La Toma de la Bastilla, el Tratado Chamorro Bryan y el canal chino

ortega_wang_canalPor Silvio Avilez Gallo
 En este día, en que Francia conmemora la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, que puso fin al antiguo régimen monárquico (ancien régime), nuestro país rememora la abrogación, en igual fecha del año 1970, del ominoso Tratado Chamorro-Bryan, suscrito  en 1914 entre el Ministro Plenipotenciario de Nicaragua en Washington, Gral. Emiliano Chamorro Vargas, y el representante de Estados Unidos, William Jennings Bryan.
 
     El acto se realizó durante una ceremonia que tuvo lugar en Casa Presidencial en la que el presidente Anastasio Somoza Debayle firmó el documento de abrogación, negociado con los EE.UU., con el representante de dicho país, Embajador Turner B. Shelton, en presencia de altos funcionarios del gobierno, entre ellos el Dr. Lorenzo Guerrero, Ministro de Relaciones Exteriores, y el Dr. Oscar Sevilla Scasa, Embajador en Washington. Con ello se ponía fin al tristemente célebre tratado que nos valió a los nicaragüense el vergonzoso cognomento de “vendepatrias”.
 
     A 44 años de esa efeméride, nuestro país está nuevamente envuelto en un hecho similar, esta vez mediante la aprobación legislativa de un acuerdo con el ciudadano chino Wang Jing, representante de la compañía HKND, para la construcción de una vía interoceánica que uniría la costa caribe de Nicaragua con un puerto del océano Pacífico, parte de cuyo trayecto atravesaría el Gran Lago de Nicaragua al sur de la Isla de Ometepe.
 
     En 1914, a guisa de compensación por los derechos cedidos a perpetuidad sobre el trayecto del eventual canal y la concesión de bases militares a los EE.UU. en territorio nicaragüense (Pequeña y Gran Isla del Maíz, en el Caribe, e islas en el Golfo de Fonseca en el Pacífico), nuestro país recibió la suma de 3.000.000 de pesos oro, equivalentes a dólares.  Ahora, a cambio de una concesión más onerosa en que se hipoteca la soberanía de la nación por espacio de cien años y se renuncia de antemano a cualquier reclamo que pudiera resultar de la ocupación de propiedades privadas por donde pase la ruta del canal, Nicaragua recibirá $10.000.000 al año cuando el proyectado canal comience a funcionar. Guardando la distancia a un siglo del acontecimiento, la suma que promete entregar el empresario chino es una verdadera limosna, con el agravante que hasta el momento todo es una fantasía porque nadie conoce estudios técnicos de factibilidad, efectos ambientales, daños ecológicos, contaminación de recursos hídricos y destino futuro del Lago Cocibolca, nuestra mayor reserva acuífera.
 

     Si nos alegramos que el Tratado Chamorro-Bryan sea hoy sólo un mal recuerdo, nos entristece pensar que el antipatriótico acuerdo con Wang Jing y su HKND tenga todas las trazas de convertirse en una atroz pesadilla.

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