario puesto en ese lugar por los ciudadanos, sino porque no saben controlar sus emociones cuando tienen que actuar para imponer el orden, amén de que creen que no deben actuar contra los simpatizantes del Presidente cuando estos actúan violentamente contra quienes protestan en las calles. Cuando actúan, supuestamente para cortar la violencia, es innegable que se dejan llevar por la pasión, la ira, el desquite, la venganza y no pueden evitar golpear, patear, bastonear, herir a los que tratan de reprimir e incluso cuando ya los tienen tendidos en el suelo e inermes, y lanzarlos violentamente “como sacos de papa” a las tinas de sus camionetas (y saben Dios cómo esos ciudadanos son tratados cuando están arrestados en las cárceles de la Policía). El Policía que en 1989 ordenó a sus subordinados que “dejaran que verguearan a eso imbéciles” (de la Coordinadora Civil) nunca ha sido cuestionado por las autoridades policiales ni el sistema judicial por su forma de proceder ni las quejas contra el actuar pasivo de la Policía en esa ocasión ha sido juzgado tampoco por la Policía.

    Si la tendencia que ahora muestran los agentes de Policía, especialmente los del cuerpo Antimotines, no es obligada a cambiar, y si los miembros ya habituados a actuar sin control racional de su conducta no son retirados y los sistemas de selección no son cambiados, la Policía se convertirá en un inhumano agente politizado de la represión ante el cual los ciudadanos inocentes no tengan ninguna defensa.

    ¿Es política del gobierno que los policías actúen como lo están haciendo? El pueblo nicaragüense, con la experiencia de que una conducta similar de la GN en los años anteriores a la Revolución sólo pudo ser cambiada por una insurrección popular, no es pueblo dispuesto a aguantar esta situación si el Gobierno no da muestras de quererla cambiar. Su paciencia tiene un límite que no sabemos cuándo llegará.

    Iván García Marenco

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