La voz de La Biblia en Rubén Darío

Rubén Darío

Rubén Darío

La voz de la Biblia no es en Rubén Darío solo apropiada para hablar en versos a Teodoro Roosevelt. 

Concha Meléndez

  Por José Antonio Luna

Periodista, ensayista y poeta USA-Nicaragüense (Managua, Nicaragua, 1950- ). Comité Literario del Centenario Mundial Dariano 2016, del Movimiento Mundial Dariano, MMD,  de Miami, USA.

 Primera parte

Entre los ensayos temáticos clásicos acerca de Rubén Darío destaca: La voz de la biblia en Rubén Darío de la poetisa, ensayista, catedrática, dariista y crítica literaria puertorriqueña Concha Meléndez (Caguas, 25 de Enero 1895- San Juan, 26 de junio 1983) prolífera escritora graduada de la Universidad de Columbia de New York, con doctorado de la Universidad Nacional Autónoma, UNAM, de México.

La doctora Concha Meléndez, tenía 21 años cuando murió Rubén Darío (Metapa, 18 de enero 1867- León, 6 de febrero 1916) en León, Nicaragua. Aunque no hay detalles concretos es posible que Concha haya conocido de primera mano detalles de la estadía  del poeta a New York y de la visita de éste  a la Universidad de Columbia.

En 1995 para conmemorar el centenario del nacimiento de Concha, la Universidad de Puerto Rico publicó una antología titulada: Concha Meléndez, y cartas de sus amigos donde se destacan sus ensayos sobre escritores: Rubén Darío, Amado Nervo, Cesar Vallejo, Andrés Bello, Pablo Neruda, Juan Bosch, Gabriela Mistral, Jorge Mañach, Alfonso Reyes, etc.

Con: Mistral, Reyes, Bosch, Neruda, Federico de Onís y otros renombrados intelectuales tuvo relación personal y epistolar la destacada escritora; primer mujer incorporada a la Academia de la Lengua de su país  y creadora de la cátedra de Estudios hispanoamericanos de la Universidad de Puerto Rico.

En su extenso y minucioso ensayo Concha Meléndez desde el comienzo establece su tesis de que Rubén Darío, como lo revela este en su autobiografía, fue un lector dedicado y asiduo de la biblia. “No caminó en el mundo de la Biblia con el deslumbramiento transitorio de sus otros mundos: la Grecia de los griegos que amó menos que la de Francia, la tierra que llamó solares o el mundo de sus imaginarios “a un vago oriente por entrevistos barcos” preciosista y artificial. Su mundo bíblico fue más seguro y prometedor. No salió nunca de él como del encantado mundo de Prosas Profanas, porque buscó hasta el fin su luz en los profetas y salmistas, en las alegorías y las parábolas y, sobre todo, en Aquél que es Gloria y revelación en el inmenso relato y a El confió su más alta esperanza”.

Esa verdad sobre la preferencia casi obsesiva de Rubén por la Biblia la reitera Concha Meléndez citando a Oswaldo Brasil quién fue compañero de jornada del poeta: Era casi su libro único y su lectura constante en muchos años. En todos los países donde llegaba adquiría un ejemplar de la Biblia. Exigía que fuera con el texto en latín con la traducción española al frente. Él no hablaba ni leía latín pero lo entendía y poco y le gustaba citar en latín en sus escritos (Osvaldo Brasil, Biografía de Rubén Darío y sus amigos Dominicanos, Colombia, ediciones Espiral, 1948.)

Agrega Meléndez: “tan ilimitada es la penetración bíblica en la poesía y la prosa de Rubén Darío, como parecía sin término la pampa de Sarmiento”.

Leyendo las Confesiones de Thomas De Quincey, cita Concha Meléndez; que por asociación el poeta encuentra inspiradoras las palabras hebreo e israelita.

“Las palabras hebreo e israelita, dice, despiertan en él opio del ensueño para mí, distintas evocaciones de seres y sucesos lejanos, animado cada cuadro por su especial poesía”

“Hebreo…Vastos éxodos. Moisés con sus dos grandes cuernos luminosos; el viaje de un pueblo hacia una tierra mejor perseguidos por los carros del faraón”.

