La I y II repúblicas españolas… antesalas de sangrientas guerras civiles

Matanza en Bajadoz durante la guerra civil española / Imagen de www.pamiela.com

Matanza en Bajadoz durante la guerra civil española / Imagen de www.pamiela.com

Por Roberto Escobedo Caicedo

El 2 de junio de 2014, buena parte de los diferentes países civilizados fueron sorprendidos por la noticia divulgada a través de los medios de comunicación escritos, radiales, televisados y también por las redes sociales que el Rey de España, Juan Carlos I, había abdicado en favor de su hijo, el Príncipe de Asturias, Felipe. Se esperaba que las Cortes dieran curso rápidamente a la aceptación de la mencionada abdicación, procediendo luego a juramentar al nuevo Monarca Constitucional, Felipe de Borbón y Grecia.

Aprovechando esta coyuntura, los enemigos de las monarquías parlamentarias como forma de gobierno y de organización del Estado, se lanzaron a las calles de algunas ciudades españolas y de otros países, reclamando la convocatoria de un referéndum para que el pueblo español decidiera por continuar con la forma monárquica de gobierno o bajo una república, la que vendría a ser la Tercera República Española.

Sin duda alguna que quienes reclaman ese derecho, son minorías irredentas de anarquistas, comunistas nostálgicos y personas que desconocen la historia de España, ya que tanto la I República como la II no fueron más que la antesala de sangrientas guerras civiles que provocaron miles de muertos, heridos, discapacitados, desplazados de guerra y destrucción de las fuentes de trabajo para la población económicamente activa del país.

Fernando VII (“El Felón”), uno de los monarcas considerados más perversos y degenerados por los historiadores españoles, cuando consideró que ya la tierra lo reclamaba con insistencia, redactó un decreto -conocido como la Pragmática Sanción-, que no fue sometido previamente a la aprobación de las Cortes. Cuando los Borbones, procedentes de Francia fueron llamados a España para relevar a los Habsburgos, implantaron la famosa Ley Sálica, la que eliminaba a las hijas del Rey de la sucesión dinástica. Dicho monarca no tuvo descendencia masculina y entonces para garantizar que su hija fuera la Reina de España por el derecho de sucesión, en el mencionado decreto la dejada como heredera legítima de la Corona Española y a su futura viuda, como Regente de la Corona.

Esa ilegalidad marginaba del verdadero derecho de sucesión al Prícipe Carlos, hermano de Fernando VII, el que justamente indignado reclamó los derechos que le asistían. Este reclamó dividió a la sociedad española de la época, a las Cortes, al clero, al Ejército, etc. El sector del Ejército que hizo propio el decreto de Fernando VII, garantizó la ascensión al Trono de España de la hija del monarca fallecido. lo que provocó tres guerras civiles, conocidas como las Guerras Carlistas en la historia de España. La primera Guerra Carlista duró de 1833 a 1840; la segunda, de 1846 a 1849 y la tercera, de 1872 a 1876.

La I República Española fue proclamada el 11 de febrero de 1873, teniendo una duración efímera, ya que se colapsó el 19 de diciembre de 1874, reemplazando a la monarquía de Amadeo I, de Saboya, el que nunca gozó de ninguna popularidad en el país que gobernaba. Ese primer régimen republicano en el país al que hacemos referencia, estuvo caracterizado por la inestabilidad política, durando apenas 11 meses, durante los cuales se sucedieron cuatro Presidentes de la República. En tan corto tiempo, tuvo que enfrentarse con tres conflictos armados simultáneos, la tercera guerra carlista, la sublevación cantonal en la península ibérica y la Guerra de los Diez Años en Cuba.

En esos 11 meses de duración de la I República Española se sucedieron dos golpes de Estado. El primero fue encabezado por el general Pavía, poniendo fin a la República Federal, dando paso a una República Unitaria bajo la dictadura del general Serrano. Finalmente, el golpe de Estado dado a ese ensayo republicano de gobierno en un país de fuertes sentimientos monárquicos, estuvo a cargo del general Arsenio Martínez Campos, procediéndose entonces a la restauración borbónica en España.

