La “granja porcina” del orteguismo

Por Roberto Escobedo Caicedo

El orteguismo ha reclutado a determinados grupos de personas que pretenden presentarse ante la opinión pública como grandes intelectuales, que exhiben notables cualidades morales en el desempeño de las funciones públicas, pero que, si se escarba un poco en su pasado, no son más que individuos que debieran estar cumpliendo prolongadas penas de prisión. Pero como desgraciadamente los integrantes de las judicaturas y magistraturas son otros corruptos que rivalizan con los anteriores en la determinación de quién ha logrado acumular mayores cantidades de dinero mal habido que guardan celosamente en los paraísos fiscales, el resultado final no es más que una granja porcina donde los individuos anteriormente mencionados se revuelcan en las miasmas  que expulsan sus respectivos sistemas digestivos.

Entre esos grupos de cerdos de la granja orteguista, hay sujetos de ambos sexos, porque unos y otros disfrutan de las mieles del poder y por su abyecto servilismo al dueño de la chanchera. Sin duda alguna, uno de los individuos al que nadie le disputa el primer lugar en esa escala de valores invertidos y al que su figura le ayuda notablemente para desalentar a sus rivales, se encuentra el corrupto y depravado Presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, sospechoso protegido del libertino Cardenal Emérito, Miguel Purificación Obando y Bravo, al que la prestigiada revista alemana, Der Spiegel (El Espejo), llamara hace varios años, “el dulce secreto que guardan celosamente el mencionado Cardenal y su sempiterna secretaria y ama de llaves, Josefa Reyes viuda de Rivas). Oportuno es recordar que el viejo Código Civil Español, a los hijos de religiosos que han hecho votos de castidad, pobreza y obediencia, los inscribe como “sacrílegos”. Por esto es sospechoso que al mencionado corrupto de Rivas Reyes se le conozca también bajo el remoquete de “El Sacrílego”.

La trayectoria delictiva de Rivas Reyes es impresionante y todavía no se conoce la cuantía de los millones de dólares que han llegado a sus bolsillos y de estos a las cuentas cifradas que mantiene en los paraísos fiscales. Pero quienes lo conocen de cerca, consideran que se inició desde temprana edad, cuando estaba en uno de los colegios de primaria de Matagalpa, donde se especializó en robar cajetas de leche a las vendedoras que se instalaban con sus bateas cargadas de deliciosas golosinas a la salida de esos centros de estudio. Echaba mano de las que más le gustaban y luego se daba a la fuga. Cuando las perjudicadas ponían las quejas a sus padres, estos se lo celebraban como una de las gracias de Robertito, mientras su abuelo materno, General G. N., J. Rigoberto Reyes, amenazaba a las quejosas con encarcelarlas por calumniar a su querido nietecito.

Cuando los delincuentes sandinistas se apoderaron del poder del Estado en Nicaragua, contando con la ayuda determinante del terrorismo internacional y la de algunos gobernantes latinoamericanos, la familia de Rivas Reyes se largó del país con él, contando a control remoto con el apoyo económico del corrupto Cardenal de ese entonces, Miguel Purificación Obando y Bravo. Cuando los servicios de inteligencia de los Estados Unidos utilizaron a la iglesia católica de Nicaragua para hacer llegar millones de dólares a los grupos políticos de oposición al sandinismo, lo hicieron a través de una organización ad hoc, “Corporación de Promoción Social Arquidiocesana (COPROSA)”, en la que figuraba como Coordinador General el mencionado porcino del orteguismo, devengando en ese entonces un modesto salario de 9 mil dólares mensuales más vehículo, combustible, chofer y gastos de representación.

Durante el gobierno de Violeta Chamorro, a través de las gestiones de su protector o cercano familiar, el entonces Cardenal Primado de Nicaragua, Miguel Purificación Obando y Bravo, logró que la Procuraduría General de la República devolviera todos los bienes confiscados a la familia Rivas Reyes e indemnizara en efectivo por cosechas infladas de café y hasta por la muerte de un burro de Kentucky, suceso ocurrido a finales de la década de los años 50 del siglo pasado, cuando le dispararon por error, creyendo que era un venado. Esas indemnizaciones sumaron varios millones de dólares, además de la devolución física de todos los bienes, incluyendo maquinaria de beneficios de café y camiones que nunca habían tenido. Pero a la hora de la separación de dichos bienes con sus primos hermanos, estos no recibieron absolutmente nada, por lo que existe un odio profundo entre ambos grupos.

