Modelo económico de Ortega está basado en bajos salarios

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Ha sido demostrado por arriba, por abajo, por todos los lados, que la tarifa eléctrica -la más alta de Centroamérica- puede bajarse de manera sustancial. Además han sido dadas muchas y muy sustentadas razones de la conveniencia nacional para que la tarifa baje. Desde razones de economía familiar hasta razones macroeconómicas, incluidas las enormes ventajas para la competitividad de las empresas y de la economía. Además de profesionales de la economía, dirigentes del sector empresarial han argumentado a favor de una menor tarifa eléctrica. Sencillamente, si la tarifa eléctrica baja, todos ganamos. Entonces la pregunta del millón es por qué no baja.

La razón que salta a la vista es que la afirmación “todos ganamos” no es correcta. Como ya ha sido reiteradamente señalado, en la confusión de intereses entre Ortega gobernante y Ortega empresario, lo que “convendría” al Ortega gobernante no le conviene al Ortega empresario que tiene presencia en la importación de petróleo, en la distribución del mismo, en la generación de energía, en la distribución de la misma, y en la fijación del precio de toda la cadena de valor asociada al petróleo y la energía eléctrica.

Pero hay algo más de fondo: el modelo económico de nuestro país, que Ortega no solamente no ha hecho absolutamente nada para cambiarlo, y, por el contrario, lo ha reforzado, descansa esencialmente en mano de obra barata. La base de nuestra competitividad -además de recursos naturales de uso extensivo- es el hecho innegable de que los sueldos y salarios reales se han deteriorado durante los ocho años de gobierno de Ortega.

Entonces, la inmensa mayoría de la población de nuestro país pierde por partida doble con los altos precios de la energía eléctrica. Gasta más por ese concepto, en detrimento de otros bienes que podría consumir si la tarifa bajara, y a la vez se le condena a sueldos y salarios bajos porque el modelo lo necesita.

Si los empresarios, de cualquier tamaño, tuviesen menor tarifa de energía eléctrica, además de que la inversión aumentaría porque serían más competitivos, y se generarían más empleos, podrían a la vez pagar mejores salarios. Pero estaríamos hablando de otro modelo económico, uno que compatibilice economía de mercado competitiva con bienestar de la población.

Un modelo económico, desde luego, no se cambia de la noche a la mañana. Pero cabe preguntarnos: ¿qué ha hecho el gobierno de Ortega, que casi tiene una década, para poner en marcha un proceso de cambio en el modelo económico? Nada, absolutamente nada.

Para empezar, y a propósito que se ha iniciado un nuevo año escolar, la educación. Tenemos ahora más cobertura del sistema educativo que hace cincuenta años. Y utilizo esta dimensión temporal porque la ampliación de la cobertura del sistema educativo empezó hace más de medio siglo. En otras ocasiones he comentado que cuando terminé la educación primaria, en 1960, en mi departamento, Nueva Segovia, solamente había primaria completa en la cabecera, Ocotal, pero en ninguno de sus otros municipios. Cuando cinco años después terminé la educación secundaria, en el Pacífico, obviamente pues no había opciones de educación secundaria en Nueva Segovia, ya había primaria completa en todos los municipios y educación secundaria en el Ocotal. Pero, ¿ha mejorado la calidad de la educación, que es el fundamento de la productividad del trabajo, y por tanto de mejores salarios? Las pocas evaluaciones que existen no permiten, desafortunadamente, contestar afirmativamente esa pregunta.

En otra reforma tributaria más, que son tantas y tan frecuentes que ya casi provocan mareo, y como se ha comentado periodísticamente, se ha eliminado la progresiva disminución del impuesto sobre la renta para los sueldos y salarios de quienes ganan más de cien mil córdobas al año, es decir, un poco más de ocho mil córdobas mensuales, poco más de 300 dólares. Eso significa una reducción nominal de sueldos y salarios, y ya no digamos disminución real porque la inflación de los alimentos pasó el último año del 10%. Los voceros orteguistas en la Asamblea Nacional han dicho que esta reforma se justifica por las circunstancias económicas, pero en verdad es, sencillamente, la oficialización de un modelo económico cuya competitividad descansa casi exclusivamente en el malestar económico de las familias.

¿Cuánto tiempo falta para que el malestar económico de las familias se traduzca en malestar político? Nadie puede saberlo, pero con las sorpresas que da la vida, y los cambios que vemos en otras partes y nadie era capaz de anticiparlos, el afán de eternidad de Ortega puede resultar más vanidoso de lo que parece.

La Nicaragua Linda

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