Esa tercera guerra carlista afectó a las Provincias Vascongadas y a la Provincia de Navarra, luchando ambos bandos, el borbónico tradicional y el carlista, con ferocidad implacable. Se estima que los enfrentamientos provocaron aproximadamente 50 mil muertos entre combatientes y personal civil, además de los miles de mutilados de guerra y los que tuvieron que abandonar todas sus pertenencias, refugiándose en otras ciudades españolas y hasta en Francia.

Durante el gobierno del Rey Alfonso XIII, el General Miguel Primo de Rivera. mediante un pronunciamiento militar o golpe de Estado, contando con la tolerancia del Monarca, llegó a la Presidencia del Gobierno, equivalente a lo que en otros países llaman, Primer Ministro. Esta dictadura duró de 1923 a 1930. Retirado Primo de Rivera de la Presidencia del Gobierno, le sucedió la “dictablanda” del General Dámaso Berenguer, con el encargo de restablecer la normalidad constitucional, empresa en la que fracasó.

En los primeros días de abril de 1931, se convocó a la elección de alcaldes y miembros de los consejos edilicios en toda España. En estos comicios no estaba en juego el futuro de la monarquía, por cuanto no se trataba de ningún referéndum. El triunfo de los socialistas y comunistas en la mayor parte de las capitales de provincias, no pudo ser minimizado por el gran triunfo de los candidatos monárquicos en los pueblos pequeños y en el campo. Los dirigentes comunistas habían impartido instrucciones a sus seguidores, que independientemente de quien triunfara en esos comicios municipales, levantaran barricadas en las calles de las principales ciudades del país, se apoderaran del control de las plantas eléctricas, de gas y de agua potable, etc. Y desfilaran con cartelones y pancartas, exigiendo la proclamación de la II República Española.

En el caos que sobrevino con esa situación revolucionaria a la que fueron atraídos por los comunistas, socialistas y anarquistas los españoles de clase media y el respectivo campesinado. el Conde de Romanones, Presidente del Gobierno, presentó a Alfonso XIII su renuncia colectiva, recomendándole que al quedar con el mando absoluto, utilizara al Ejército para restablecer el orden público.

Era en ese entonces, Ministro del Ejército, el General Dámaso Berenguer, el que posteriormente escribió un libro titulado, “Los Ultimos Días de la Monarquía Española”. Narra en dicha publicación que Alfonso XIII le preguntó cómo estaba el Ejército, respondiéndole que en sus cuarteles y preparado para cumplir las órdenes que recibiera del Monarca. A continuación le preguntó si consideraba que podía restablecerse el orden público, contestándole afirmativamente. Finalmente la pregunta toral, ¿a costa de cuántos muertos? Respondió que nunca antes se había enfrentado con una situación política de esa naturaleza, pero que posiblemente morirían unos 10 mil comunistas, socialistas, anarquistas y soldados. Alfonso XIII se escandalizó y contestó que él nunca cargaría sobre sus hombros una responsabilidad de tal naturaleza.

Seguidamente, Alfonso XIII llamó a su despacho al General Francisco Franco Bahamonde,

Foto original Guerra Civil Española Franco en Medina de Campo junto a 11.000 mujeres falangistas. / Imagen de www.todocoleccion.net

Foto original Guerra Civil Española Franco en Medina de Campo junto a 11.000 mujeres falangistas. / Imagen de www.todocoleccion.net

que era el Director General de la Academia Militar de Zaragoza, una de las mejores de Europa en ese entonces. Le preguntó lo mismo que al General Berenguer y cuando tocó el asunto de los muertos que caerían por ambos bandos en el restablecimiento del orden público, Franco le respondió que debía forzarse la cifra para llevarse a los masones y judíos, además de los comunistas, socialistas y anarquistas, por lo que él, si le encomendaban la misión, se impondría como meta provocar 50 mil bajas entre los enemigos de España. Alfonso XIII le replicó diciendo que él nunca ordenaría ejecutar una operación de tal naturaleza, prefiriendo mejor retirarse temporalmente del ejercicio del Poder Real y buscar asilo en el extranjero.

En el documento enviado a las Cortes por Alfonso XIII, la parte medular dice lo siguiente: “Soy el Rey de todos los españoles y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuenta rigurosa. Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación, suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real, y me aparto de España, reconociéndola como única señora de sus destinos”.

