La guerrilla comunicacional

sergio_boffelli_periodistaPor Sergio Boffelli

Elizabeth Romero, reportera del Diario LA PRENSA, ha ingresado a la lista de víctimas de sectores afines al oficialismo. Estos tienen la misión de difamar e intimidar al periodismo que no han sometido con puestos ni prebendas. El objetivo final es obstruir el derecho de los nicaragüenses a buscar, recibir o difundir información independiente.

Después de las protestas de #OcupaInss en junio del 2013, un agente gobiernista exhortó a sus pares en las redes sociales a incrementar la “guerrilla comunicacional”. Coincidía con el portal propagandístico de la pareja presidencial, que anunciaba la nueva capacitación partidaria en el manejo de redes sociales como Twitter, Facebook y Google+. La primera la realizaron en marzo del 2011, pero nada de esto sorprende.

Un año antes, en el mes de abril del 2010, la revista colombiana Semana publicó un cable de Associated Press (AP) informando que el régimen de Venezuela había constituido la “guerrilla comunicacional”, cuya misión sería contrarrestar los “ataques” de los medios de comunicación considerados adversos y “defender la revolución”.

Tanta importancia dieron a este asunto, que los participantes fueron juramentados por la ministra de Comunicación, en presencia del ministro de Educación y con el eco del aparataje gubernamental. Así pretendió el chavismo ahogar las críticas y denuncias independientes. Como fracasaron, decidieron cerrar, comprar y crear otros medios de comunicación. Y continúan fracasando.

En la historia de los pueblos abundan los intentos del poder para manipular la información o perpetrar ataques contra quienes percibe como amenaza a sus intereses. Ser buen periodista es una ocupación peligrosa. Reporteros sin Fronteras denunció que en 2013 fueron asesinados 75 periodistas y 37 periodistas ciudadanos, habiéndose registrado más de 2,000 agresiones, 187 encarcelados y 87 secuestrados. Otros debieron emigrar para preservar sus vidas.

Afortunadamente, a pesar de esta violencia, ningún gobierno ni grupo de poder logra silenciar las conciencias ni la labor de los buenos periodistas. Y si caen unos, otros surgen.

Bien decía el periodista boliviano Cayetano Llobet que para los regímenes totalitarios, infundir miedo era políticamente más barato que la represión. Por las denuncias y atropellos conocidos, en Nicaragua aplican las dos con lujo de visibilidad, con el propósito de hacer creer que son fuertes y amedrentar. Sin embargo, una de las mejores respuestas a tanta insolencia, para cualquier época y lugar, la dio Pedro Joaquín Chamorro Cardenal al decir que “cada quien es dueño de su propio miedo”. Dueño, no por padecerlo, sino por vencerlo.

Antes el orteguismo contaba con su departamento de Agitación y Propaganda utilizando otras estrategias. Con las nuevas tecnologías sabe que pierde terreno y teme quedar atrás. Datos del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor) muestran que de 1,617,317 usuarios de telefonía móvil en el 2006, aumentaron a 6,808,930 en 2013. Las conexiones a internet también incrementaron en el mismo período, pasando de 23,624 a 207,275. Como sabemos, a cada cuenta familiar o de negocios, tienen acceso varias personas. Nicaragua experimenta el mayor crecimiento de jóvenes en Centroamérica que utilizan las redes sociales para comunicarse e informarse.

El oficialismo está atrapado en sus propias mentiras y por eso recurre a cuanta maña encuentra disponible. Además de acciones represivas y discriminación contra periodistas, es notoria la proliferación de perfiles falsos y páginas anónimas en redes sociales insultando, difamando, desinformando a los incautos, procurando intervenir cuentas o infectar computadoras enviando correos electrónicos con virus. Sucede dentro y fuera del país. Es el burdo accionar de quienes carecen de argumentos.

Esta “guerrilla comunicacional” es, dicho sea de paso, ineficaz a más no poder.

El autor es periodista

Publicado en La Prensa de Nicaragua

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