“Israelita…Desde luego no sé por qué, se me encarna Israel en una de aquellas vírgenes, que, envueltas en largos mantos, iban con el cántaro al pozo. A los lejos una perspectiva de palmeras o un paso de dromedarios. Sara, Raquel o Lía, se presentan con sus finos perfiles. Son seres que asumió mi infancia en las láminas de las Biblias; mujeres blancas y bellas cerca de los patriarcas barbudos y solemnes”. (Rubén Darío, Sobre Israel, Escritos Inéditos recogidos en periódicos de Buenos Aires y anotados por E. K. Mapes-1938).

Advierte Concha Meléndez que aunque en la obra de Rubén Darío existe una gran cantidad de citas bíblicas o relacionadas con la misma, “limitaré mis comentarios a aspectos más valiosos desde el punto de vista de la creación en verso y en prosa”.

Dice Meléndez que hay tres profetas más mencionados por Darío en su obra.  Los “profetas evocados con más intensidad son Isaías, Jeremías y Ezequiel”.

En el poema La Cartuja, Darío se refiere al libro Lamentaciones del profeta Jeremías:
“La Soledad que amaba Jeremías

El misterioso profesor del llanto”.

Comenta Concha Meléndez: “Jeremías previó el desastre de la destrucción de Jerusalén por Babilonia, por el Nabucodonosor que Darío compara con Alejandro y Teodoro Roosevelt”.

Refiriéndose al otro profeta evocado por Darío en sus poemas y prosa, dice Meléndez: Ezequiel, el primer gran visionario en la Biblia, clarividente, con extraordinarios poderes psíquicos, atrajo a Darío por su interés en el mundo de los sueños, título con que apareció uno de los libros póstumos del poeta. En un poema: El salmo de la pluma dedicado a España, Madre Patria que intento componer sin terminarlo, en tantas parte como letras tiene el alfabeto hebreo, aparece Ezequiel.

“Llena de profecía, desciende a las entrañas

del pálido Ezequiel,

quien con la faz sañuda la visión invoca,

y siente que el volumen que traga en su boca

dulce como miel.”

Concha Meléndez visionando la importancia de la influencia del padre del modernismo y precursor del cosmopolitismo en las letras hispanoamericanas se remite  a los primeros intelectuales estudiosos de la espiritualidad y religiosidad dariana: “Arturo Marasso ( La Rioja, 1890-Buenos Aires 1970), el único hasta donde he leído, que ha estudiado algunas de las influencias bíblicas en la  creación poética de Darío, señaló las expresiones sugeridas por el profeta en el poema Israel, al cual volverá al entrar en el mundo del Nuevo Testamento sobre el tema de Jesucristo”.

Marasso es el profesor Argentino de literatura griega y española, que el novelista Julio Cortázar recordaba como su mentor que descubrió su vocación de escritor y le prestaba libros de Homero y Sófocles para que leyera.

Concha Meléndez la prolífera dariista puertorriqueña, en su ensayo nos descubre una de los personajes pocos mencionados por otros estudiosos de Darío: David “el rey poeta” que para Darío “es mucho más que dador de tonos o iluminador de versos dentro de poemas; es motivo para la creación de poesía y ficciones en prosa”

En El Canto Errante, en la sección titulada: Ensueño hay un poema, dice Meléndez: “No es un ensueño ni una visión: es en verdad un sueño reproducido tal como el poeta lo soñó”. Sabido es la atención que Darío puso en las experiencias de lo que llamó “la segunda vida” después de haber leído el libro de Saintine sobre los sueños que lleva ese título.

La estrofa final del poema Hondas revela a Darío hondero del arte:

No torno mi piedra al mundo.

Pero sin vacilar vino a mí el ave

querubín.

partió herida-dijo- el alma

de Goliat, y vengo a ti

¡Soy el alma luminosa

de David!

Medita Meléndez: No hay vacilación en el ave querubín para volar hacia el poeta. La revelación expresa un deseo de Rubén animador de uno de sus temas frecuentes: la fuerza y el poder del brutal-Goliat-vencida por el espíritu, que en sentido bíblico fue la actividad que venció en David. Pero la alegoría tiene nuevo significado. Quien hiere el alma de Goliat es el que sueña: el alma de David, libre de persecución para siempre, acompañará al poeta y hay música de arpa y entonación de salmos junto a él.

