Las Purísimas y La Gritería en Nicaragua

Imagen de la Inmaculada Concepción de María. León, Nicaragua.

Por Pedro Rafael Gutiérrez (q.e.p.d.)
Diciembre de 1992

El origen de las Purísimas

Las dos más notables corrientes referidas a la devoción a la Virgen María en Nicaragua, tienen diferentes fuentes: una rigurosamente documental, en Occidente y la otra basada en una pintoresca leyenda en la que el Lago Cocibolca, la inmensa Mar Dulce, sirve de escenario.

En la iglesia del que fuera Convento de la Concepción de El Viejo, conservada muy bien tras respetuosas reparaciones, en el Libro de Informaciones consta un acta con fecha 5 de enero de 1626, en que se consigna que el Templo del Convento había sido construido “por agencias de limosnas de muchas diligencias y trabajo personal de algunos devotos de la Orden”, refiriéndose a los franciscanos, en un documento muy valioso para atestiguar la antigüedad del fervor a María.

La información, levantada por instrucciones del Ilustrísimo Don Benito Rodríguez Baltodano, indica que la imagen de la Inmaculada Concepción “la había traído un hermano de la bienaventurada Santa Teresa de Jesús, que la obsequió a los religiosos de San Francisco de aquel convento, en el cual murió y se enterró”.

El hermano de Santa Teresa, Alonso Cepeda y Ahumada vivió muchos años en Nicaragua, los suficientes para ver crecer la devoción que él había alentado.

Casi en los mismos años se producía en Granda , el hermoso puerto mediterráneo nicaragüense, lo que sencillamente se conoce como “el milagro” por antonomasia.

En este tuvieron parte los frailes franciscanos, que habitaban el Convento de San Francisco, que aun se conserva, fundado por Fray Toribio de Benavente, el gran antropólogo, santo y humanista, a quien se le conocía como “Motolinía”, que significa pobreza o humildad en nuestro padre idioma náhuatl.

Ocurre que una mañana de un 7 de diciembre de un año remotísimo, unas lavanderas que estaban en el inmenso lago, vieron flotando sobre las aguas un bulto que se mecía al vaivén de las olas.

Varias de ellas trataron de acercársele, pero la cosa flotante se retiraba. Llevaron la noticia al convento y los frailes pudieron acercarse a lo que era una caja, que depositaron en la costa, abriéndola inmediatamente.

Cuando el contenido estuvo a la vista, un grito de alegre estupor salió de todas las gargantas. Los testigos se postraron en tierra.

Dice la leyenda, que tiene abundantes soportes documentales, que en el cajón estaba una bellísima imagen de la Virgen María, que tenía el cetro y cargando en uno de sus brazos al Niño Dios.

Historiadores del arte colonial, entre ellos Diego Angulo Iñiguez, afirman que la imagen es de procedencia sevillana y que se calcula que debió llegar a la Capitanía General a mediados del siglo XVI y posteriormente a Granada, donde quedó finalmente a partir del día en que se produjo “el milagro”, como se dice en la Gran Sultana.

El folclore recogió una estrofa que incluso posteriormente fue musicalizada:

Navegando por las aguas
en un cajón embarcada,
del Castillo vino a dar
a la ciudad de Granada.
La Purísima leonesa

En el convento franciscano de León, en el lugar donde está el Instituto Nacional de Occidente, se comenzaron a celebrar las Purísimas, de acuerdo a un ceremonial redactado por Fray Rodrigo de Jesús Betancourt, en cuya carátula es posible leer: “Novena sagrada a la Inmaculada Concepción de la serenísima Reina de los Ángeles María Santísima, Nuestra Señora, que consagró la afectuosa devoción de los religiosos descalzos de nuestro Santo Padre San Francisco”.

Como el convento leonés se llenaba de gente dificultando los oficios religiosos, los frailes sugirieron  a los fieles celebrar en sus casas la Novena a la Virgen y repartieron entre la gente, tanto la novena de Fray Rodrigo, como estatuillas de barro, de china, de madera y aun estampas litográficas que inundaron la ciudad.

En cada casa se hizo un altar y los demás pormenores quedaron plasmados por el historiador y general Alfonso Valle, quien dice que “la costumbre de la Gritería que se armaba al final del rezo aclamando a la Virgen María y el reparto de dulces y refrescos, de gofios, alfajores, bien me sabes, nuéganos y tabletas, chicha, agua de canela, horchata, y como un exceso de lujo y esplendidez, la sabrosa leche terciada”.

En esos gritos de entusiasmo se originó el nombre de la fiesta genuinamente nicaragüense y única en el mundo cristiano: La Gritería.

La Purísima granadina

En Granada, la celebración de la novena a la Virgen María tiene la variante de que no se acostumbra a celebrar en los hogares en forma masiva como en León, sino que cada uno de los barrios más importantes hace un impresionante altar, que es visitado por todos los granadinos el 7 de diciembre, en la Gritería, mientras que los días que dura la novena la concurrencia es casi en su totalidad del mismo barrio.

Los rezos son los mismos que en León y en todas las ciudades del país y la costumbre de los obsequios es idéntica.

Durante prácticamente todo diciembre, las calles de Granada son recorridas por el Atabal, la comparsa de juglares, que canta en cada esquina simpáticas coplas en las que se critica sin discriminación a pobres y ricos, a jóvenes y viejos, tras de lo cual retumban los viejos tambores chorotegas.

La costumbre no se suspendió ni siquiera durante la Guerra Nacional, cuando el Convento de San Francisco había sido ocupado por tropas filibusteras.