Queda perfectamente claro en ese documento enviado por Alfonso XIII a las Cortes Españolas, que no estaba abdicando en favor de nadie ni renunciando a sus regias prerrogativas, tal y como las establecía la Constitución vigente en ese entonces en España. Esto es muy importante, porque el Generalísimo Francisco Franco, cuando era el Jefe de Estado de España, echó mano de ese documento para demostrar que lo único que se había dado, era una renuncia deliberada y por un tiempo determinado, al ejercicio del Poder Real por Alfonso XIII o alguno de sus descendientes, bastando con que el cuerpo electoral de España así lo aprobara en un referéndum.

La II República Española fue un desastre mucho mayor que la primera. Desde un comienzo los órganos de Estado quedaron bajo control de los comunistas y sus aliados. La reforma agraria que impusieron a la fuerza se reflejó de inmediato en la disminución alarmante de los productos de primera necesidad. Las huelgas se sucedían a diario en las instalaciones mineras, fábricas, etc., lo que provocó una inflación galopante. En 1932, el General José Sanjurjo Sacanell, Jefe de la Guardia Civil, intentó dar un golpe de Estado, pero fracasó en sus propósitos, fue encarcelado y juzgado sumariamente y condenado a muerte, pero lo benefició una amnistía que diera en esos días el gobierno republicano para poner en libertad a sus chekistas más calificados.

En 1934, los mineros de Asturias se declararon en huelga indefinida y se apoderaron de toda la maquinaria utilizada en la extracción y refinamiento de los diferentes minerales existentes en esa región. Fue menester someterlos mediante la fuerza militar, incluyendo efectivos de la Legión Extranjera Española, poniendo al mando de todos ellos nada más ni nada menos, que al propio General Francisco Franco, el que logró pacificar toda Asturias y las zonas mineras en 30 días de operaciones. Recibió como recompensa el nombramiento de Jefe del Estado Mayor General del Ejército de Tierra. Debido a las intrigas en su contra que lo presentaban como un profesional de las conspiraciones, fue nombrado Capitán General de las Islas Canarias, con jurisdicción sobre los territorios africanos.

En febrero de 1936, tuvieron lugar las elecciones de diputados y senadores de las dos Cortes de España. Los comunistas se presentaron recurriendo a la estrategia de Frente Popular controlado por ellos y del que también formaban parte los anarquistas, socialistas de izquierda y otros antisociales. Por los partidos democráticos, los principales eran los de tendencia monárquica alfonsina, los que respondían a las orientaciones dadas por el experimentado político, Leopoldo Calvo Sotelo y la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigidas por José María Gil Robles. Entre los diputados del Frente Popular, se encontraban Santiago Carrillo, Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de España y la fogosa agitadora de masas, Dolores Ibárruri, conocida internacionalmente como “La Pasionaria”.
En todas las reuniones se producían fuertes enfrentamientos verbales entre los dirigentes de tendencia democrática y los del Frente Popular, llegándose a la conclusión que poco faltaba para que de las palabras se pasara a los hechos.

Mientras tanto, los altos jefes militares, los Capitanes Generales de las distintas regiones en que estaba dividida España, consideraban que debían tener todo a punto para que llegado el momento se pusiera en marcha un pronunciamiento militar o golpe de Estado. Coordinador general de ese movimiento fue nombrado el General Emilio Mola Vidal, el que sufrió amargas decepciones cuando comprobó que sólo unos pocos respaldarían el mencionado pronunciamiento. Inclusive, el propio General Francisco Franco, Capitán General de las Islas Canarias y Territorios Africanos, manifestó a Mola que todo eso era muy prematuro.

No obstante, un suceso inesperado movilizó a los grupos extremistas que querían solventar sus diferencias políticas en el campo de batalla. El 12 de julio de 1936, un grupo de pistoleros de la Falange Española, grupo radical de derecha fundado por José Antonio Primo de Rivera, secuestró en su casa de habitación al Teniente de la Guardia de Asalto, Segundo Castillo, el que fue fundado por los comunistas para mediatizar a la Guardia Civil. Fue llevado a a un campo en las afueras de Madrid donde procedieron a interrogarlo bajo torturas, procediendo luego a ejecutarlo. Al día siguiente, encontraron su cadáver. Sus compañeros juraron vengar de inmediato su muerte y sufrimientos.

