La revolución sandinista

Sergio Simpson

Sergio Simpson

Por Sergio Simpson / Periodista

Del libro: Reflexiones críticas desde el sandinismo

Rosario Murillo, copresidenta de Nicaragua por derecho matrimonial conforme decisión partidaria del Secretario General del FSLN, aseguró que el país se encuentra en la segunda fase de la Revolución Popular Sandinista, enfrentando a oligarcas, somocistas y burgueses.

Para dar fuerza a sus palabras: el himno comunista La Internacional acompaña los actos oficiales y en los carteles con la foto de su marido presidente coloca la primera oración “Arriba los pobres del mundo”, referente marxista.

La revolución de los años 80 fue sustentada con base en ideario sandinista analizado desde la teoría científica marxista, según leí de Carlos Fonseca y Ricardo Morales Avilés. Sin embargo, tengo sensatas dudas de ese sandinismo y marxismo por la práctica y los resultados de aquel entonces y lo que hoy es el FSLN, revuelto en contradicciones más ideológicas que antaño: los adinerados del partido deciden más que los pobres. Para no mostrarme intransigente ni ofender a los fanáticos no afirmo que son los únicos que deciden.

No me venga con el cuento de que siempre hubo oligarcas y burgueses en el FSLN, porque es de unidad nacional, pluriclasista, plurirreligoso. Ese es un argumento manipulador y oportunista. Se afirmó que era táctico involucrar a la oligarquía, a la burguesía, en la lucha contra Somoza, aprovechar sus conflictos económicos

No dijeron pensar y vivir como ellos.

Pero, aclaro un aspecto, no creo que sean totalmente burgueses, más bien los veo en un estadio superior del feudalismo. Me remito a la valoración sobre la burguesía en el Manifiesto Comunista, redactado por Marx y Engels:

“Dondequiera que se instauró (la burguesía) echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero constante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación”.

Ahora leamos lo que la ciencia política llama oligarquía: “Es una forma de gobierno en que el poder supremo está en manos de unas pocas personas. Los escritores políticos de la antigua Grecia emplearon el término para designar la forma degenerada de aristocracia (literalmente, gobierno de los mejores). La oligarquía surgirá cuando la sucesión de un sistema aristocrático se perpetúe por transferencia sanguínea o mítica, sin que las cualidades éticas y de dirección de los mejores surjan como mérito reconocido por la comunidad. Los oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de dinero son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas, habitualmente carentes de lucidez, reflexión y moderación”.

La mezcla contradictoria en el FSLN

Este juego de definiciones de clases e ideologías indica que el FSLN se encuentra en un estadio (alto, medio y bajo) donde convergen corrientes oligarcas, burguesas y proletarias. Pero dejemos los axiomas a los intelectuales. En el FSLN dominan los adinerados. Por tanto es necesario que los proletarios, los pobres, estén arriba en la organización decidiendo lo que quieren para su presente y futuro, y no abajo esperando dádivas de los dioses.

Ahora, específicamente, una de las corrientes tácticas en la que se dividió el FSLN en los setenta, la Tercerista, argumentó que en el triunfo de 1979 fue muy importante, relevante políticamente, la participación de las clases potentadas. Pero no sólo en la lucha contra Somoza, también fueron significativas ocupando altos cargos durante los 80, y desde los 90 para acá se volvieron más fuertes política, económica y emocionalmente por sus vínculos sanguíneos y consanguíneos en la estructura de dirección del partido.

Carlos Fonseca aseguró: “No es simplemente una cuestión de cambiar los individuos en el poder, sino de cambiar el sistema de explotación y alcanzar la victoria de las clases explotadas”. Ese es un razonamiento marxista que el Secretario General del FSLN acompaña con estipulaciones del comportamiento de una persona revolucionaria:

“Sabe que la corrección ideológica no vale nada sin una consecuente conducta práctica, pero una conducta práctica positiva es insuficiente si no está acompañada de una definición ideológica revolucionaria. Sólo (la) vinculación intensa con los trabajadores contribuye a su verdadera educación política.”

Los cooptados por el sistema capitalista

Sobre la conducta revolucionaria también es justo leer a Erich Fromm (nadie lo puede calificar de derecha). Es importante en esta “segunda fase de la revolución” reflexionar nada más los siguientes dos párrafos escritos por él:

“Las luchas por la libertad fueron sostenidas por los oprimidos, por aquellos que buscaban nuevas libertades, en oposición con los que tenían privilegios que defender. Al luchar una clase por su propia liberación del dominio ajeno creía hacerlo por la libertad humana como tal y, por consiguiente, podía invocar un ideal y expresar aquella inspiración a la libertad que se halla arraigada en todos los oprimidos.

Sin embargo, en las largas y virtualmente incesantes batallas por la libertad, las clases que en una determinada etapa habían combatido contra la opresión se alineaban junto a los enemigos de la libertad cuando ésta había sido ganada y les era preciso defender los privilegios recién adquiridos”.

Para hablar de revolución el FSLN debe erradicar el comportamiento oligarca, burgués y somocista de muchos de sus miembros y dirigentes. Dedicarse a la formación ideológica del partido con base en la teoría científica y el ideario sandinista, y así lograr armonía, consecuencia entre lo que se dice en las plazas y se actúa cotidiano. Los enemigos se encuentran dentro del FSLN y hasta lo dirigen en algún círculo de poder.

Déjense de evasivas y demagogias.

En ese 38% que votamos por el FSLN existen personas valiosas que han sido vilipendiadas y marginadas por esos enemigos de la revolución. Los infiltrados, aduladores o reconvertidos son hábiles para caer en gracia siempre. Incapaces unos de poner en riesgo los privilegios que obtuvieron en los 80 desde sus escritorios, y otros, o los mismos, acumulando capital propio cuando se dijo que era del partido, del colectivo, para financiar mediante préstamos a esos pobres combatientes que no alcanzaron en la repartidera del noventa.

Hay enemigos dentro del FSLN

Esos enemigos son quienes brincan y se ofenden cuando escuchan o leen las verdades. Son los culpables de que se deban asolear los trapos en público porque con artimañas y poder del dinero no lo permiten en la casa del partido. Son los que, reluciendo la inmoralidad que se combatía antaño, ofrecen pagarte por lealtad a ellos, cuando la lealtad es con los principios revolucionarios, con la organización que construimos arriesgando la vida unos y entregándola otros miles.

Carlos Marx y Federico Engels fueron científicos sociales, ilustres pensadores a quienes debemos estudiar. No son para levantarlos como símbolos aprovechando el descontento de la clase oprimida y manipular un ideal, un emblema, que persiste en la memoria, en la ansiedad por el pasado que pudo ser mejor de lo que fue. Es teoría que nos ayudará a salir verdaderamente de la pobreza. Es filosofía y como tal nos da sabiduría.

Desde la fundación del FSLN han transcurrido 46 años, casi medio siglo de batalla. Es hora de dejar el espectáculo circense, tradición de la politiquería a la cual, supuestamente, se combate para erradicar por ser el mal que ha empobrecido al 80% de nicaragüenses.

¡Que suban los pobres!

Pero, fundamentalmente tengamos presente, para que no nos manipulen, lo que en el Manifiesto Comunista escribieron Marx y Engels: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.” No hay variante.

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