Managua se queda donde está

Vista de la ciudad de Managua / Imagen de www.viajeros.com

Vista de la ciudad de Managua / Imagen de www.viajeros.com

La ciudad de Managua, capital de Nicaragua desde 1852, se halla situada en una zona de alta sismicidad que en menos de cien años ha provocado dos veces su destrucción casi total. El 31 de marzo de 1931, cuando la ciudad contaba con unos 60 mil habitantes, un terremoto de 5,8 grados en la escala de Richter causó el derrumbe de prácticamente todos los edificios y viviendas, causando la muerte de varios centenares de personas.  Como aconteció en semana santa (era un martes santo) y en pleno día, el número de bajas no fue tan elevado, ya que muchos habían dejado la capital para ir a otras ciudades y  lugares de veraneo.  El antiguo Palacio Nacional se desplomó completamente, así como otros edificios emblemáticos de la provincial Managua. La Catedral de Santiago se hallaba en construcción y no sufrió mayores daños.

No obstante que la magnitud del sismo no fue tan grande, la devastación causada fue enorme debido a la mala calidad de los materiales de construcción de las edificaciones, ya que la mayoría eran de taquezal (mezcla de barro, madera y ripios de piedras y tejas) que no resistió la violenta sacudida. No obstante la casi total destrucción, la ciudad se reconstruyó en el mismo lugar.

El 23 de diciembre de 1972, en vísperas de Navidad, otro violento sismo de 6,2 grados en la escala de Richter provocó severos daños a la capital y causó el derrumbe de la zona central de Managua y más de 10 mil víctimas. A los daños del terremoto se sumó la devastación de un voraz incendio. El número elevado de víctimas se explica porque para entonces la ciudad contaba con más de medio millón de habitantes y por el hecho que la tragedia tuvo lugar a las 12:30 horas de la madrugada, cuando la mayoría de sus habitantes se hallaba descansando. Esta vez, el centro de Managua fue declarado inhabitable y la ciudad creció desordenadamente hacia la periferia.

Con motivo de la reciente ola de sismos que se han sucedido desde el pasado 10 de abril, con intensidades de 6,2 hasta 6,7 grados Richter, se habla nuevamente de mover la capital hacia un lugar más seguro. Pero a estas alturas, resulta imposible desplazar a una población que supera el millón y medio de habitantes, sin contar con que no se puede abandonar toda la costosa infraestructura que se ha desarrollado en los últimos cuarenta años.

Quienes abogan por el traslado de la capital no tienen en cuenta que el más fuerte de los sismos del último enjambre fue superior al terremoto de 1972 y sin embargo no provocó víctimas fatales, ya que las dos únicas muertes hasta ahora reportadas no se debieron a derrumbes sino a dolencias cardiacas. Las edificaciones públicas y privadas resistieron las sacudidas con algunos daños.

En todo caso, la idea del traslado debió haberse implementado en 1931, cuando la ciudad contaba con escasa población y casi ninguna infraestructura importante. Tampoco se aprovechó la tragedia de 1972, que dejó en claro que los edificios y viviendas que colapsaron fueron producto de mala o defectuosa construcción. Baste citar como ejemplo que en la intersección de la antigua Avenida Roosevelt y la 4ª calle sur —donde en un tiempo se alzó la Dirección General de Sanidad— se hallaban los dos edificios más elevados de Managua: el Banco Central de 15 pisos y el Banco de América con 17.  Mientras este último quedó prácticamente intacto y sigue en pie, el Banco Central sufrió graves daños estructurales que ameritaron la demolición de sus dos terceras partes.

El rascacielos que ahora alberga oficinas de la Asamblea Nacional fue construido por la iniciativa privada con buen diseño, utilizando técnicas y materiales apropiados, lo que le permitió superar con éxito la tremenda sacudida telúrica en 1972.  En cambio, el edificio del antiguo Banco Central no resistió el sismo, debido seguramente a fallas en su diseño y a la utilización de materiales defectuosos o inadecuados. Tratándose de bienes estatales, tampoco puede descartarse la posibilidad de que la corrupción haya metido su mano pachona, aunque esta plaga no es exclusiva del Estado.

Países como el Japón, México, Chile, Perú, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Haití, Corea, China, Indonesia, Filipinas y muchos otros han padecido periódicamente la destrucción de sus ciudades por causa de sismos y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido proponer el traslado de las capitales o ciudades a otros sitios más seguros. Lo que sí han hecho es elaborar y aplicar rigurosamente estrictos códigos antisísmicos de construcción que han impedido que terremotos de mucho mayor intensidad causen daños catastróficos.

En un lapso de 25 años la ciudad de Santiago de Chile fue sacudida por dos violentísimos terremotos, uno de 8,0 grados Richter en 1985 y otro de 8,8 grados en 2010. La ciudad resistió bastante bien gracias a las normas antisísmicas de construcción. Por ejemplo, el nuevo hospital militar de Santiago, diseñado con la más moderna tecnología, fue montado sobre bases hidráulicas que hacen que un terremoto de 9 grados Richter se sienta como un temblor de moderada intensidad, que no causa interrupción en los servicios hospitalarios. Eso es lo que corresponde hacer en países expuestos a riesgos sísmicos.

Managua debe aprender a convivir con los constantes movimientos telúricos y aplicar estrictas normas de construcción para garantizar la seguridad de sus habitantes.

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