La gran obra de Danilo Aguirre: Reformas constitucionales de 1995 | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Que los dirigentes orteguistas en la Asamblea Nacional recuerden a Danilo Aguirre Solís, en una actitud de reconocimiento, como legislador que contribuyó a la preparación de la Constitución de 1987, que supuestamente nos rige, es, por decir los menos, una inconsistencia política. Y no porque Danilo no merezca reconocimiento como combatiente político, y destacado periodista y legislador, sino porque los actuales dirigentes de la Asamblea Nacional han hecho todo lo contrario de lo que fue el trabajo legislativo constitucional de Danilo.

Tengo un largo ensayo inédito suyo, que entregaré a la familia y, si lo autorizan, lo publicaré como parte de su memoria política, pues merece ser divulgado y conocido por lo tanto que ayuda a conocer nuestra historia reciente y, a la luz de la misma, juzgar la situación actual.

El ensayo se titula “El entorno de las reformas constitucionales de 1995”, y lo preparó en 2014 a mi requerimiento y como contribución al rescate de los antecedentes institucionales y políticos de la deriva autoritaria y represiva del gobierno de Ortega.

El ensayo se inicia con dos párrafos que son como el telón de fondo de la Constitución de 1987, y de sus reformas de 1995, a las que Danilo tanto contribuyó como presidente de la Comisión de Justicia de la Asamblea, y que los orteguistas se cuidan de no mencionar.

Nicaragua, dice en su primer párrafo, como casi todos los países de América Latina, cada vez que se ha producido en su sociedad un cambio radical de poder, hay reemplazos de un gobierno antidemocrático por otro semejante, igual o peor”.

Agrega: “Decimos cambio radical de poder para eludir la palabra revolución, que en su concepción ideal ha significado empoderamiento del pueblo de instituciones que le garanticen el control de los gobernantes, estabilidad y seguridad ciudadana y la conducción de las riqueza que los factores de producción generan en ese clima, hacia una distribución que conlleve satisfacciones y bienestar, al mayor número de sus habitantes”.

A partir de ahí, Danilo examina críticamente la Constitución de 1987 como un intento inacabado de modernización política, por las contradicciones políticas-ideológicas, internas y externas, de la revolución sandinista. Y visualiza las reformas de 1995 en la dirección del esfuerzo de completar el inacabado proceso de modernización política, ya en un ambiente de paz y de vigencia de pluralismo político.

La Constitución de 1987, más allá de sus formalidades democráticas -que Danilo las ve como producto de las contradicciones mencionadas- giraba básicamente en torno a una concentración desproporcionada del poder presidencial. En este contexto, las reformas de 1995 se visualizan en el ensayo como parte del proceso de democratización de las instituciones estatales.

De cara a nuestro trasfondo histórico de gobiernos autoritarios, las reformas de 1995 establecieron la no reelección continua, y la alterna limitada a dos mandatos, lo que quedó consagrado en el artículo 147 constitucional “el mismo que quince años después sería declarado inaplicable por una insólita sentencia de la Corte Suprema de Justicia y 3 años más tarde eliminado de la Constitución para dar paso a la reelección presidencial indefinida”, anota en su ensayo.

Las reformas de 1995 establecieron otras limitaciones al poder presidencial y, además, consolidaban la institucionalidad democrática: el Presidente no podía organizar el Estado a su discreción, el Contralor no podía ser del partido que ganara las elecciones, se prohibía el espionaje político, ejército y policía pasaban a ser cuerpos apolíticos, apartidarios y profesionales, y se limitaba el nepotismo y la contratación de funcionarios públicos con el Estado, entre otras disposiciones que han sido modificadas o constituyen letra muerte.

A todo eso se ha puesto marcha atrás, pero no solamente ahora, con el retorno de Ortega al poder desde 2007, sino desde las reformas constitucionales derivadas del pacto Alemán-Ortega que, además de viabilizar el regreso de Ortega al poder, en el ensayo de Danilo aparecen visualizadas, correctamente, como parte del mismo trasfondo histórico de caudillismo y corrupción.

La Nicaragua Linda

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