Otro texto de Rubén sobre el rey poeta hebreo es “el cuento alegórico: El árbol del rey David donde reconstruye un día de la vejez de ese personaje bíblico que es tan conocido como Jesucristo, el rey poeta junto a la sulamita adolescente de Abisag.

Reitera Meléndez esa obsesiva predilección que desde la niñez impregnó al poeta Rubén Darío de los misteriosos y a veces enigmáticos mensajes de la biblia. Dice: todos los personajes importante del Antiguo Testamento desde Abraham a Salomón aparecen en algún verso o en una mención de la prosa dariana. Entre ellos ocupan mayor espacio Moisés, Job y Salomón.

Moisés atrae al Rubén adolescente. Abre la discusión  sobre el dogma y  la ciencia del soneto: ¿Quién vencerá?

También es Moisés el primer personaje bíblico a quien dedica un poema entero: La ley escrita. En el Sinaí vestido del relámpago, sin temor al trueno que retumba,

Sale un hombre sereno

que avanza y sube por las rocas duras.

Dice Meléndez: Estos dos versos son los mejores del poema, pero todo él nos da la impresión honda de Rubén ante los mandamientos mosaicos, glosados brevemente aquí.

Job fue para el poeta algo más afín a su alma. El dolor de Job, sus lamentaciones, las hizo el poeta suyas en momentos de amargura de desolación. Es curioso que Job encabece el grupo que recibe a Víctor Hugo más allá de la muerte (poema: Víctor Hugo y la tumba)

Job, Esquilo, Homero, Tácito, Juan Pablo, Juvenal, Alighieri, Cervantes, Rebeláis. Sobre todos ellos Jesús.

Las huellas de Job puede encontrarse en el soneto: Melancolía donde el poeta se describe en un mundo amargo, con tinieblas en sus veredas y “titubeos de aliento y agonía”. El “nada cierto sabemos” de Job, es la congoja dominante en el poema Lo Fatal agravada por “ser sin rumbo cierto”, “ser y no saber”.

Aunque no le dedica mucho análisis, Meléndez, deja constancia de la presencia de las mujeres bíblicas en la obra dariana, especialmente la poesía. “Las mujeres del Antiguo Testamento Ruth, Ester, Dalila con excepción de Abisag, la sulamita, pasan como dibujos rápidos. En el poema Heraldos, Ruth es anunciada por un paje con un lirio. El lirio aquí es el símbolo de la bondad y dación de Ruth en el otoño de Booz. Ester se nombra en el Lay a la manera de Johan Torres en la purificación con perfumes durante seis meses con que se preparaban las vírgenes destinadas al rey persa. Dalila se asocial siempre a Sansón como cifra de engaño femenino”.

A la reina-negra-Saba, personaje bíblico, que es objeto ahora de minuciosas investigaciones porque existe la posibilidad de que haya sido una reina Etíope; eslabón perdido entre los faraones egipcios.

La doctora Meléndez cita Divagación poema de Prosas Profanas.

El sabio Salomón

Dice Meléndez que aunque la biblia no cuenta a la reina Saba entre las mujeres amantes de Salomón en el relato de su visita, sabemos que el rey le dio todo lo que ella pidió, además de lo que Salomón le diera. Y ella “se fue a su tierra con sus criados” (1 de Reyes. 13).

Darío uso poéticamente la leyenda de un episodio de amor entre el rey hermoso y la intrépida reina, que hizo un viaje de mil doscientas  millas desde Arabia para poner a prueba la sabiduría y opulencia de Salomón. En la última estrofa de Divagación exclama el poeta nicaragüense.

Se mi reina de Saba, mi Tesoro;

descansa en mis palacios solitarios.

Duerme. Yo encenderé tus incensarios

y junto a mi unicornio cuerno de oro

tendrán rosas y miel tus dromedarios.

La ve el poeta atravesando el desierto en la caravana de camellos de su visión ante la página blanca seguida del camello que lleva,

el cofre de ensueños, de perlas y oro

que conduce la reina Saba

Que Rubén aceptó la leyenda de amor entre el rey sabio y su visitante fastuosa, lo evidencian los versos de la poesía de La negra Dominga.

fuego tiene que Venus alaba

y envidiará la reina de Saba

para el lecho del rey Salomón

Una de las interpretaciones más interesantes sobre Salomón y la predilección de Darío por este mítico rey Bíblico, lo devela Concha Meléndez en su análisis sobre el cuento: El Salomón Negro. “Aprovecha con arte aquí El libro de los hechos de Salomón citado en la Biblia en el capítulo décimo del libro primero de Reyes. El Salomón de éste cuento tiene la sabiduría y esplendor tradicional con que aparece en la Biblia pero añade detalles tomados de la invención en la leyenda, como el anillo mágico y el poder de sus ensalmos. El tema es una de las tentaciones del rey, la mayor de todas, la negación de la existencia de Dios”.