En cuanto a Managua, la novena a la Virgen María se celebra en los hogares a la manera leonesa y se tiene un dato totalmente documental de la primera vez que se celebró la Gritería, como consta en la Gaceta Oficial del 8 de diciembre de 1859, que contiene la crónica del día anterior, en que la gente se lanzó llena de alegría a las calles a iniciativa del cura párroco de la capital José Lezcano, quien con su hermano Juan José Lezcano promovieron esa costumbre en la ciudad recientemente elevada a la condición de capital del país.

Los cantos tradicionales

De mar a mar y de frontera a frontera, los cantos a la Virgen María son los mismos que comenzó a entonar el pueblo hace varios siglos, en la época más temprana de la colonia.

Cada ciudad tiene su propio ritual y los Padre Nuestro y Ave María constituyen el rasgo común de la alegre ceremonia.

Hay una oración llamada “Alabado a la Santísima Trinidad”, que es solamente rezado y que debe leerse cada día de la novena y que dice así:

“Bendita y Alabada sea la Sacrosanta Individual Trinidad de Nuestro Gran Dios y Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas Distintas y un Solo Dios Verdadero en quien creo, a quien amo y en quien espero el perdón de mis culpas y la salvación de mi alma, por su infinita misericordia. Bendita sea porque crió a Nuestra Señora la Virgen María, exenta, pura y limpia de la culpa original en el primer instante de su ser natural. Amén, Jesús, María y José”.

Son incontables los cantos a la Virgen María que viven en toda su pureza original, todos con una venerable antigüedad, anónimos, conservados en el inolvidable archivo del corazón del pueblo y que han llegado a nosotros frescos, como en los primeros días del regalo que nos hizo el hermano de Santa Teresa y de la soleada mañana en que las aguas del Cocibolca nos trajeron a la Virgen de “el milagro” de la Mar Dulce.

Los poetas cantan a la Virgen

Es muy difícil encontrar un poeta nicaragüense que no se haya inspirado en la devoción a María (que comenzó a conocer desde niño) y no haya contribuido con su inspiración a enriquecer la más pura tradición del pueblo.

Presentamos aquí varios poemas, en los que en diversos estilos, varias generaciones cantaron a quien es la Patrona y Reina de los nicaragüenses:

Gritería

Alfonso Cortés

No hay noche de verbena cual la pura
noche de la Purísima: noche de honda
luz de luna y luz del alma: blonda
noche en que bajó Dios desde la altura.

Noche en que se oye, como de una fronda,
brotar a chorros voces de frescura,
y en que haciendo del alma una aventura,
un amor arcangélico nos ronda.

Yo quiero en esta noche de verbena,
salir como antes con el alma buena
y ver la Virgen repartiendo chicha.

Y cuando torne a casa en horas graves,
en vez de gofios y de bien-me-sabes,
en el salveque encontraré la dicha.

Gritería en Granada

Fernando Silva

“¿Quién causa tanta alegría?
¡La Concepción de María!”
El siete en la gritería
con las calles sembradas
de enramadas
y los altares arreglados
de cortinas
y flores de madroño.
Vienen los estandartes
y las teas encendidas;
las muchachas y sus enamorados,
los grupos que suben a Jalteva
y los que bajan de Cuiscoma,
los gritos, los cohetes y el gentío.

A la Purísima Virgen

Manolo Cuadra

Azúcar de celestes alfajores
emerge de pretéritos substratos.
En lo negro, bengalas de colores,
y en lo fugaz, eterno, tu retrato.

En la vorágine de mi desacato
hubo luz de tus ojos redentores.
Y en vez de un vargas-villa mentecato
corderitos, estrellas y pastores.

En esta noche, lejos de muchachos
escépticos, alegres y borrachos,
me iré en silencio a los alrededores

a recordar… a recordar María,
cuando en una lejana Gritería
canté tu nombre y lo aromé de flores.

La Purísima

Pedro Rafael Gutiérrez

Brillaban las candelas, tu misma luz veía
por entre los madroños, incienso y canto,
una constelación tus ojos, Virgen María
multiplicando estrellas sobre tu manto.

Caramelos y gofios, marquesote y limones
mi niñez florecía por tu amor, peregrina,
cantando El Alabado recordaba otros sones
elevando banderas de papel de la China.

Luego, un milagro de amor, siempre presente:
tu sonrisa sentía como un beso en la frente
con el Credo en la boca o el Ave María.

Purísima ¡Mil cohetes alumbraban la fiesta
y mil ecos derramaba la orquesta
preguntando: ¿¡¡¡Quién causa tanta alegría…!!!?

Un pensamiento en “Las Purísimas y La Gritería en Nicaragua”

  1. Las Purisimas que celebramos los Nicaraguenses, son muy peculiares y bien caracterizadas del resto de los paises Latinoamericanos que tambien festejan sus creencias y fe a sus Santos Patronos, pero con diferentes manifestaciones; a lo nuestro le imprimimos la creatividad artistica en Cantos con fondos musicales y coros que nos transportan en extasis sublime celestial rindiendo culto de amor y fe a la Santisima madre del hijo de Dios Salvador, para luego en comunion degustar de los deliciosos productos y golosinas que elaboran manos de mujeres y varones humildes afanosas del pueblo: Gofios,Cajetas, huevos chimbos, Chicha, Cañas, Limones, Naranjas, Bananos etc. esto es Nicaraguanismo, arte que nos inspira para congraciarnos con nuestra madre y nos cubra en su tierno Amor.

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