En las Cortes se produjeron violentos enfrentamientos entre los diputados de derecha y grupos moderados y los del Frente Popular, “La Pasionaria” exigió un ajuste de cuentas inmediato y como le replicara valientemente el dirigente político de las derechas moderadas, José María Gil Robles, la demagoga de referencia declaró que quien le replicó había firmado su propia sentencia de muerte. En efecto, en horas tempranas de la noche, un Comando de Guardias de Asalto, se presentó en la casa de Gil Robles y no lo encontraron, por lo que decidieron echarle mano a Leopoldo Calvo Sotelo. Este fue secuestrado, trasladado a un solar abandonado en las afueras de Madrid, donde lo torturaron salvajemente y luego lo ejecutaron.

El 16 de julio de 1936, después de la inhumación de los restos mortales de Leopoldo Calvo Sotelo, todos los españoles estaban claros que habían llegado a las orillas del Rubicón y que el grupo que lo cruzara primero, provocaría que sus contrarios hicieran lo mismo. El día 17 de julio, todos los Capitanes Generales de las distintas Regiones de España, recibieron orden del Presidente del Gobierno, proceder a entregar armas y municiones a los comunistas y otros integrantes del Frente Popular, la que no fue cumplida por los que estaban dispuestos a sumarse al alzamiento militar. El General Mola Vidal. envió un mensaje a todos los Capitanes Generales comprometidos con el alzamiento, manifestándoles que tendría lugar a las 12:00 de la noche del 17 de julio.

La primera región militar que se alzó en armas, fueron las de los territorios africanos: el Marruecos Español, con capital en Tetuán; Ifni, Ceuta Melilla, Africa Subsahariana. El Capitán General de las Islas Canarias, General Francisco Franco, tuvo que salir de La Gran Canaria como que participaría en un safari, organizado por unos amigos, que llegaron a traerlo en un avión británico, el “Dragon Rapide”, donde iban representantes del Marqués, Torcuato Luca de Tena, propietario de cadenas de periódicos y revistas en España y un grupo de modelos inglesas que los acompañaban. Cuando despegó el “Dragon Rapide”, los delegados de la seguridad del Estado, avisaron a Madrid, ordenándose que despegaran unos aviones cazas con la orden de derribarlo, pero no lograron darle alcance..

Finalmente, el avión aterrizó en el aeropuerto militar de Tetuán, donde el General Franco Bahamonde fue recibido con honores militares rendidos por los jefes del Ejército, La Mehalla o Grupo de Moros Regulares de Tetuán, la Legión Extranjera Española. Los Jefes del Alzamiento Militar le comunicaron que procedieron a juzgar sumariamente en Consejos de Guerra a los Oficiales que no se sumaron voluntariamente al pronunciamiento, siendo condenados a muerte y ejecutados a continuación, pero que dejaron en suspenso la ejecución del Jefe de la Fuerza Aérea, Comandante, De La Puente Bahamonde. Franco preguntó las razones por las cuales no fue ejecutado a continuación de la lectura de la sentencia del tribunal militar que lo juzgó, respondiéndole que por ser su primo hermano. La respuesta de Franco fue que lo ejecutaran en el acto, porque estaba en juego el futuro de España y no podían andar con consideracicones de carácter familiar a la hora de
juzgar a los enemigos de España y su influencia civilizadora en el mundo occidental.

A continuación, el General Franco pasó revista a la situación militar en el territorio metropolitano español, llegando a la conclusión que el balance de fuerzas estaba más o menos equilibrado, pronosticando que la lucha sería larga y dolorosa. Mandó a continuación a un agente del espionaje alemán en el norte de Africa, Herr Johannes Berhnardt, con dos cartas para Hitler, solicitándole ayuda militar para acometer la operación que nunca antes se había llevado a cabo en el mundo, el traslado de un ejército con todo su equipo de combate por avión, desde un continente a otro. En este caso específico, del continente africano al europeo. A Hitler le encantó la idea, impartiendo a continuación las instrucciones correspondientes al Mariscal del Reich, Hermann Goering, Jefe de la Luftwaffe, para montar la famosa Operación “Cóndor”. De esta manera, Franco tuvo ya para finales de septiembre un poderoso cuerpo armado de 40 mil hombres en Sevilla
y sus alrededores, por lo que se decidió que era el momento de hacer prevalecer su influencia en el seno de la Junta Militar de Burgos, la que ejercía las funciones de órgano ejecutivo del nuevo Estado en gestación.