El Salomón negro es la antítesis del blanco, amador de la verdad, mientras el otro “reina en la mentira” niega la pureza en que según el rey viven los animales del Señor, desmintiendo la creencia que cada uno declara. “Salomón en su Gloria nada puede contra mí”, termina el príncipe de la sombra.

La solución del cuento es inesperada. El Salomón negro dice llamarse también Federico Nietzsche. En su confusión el Salomón blanco se vuelve a Dios para sanar su desconcierto con la contemplación de la Verdad. El narrador deja que uno de los fabulosos pájaros que ama, aclare el sentido del cuento, el pájaro Simorg, que vuela desde las montañas de Kaf en su menester de predicador inmortal. Simorg habla en estilo bíblico:

Salomón, Salomón, has sido tentado. Consuélate.

regocíjate.

¡Tu esperanza está en David!

(El Salomón negro, Cuentos completes, Edición de Ernesto Mejía Sánchez, México, Fondo de cultura económico, 1952)

EL CANTAR DE LOS CANTARES

“Rubén leía la Biblia como artista, sin preocupaciones eruditas, como lectura dadora de sabiduría y belleza”, dice Meléndez en la introducción a la predilección de Darío por este libro del antiguo testamento. Y cita esta anécdota del profesor Edelberto Torres autor de “La vida dramática de Rubén Darío”, una de las mejores biografías del poeta.

“En una epidemia de viruelas, estando convaleciendo del terrible mal Darío en la población de Santa Tecla en San Salvador, las mujeres que lo cuidaban le proporcionaron una Biblia que les pidió. Volvió a leer El Cantar de los Cantares y escribió un soneto que es uno de los mejores escritos en su adolescencia”.

Aroma puro de ámbar delicado,

miel sabrosa que liban las abejas,

lo blanco del vellón de las ovejas

lo fresco de las flores del ganado.

(El cantar de los Cantares, Poema de adolescencia)

ECLESIASTES

En el libro” Poema del Otoño y otros poemas Rubén Darío cita al libro bíblico Eclesiastés de Salomón que  aparecerá reiteradamente en su poesía en su corta vida.

“El Eclesiastés penetra con intensidad en el primer poema de este libro, reapareciendo en otros como nota recurrente. Si el poema se compuso, como es probable, en 1909, el otoño para Darío empezó a los treinta y nueve años. El carpe diem de Horacio en él se vuelve prisa melancólica. No hay consistencia de pensamiento y orden lógico en El Eclesiastés. La nota dominante es la vanidad de todo, lo que el poeta del canto del otoño resume así:

¡Sí lo terreno acaba, en suma,

cielo o infierno

y nuestras vidas son la espuma

de un mar eterno!

(Dedicatoria, Poema del otoño, Obras completas (Madrid, M.Aguilar, 1932)

En el poema Gaita galáica Rubén Darío reproduce con algunas variantes literalmente versículos del capítulo tercero de El Eclesiastés.

Ya nos dijo el Eclesiastés:

tiempo hay de todo: tiempo de amar,

tiempo de ganar, tiempo de perder,

tiempo de plantar, tiempo de coger,

tiempo de llorar, tiempo de reír,

tiempo de rasgar, tiempo de coser,

tiempo de nacer, tiempo de morir.

“El título Poema del otoño se aviene al contenido del libro con más rigor que el de los anteriores. Sigue resonando en tema estructural de todo él en la música de El clavicordio de la abuela que había adelantado en 1892 en las dos últimas estrofas, a la predica de El Eclesiastés “al pobre viajador”, explica Meléndez.

Tampa, Florida, Abril 2015.

(1)Concha Meléndez, “La voz de la biblia en  Rubén Darío”, Poetas hispanoamericanos diversos, 1971  (pag-121-145.) Ensayo.

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