Las grandes metidas de pata de las revistas científicas | Ciencia

Los activistas utilizaron un estudio que vinculaba la ingesta de maíz transgénico con el cáncer, como arma en sus reivindicaciones.

Los activistas utilizaron un estudio que vinculaba la ingesta de maíz transgénico con el cáncer, como arma en sus reivindicaciones.

Cada día miles de científicos y académicos trabajan arduamente en sus investigaciones en universidades, institutos y fundaciones. Cuando por fin las terminan, las publican en revistas científicas que, se supone, revisan su veracidad y rigor. Ya han aportado su granito de arena a la historia del conocimiento. Pero, ¿realmente es así siempre?, ¿nos podemos fiar de los mecanismos de control de estas publicaciones?

El foco de la sospecha se volvió a iluminar hace unos días, después de que la prestigiosa revista científica estadounidense Science anunciase la retirada, por “irregularidades”, de un artículo publicado en diciembre sobre cómo una conversación de 20 minutos podía hacer cambiar la opinión de la gente sobre el matrimonio homosexual. “Tergiversación”, “declaraciones falsas” e “incapacidad de despejar dudas sobre irregularidades estadísticas” fueron algunos de los argumentos esgrimidos por “Science” para retirar el artículo cinco meses después de publicarlo. Una mancha en su expediente.

Por lo general el público se puede fiar de las publicaciones científicas más prestigiosas. Por ejemplo, la revista “Nature” rechaza el 92% de los trabajos que recibe, según sus datos. Aun así el riesgo del fraude científico va en aumento. Tanto, que el número de estudios retractados por las publicaciones (retirados tras ser publicados) se ha multiplicado por 10 desde 1975, según un informe del instituto PNAS.

Ratas y cáncer por comer maíz transgénico

En 2012 llegó una publicación bomba en pleno debate sobre los transgénicos. Una revista considerada respetable revelaba un estudio que vinculaba la ingesta de maíz transgénico de Monsanto con grandes tumores cancerígenos en ratas.

El trabajo del biólogo francés Gilles-Eric Seralini mostraba en la revista “Food and Chemical Toxicology” roedores con tumores del tamaño de una pelota de pin pong que atribuía a este alimento genéticamente modificado.

Los activistas contra los alimentos transgénicos utilizaron este estudio como arma en sus reivindicaciones… Se precipitaron tanto como la revista al publicarlo.

Algo más de un año después, la publicación se vio obligada a revisar su autenticidad tras una investigación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Esta revisión llegó a la conclusión de que la cepa de ratas empleada por Seralini era propensa a desarrollar tumores de manera natural y que el investigador apenas utilizó 10 ratas por grupo de estudio, una cantidad insuficiente para sacar conclusiones, según la revista. Artículo completo: BBC Mundo

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