Durante el gobierno del Doctor Arnoldo Alemán Lacayo, el Cardenal de Nicaragua, Miguel Purificación Obando y Bravo, presentó a su sospechoso protegido como un gran liberal, descendiente del General G. N., J. Rigoberto Reyes, el que el 22 de febrero de 1934, había liquidado al frente de un batallón de guardias nacionales a todos los soldados desmovilizados del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, los que se habían organizado en cooperativas en Wiwilí. Eso le valió ser propuesto a la Asamblea Nacional por el PLC como candidato a magistrado propietario del Consejo Supremo Electoral y luego,  Presidente del mencionado Poder del Estado, cargo que todavía conserva, porque como buen oportunista que es, no le costó ningún trabajo renegar del liberalismo y abrazar con fanatismo ejemplar el orteguismo. Además, su protector también evolucionó en su carrera de oportunista y es ahora gran orteguista.

En el Consejo Supremo Electoral ha sido el gran artífice de todos los fraudes electorales que se han dado en beneficio del orteguismo. Comenzó su nefasta tarea de burlarse de la voluntad soberana del cuerpo electoral de la nación en las elecciones generales de noviembre del 2006, cuando cumpliendo órdenes de Ortega Saavedra, no contó el 8.5% de los votos directos, porque procedían de los sectores rurales del país, constituyendo el voto duro del PLC, cumpliendo finalmente lo acordado en el Pacto firmado en ese entonces entre el propio secretario general del FSLN y el candidato de la ALN, licenciado Eduardo Montealegre Rivas. De esa “misa negra” entre Rivas Reyes, Ortega Saavedra y Montealegre Rivas, se originan todas las desgracias que afectan al pueblo nicaragüense, al que le han cerrado todas las alternativas para librarse del orteguismo a través de una solución política que tenga cabal expresión en las urnas electorales.

Luego vinieron los fraudes electorales en los comicios municipales del 9 de noviembre del 2008. A continuación, los nuevos fraudes en las elecciones de las dos Regiones de la Costa Atlántica de Nicaragua y, finalmente, en las elecciones de noviembre del 2011, donde los nuevos fraudes cometidos por Rivas Reyes y los porcinos del Consejo Supremo Electoral, le dieron una mayoría aplastante al orteguismo en la Asamblea Nacional, para pasar todos los proyectos que atentan contra la soberanía nacional, como la ley que garantiza la concesión al representante del Ejército Popular de Liberación del Pueblo Chino, Wang Jing, para construir un supuesto Gran Canal Interocéanico por Nicaragua, con facultades de expropiar, confiscar y pagar lo que quiera a todos los propietarios de tierras afectadas por la ruta donde se llevarían a cabo las obras de ese megaproyecto, el que no es más que un sueño faraónico de Ortega Saavedra. Lo único que resulta cierto es que Nicaragua pierde su soberanía, convirtiéndose en un satélite de Rusia y de China Comunista, con la total complacencia de los Estados Unidos.

La granja porcina de Ortega Saavedra no sólo cuenta con Roberto Rivas Reyes (“El Sacrílego”), sino que también incluye a todos los magistrados propietarios y suplentes del Consejo Supremo Electoral, gravemente comprometidos en el crimen organizado del tráfico de drogas, desde el momento mismo que uno de sus miembros, Luis Osuna, guarda prisión por suministrar cédulas de identidad a capos del narcotráfico, en el sonado caso que también incluye a los hermanos Fariñas Fonseca. Están también los miembros de la Contraloría General de la República, los que cierran los ojos ante todos los actos de corrupción en que participan a diario los altos funcionarios gubernamentales. Los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los que interpretan las leyes según los caprichos de Ortega Saavedra. La mayor parte de los diputados de diferentes partidos políticos de la Asamblea Nacional, los que dan expresión legal a los mayores actos de corrupción del secretario general del FSLN.

Roberto Rivas Reyes (“El Sacrílego”), tuvo el descaro de manifestar recientemente que debido a las campañas de descrédito desatadas en su contra por diferentes medios de comunicación social, escritos, radiales y televisados, teme por su vida y la de sus seres queridos, lo que le obliga a andar constantemente protegido por una escuadra de policías orteguistas. Es prácticamente imposible que alguien se proponga atentar contra la vida del mencionado experto en fraudes electorales, porque si alguien lo eliminara le haría un señalado favor al propio Ortega Saavedra, librándolo de los compromisos contraídos con él y con los grupos mafiosos que lo rodean, incluidos el asiático que representa al Ejército Popular de Liberación del Pueblo Chino, Wang Jing y a los militares, tanto chinos como rusos, encargados de la rápida conversión de Nicaragua en un satélite de ambas potencias.

Los que pueden tener más interés en librarse de un socio tan despreciable como Roberto Rivas Reyes (“El Sacrílego”), figura destacada de la granja porcina de Ortega Saavedra, son los propios miembros de sus entornos mafiosos, porque ya es un cartucho quemado que no admite recarga.

Por esto no sería nada raro que quienes libren a Nicaragua de un ser tan despreciable y abyecto como Roberto Rivas Reyes (“El Sacrílego”), sean, precisamente, los miembros de su propia escolta, cumpliendo órdenes superiores, con la garantía que le organizarían un solemne funeral de Estado.

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