El General Franco solicitó una reunión urgente de la Junta Militar de Burgos, la que se realizó en los primeros días de octubre de 1936. Planteó que se eligiera un nuevo Jefe de esa Junta, teniendo en cuenta la cantidad de efectivos bajo su mando que tenía cada uno de los Capitanes Generales y que el nuevo Jefe fuera designado bajo el calificativo de Generalísimo, es decir, General Jefe de los otros Generales. Ambas mociones fueron aprobadas y a partir de ese momento, el General Franco pasó a ser conocido como Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios, ocupando el lugar dejado vacante por la muerte en accidente de aviación del primer Jefe designado, General José Sanjurjo Sacanell y de quien lo reemplazara interinamente, General Guillermo Cabanellas.

La lucha entre ambos bandos, el nacional o franquista y el rojo o comunista. fue sangrienta. Para ambos llegaron refuerzos procedentes de varios países bajo el nombre de Brigadas Internacionales. Todo el oro guardado en las bodegas del Banco de España, cumpliendo órdenes de los colaboradores de Rusia, Francisco Largo Caballero, Juan Negrín, Manuel Azaña, José Giral, fue trasladado a un puerto español y luego transportado a Rusia, procediendo Stalin a incautarse de varios ciento de toneladas de oro, las que utilizó para comprar armas, municiones, alimentos, medicinas en el Reino Unido y Estados Unidos, cuando la Alemania Hitleriana invadió la URSS. Ese oro se perdió definitivamente para los españoles.

La lucha terminó oficialmente el 1 de abril de 1939, cuando los restos del llamado Ejército Republicano o Rojo se internaron en territorio francés, donde fueron desarmados e internados en campos de concentración. Las bajas por ambos bandos se estimaron en un total de 1 millón de muertos, cientos de miles de heridos, mutilados, desplazados de guerra, etc. Quedó destruida el 40% de todas las instalaciones industriales de España, lo mismo que sus ferrocarriles, carreteras, puertos, aeropuertos, etc. El Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, en su libro, “La Raza”, expresa que al dirigirse al pueblo español desde Madrid, en el día señalado para conmemorar la victoria sobre las fuerzas satánicas del comunismo internacional, dijo que en äbril de 1931, había manifestado a Alfonso XIII que con 50 mil muertos procedentes de las filas de los comunistas, socialistas de izquierda, anarquistas, masones, judíos y otros antisociales, quedaba
solucionado el problema político de España, pero que por no responder militarmente al reto planteado por sus enemigos, hasta julio de 1936. habían caído en combate 1 millón de ciudadanos de ambos bandos. Agregó también que los ajustes de cuentas entre la civilización y la barbarie son periódicos y que cuando se presentan, no puede postergarse el respectivo ajuste de cuentas, porque equivale a condenar a la muerte a mayor número de personas”.

Laureano López Rodó, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Complutense de Madrid y que fuera Comisario del Plan de Desarrollo, hombre influyente en el entorno político del Generalísimo Franco, es considerado uno de los que más influyó en el proceso de modernización de España, logrando el reconocimiento de los Estados Unidos y contribuyendo a una finalización exitosa las pláticas entre España y los Estados Unidos, para la firma de un tratado de asistencia militar, el que permitió a la potencia dominante del mundo occidental el establecimiento de bases aéreas y navales en territorio español. publicó un interesante libro. “La Larga Marcha Hacia la Monarquía”, es su título. Narra que tanto él como otro grupo de allegados al Generalísimo Franco, acostumbraban acompañarlo en sus actividades de pesca y entre ellos denominaron, Operación “Salmón” al conocimiento del día que decidiera quién sería su sucesor al frente de
la Jefatura del Estado, porque el Generalísimo siempre se mostraba esquivo cuando le tocaban ese tema.

