Los frijoles, al igual que la democracia, no necesitan de apellidos

"Hace tiempo te tuvimos, cada día en nuestra mesa,  y eras la comida gruesa, la que alimentaba más... pero quiso el poderoso, especular con tu venta, y ahora no pago la renta si te tengo que comprar...", De la canción "Volvé frijol" de Rubén Pagura.

“Hace tiempo te tuvimos, cada día en nuestra mesa, y eras la comida gruesa, la que alimentaba más… pero quiso el poderoso, especular con tu venta, y ahora no pago la renta si te tengo que comprar…”, De la canción “Volvé frijol” de Rubén Pagura.

Por Silvio Avilez Gallo

El encarecimiento del precio de los frijoles,  uno de los productos básicos de mayor consumo en Nicaragua, en circunstancias que el alza desmedida  de entre 23 y 26 córdobas la libra no obedece a ninguna escasez en el país, sólo tiene un explicación: la voracidad de los intermediarios acaparadores, que pagaron a los productores 500 córdobas por quintal para luego revenderlo en los mercados a 10 u 11 córdobas por libra (lo que ya significa un incremento respecto de los 8 córdobas a que se vendían en enero de 2014).  Las autoridades han tomado algunas medidas para tratar de frenar ese aumento, pero la sufrida población ha tenido que reducir la ingesta  de gallopinto, puesto que los precios del pollo, la carne y los huevos hace tiempo  los han vuelto inasequibles para el consumo de muchos hogares.

Ante la descomunal alza de dicho alimento, el gobierno anunció que pondría a la venta frijoles “solidarios” en algunos barrios de la capital y en otros departamentos, para contrarrestar el desmedido incremento. Pero lo que resulta inexplicable y hasta censurable es que ENABAS haya anunciado que el público podrá adquirir, para su consumo privado, frijoles “solidarios” al precio de 16 córdobas la libra, que si bien es menor que el que cobran los puestos de venta en los mercados, representa más del 100% del valor al que ENABAS adquirió dicho producto en la pasada cosecha (entre 500 y 600 córdobas por quintal). Es decir, que una empresa del Estado se está lucrando con la necesidad de los consumidores.

Los frijoles, al igual que la democracia, no necesitan de apellidos, adjetivos o calificativos para engañar a los incautos. El pueblo demanda simplemente frijoles al alcance de sus posibilidades económicas y el Estado puede tomar medidas para frenar la especulación y castigar duramente a los intermediarios y acaparadores inescrupulosos.De otra manera, se hace cómplice de los malhechores y explotadores.

De continuar las cosas como están, los frijoles “solidarios” tendrán más bien sabor a “mafiodarios” para los nicaragüenses.

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