Cuatro grupos aspiraban a la sucesión de Franco en la Jefatura del Estado Español. Los monárquicos alfonsinos; los monárquicos carlistas, los que habían aportado los voluntarios más fanáticos para luchar al lado de Franco en la Guerra Civil, conocidos como los requetés, procedentes de la provincia de Navarra; los alto jefes militares partidarios de la “solución húngara”, donde el Almirante Niklós Horthy, mantenía la ficción de una monarquía, permaneciendo él indefinidamente como Regente de la Corona y, finalmente, el grupo de altos oficiales de las Fuerzas Armadas, que siendo franquistas, eran partidarios de una República. El Generalísimo Franco tuvo que practicar un juego de filigrana para neutralizar a los grupos que no encajaban con su visión del futuro de España.

La viuda del ex Rey Alfonso XIII, a la que Franco le debía muchos favores personales, era la única persona a la que el Generalísimo le toleraba bromas y el apodo de “Paquito”, por su baja estatura. Para despejar la incógnita de la sucesión a la muerte de Franco, viajó a Madrid y organizó un banquete en honor del Jefe del Estado, al que asistió el aspirante número uno a la Corona Española por el bando alfonsino, el Conde de Barcelona, el Príncipe Don Juan, hijo de la que ofrecía el banquete. Cuando se aproximaba el final de la reunión, la viuda de Alfonso XIII, urgió a “Paquito” a que revelara el nombre de su sucesor en la Jefatura del Estado. Manifestó entonces que estaba dispuesto a considerar para tal cargo al Infante Juan Carlos de Borbón, hijo del Conde de Barcelona, pero previo cumplimiento de los siguientes requisitos: Renuncia del Conde de Barcelona a todos sus reclamos de la Corona Española y que Juan Carlos sería enviado a
España, donde el propio Franco se encargaría de su preparación para el alto cargo que heredaría a la muerte del Generalísimo. Ambas exigencias fueron satisfechas.

Juan Carlos de Borbón fue preparado para desempeñar a cabalidad el cargo de Jefe del Estado Español, con la investidura de Monarca Parlamentario o Constitucional. A la muerte del Generalísimo, Francisco Franco Bahamonde, en noviembre de 1975, Juan Carlos de Borbón y Dos Sicilias, fue proclamado Rey por las Cortes el 22 de noviembre del mismo año, de conformidad con la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947. La Constitución Española, ratificada el 6 de diciembre de 1978 y promulgada el 27 de diciembre de mismo año, lo reconoce expresamente como Rey de España y legítimo heredero de la dinastía histórica de Borbón, otorgándole la Jefatura del Estado. La Carta magna confiere a su dignidad el rango de símbolo de la unidad nacional.

Juan Carlos de Borbón y Dos Sicilias, se dedicó a desmantelar la estructuras dictatoriales heredadas del régimen franquista, incluyendo las del Movimiento Nacional o Falangista, contribuyendo a cicatrizar las heridas dejadas en muchos españoles por las consecuencias de la Guerra Civil. Dictó leyes de amnistía que permitieron el regreso de miles de exiliados, incluyendo al secretario general del comité central del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo y de la “Pasionaria”, Dolores Ibárruri. España se convirtió en un baluarte de la democracia en el mundo occidental, logrando ser admitida en los organismos europeos de integración y en la OTAN.

Al conocer su decisión de abdicar en favor de su hijo, Felipe, la mayor parte de los gobiernantes del mundo han admirado su contribución a la modernización y democratización de España, lamentando su retiro de la Jefatura del Estado Español. Algunos periódicos han editorilizado al respecto, considerándolo una victima de la democracia que él contribuyó a implantar en España.

Con lo que he escrito al respecto, creo que queda claro que las dos Repúblicas que han existido en España, a lo único que han contribuido es a provocar sangrientas guerras civiles, siendo la más cruenta la segunda, 1936-1939. Felipe de Borbón y Grecia ha sido preparado para ser un Monarca ejemplar. Sin duda alguna estará a la altura de los retos que plantean la crisis económica y el separatismo catalán, guiando la nave del Estado a puerto seguro, con la pericia adquirida en la respectiva Academia Naval.

BIBLIOGRAFIA. 1.-” La Raza”, Generalísimo Francisco Franco Bahamonde., 2.-“Los últimos Días de la Monarquía Española”, General Dámaso Berenger. 3.-“La Larga Marcha Hacia la Monarquía”, Laureano López Rodó. 4.-“La Guerra Civil Española”, Hugh Thomas.

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