La economía política del “Nica Act” | Nicaragua

Ilustración / Imagen de www.radiolavozdelnorte.com

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Por Adolfo Acevedo / Economista

La aprobación del denominado ¨Nica Act¨, de manera unánime, por parte de la Cámara de Representantes de los EEUU, parecería estar abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre Nicaragua y la potencia más poderosa del planeta. Desde mi punto de vista, representa una alerta en términos de que algo sustantivo podría estar cambiando en la capital de ese país. Hasta ahora, la política oficial de la Administración del Presidente Obama ha sido de una estricta no intervención en los asuntos de Nicaragua, no importa lo que estuviese sucediendo aquí.

Esta situación nos trae algunas remembranzas sobre la situación que atravesó el gobierno autoritario de José Santos Zelaya a inicios del siglo pasado. Es poco conocido que el Presidente norteamericano Theodor Roosevelt, conocido por promover la política del ¨gran garrote¨, sostuvo muy buenas relaciones con el gobierno de Zelaya, al margen de lo que este hiciese. Se ha argumentado que esto se explica porque hasta 1903 predominó en las relaciones de los EEUU con Nicaragua el interés por la construcción de un canal interoceánico por la ruta del Rio San Juan, a lo cual Zelaya se mostró más que solícito.

Esta habría sido la razón por la cual EEUU se habría mantenido neutral cuando se produjeron dos revueltas de los conservadores en la Costa Atlántica nicaragüense, apoyadas por hombres de negocios norteamericanos residentes allí. Pero esta política de neutralidad de Roosevelt se mantuvo aun después de 1903, y aun pudo referirse a Zelaya como su ¨gran amigo¨.

Sin embargo, todo indica que Zelaya no percibió que algo sustantivo había cambiado en la política de los EEUU con el advenimiento de la nueva Administración de Howard Taft. En este caso, como lo ha enfatizado Jeffrey Paige, la guía fundamental de la política exterior norteamericana pasó a ser la defensa intransigente del capital norteamericano que salía a buscar oportunidades de negocio en el hemisferio americano.

Esta vez, cuando estalló una nueva revuelta contra Zelaya en la Costa Atlántica, apoyada de nuevo por hombres de negocios de los EEUU residentes en esa región, fue hasta que se produjo la denominada Nota Knox que Zelaya pareció cobrar súbita conciencia del cambio drástico que se había producido en la política exterior norteamericana.

Volviendo a los acontecimientos más recientes, si esta aprobación unánime del Nica Act por parte de la Cámara de Representantes – después de un ¨briefing¨ del Departamento de Estado sobre su punto de vista acerca de lo que estaba ocurriendo en Nicaragua – es efectivamente una expresión de que en Washington los vientos están cambiando en dirección a políticas más duras y conservadoras – posiblemente no sólo con respecto a Nicaragua -, entonces existe una legitima razón para preocuparse, y mucho.

Para estar claros, el Nica Act, en caso de convertirse en Ley, no tendría un impacto inmediato sobre el Programa de Inversión Pública, financiado en una parte significativa por préstamos de los organismos multilaterales en cuyo seno el voto de los EEUU tiene un peso decisivo. Como lo han explicado los amigos de FUNIDES, ya se han aprobado unos US$ 800 Millones en préstamos por parte de estos organismos, que serían desembolsados en los próximos años.

Estos préstamos ya aprobados no estarían afectados por las disposiciones del Nica Act.

Sin embargo, el efecto sobre nuestra economía podría ser más drástico e inmediato que hasta cuando llegue el momento futuro cuando el voto negativo norteamericano congele la aprobación de nuevos préstamos. Si uno analiza las cifras, se encontrará que, en todos los casos, el componente más volátil de la demanda agregada en una economía es la inversión del capital privado, doméstico y extranjero.

Con total seguridad, una situación de drástico endurecimiento de la política de la mayor potencia del mundo respecto a Nicaragua incrementará de manera muy acentuada los niveles incertidumbre sobre nuestra economía. Cuando la incertidumbre en un país es muy alta, los inversionistas, en vez de inmovilizar su capital por tiempo indefinido en el mismo, normalmente detienen sus inversiones y adoptan una posición de ¨esperar para ver qué pasa¨, hasta que finalmente el panorama termine de despejarse. Esto es lo que normalmente provoca una caída económica.

Esto no es especulación. Si usted lo pone en duda, revise las cifras y luego platicamos.

En Nicaragua, existen otras tendencias, por si mismas preocupantes, que estarían alimentando la incertidumbre. La cooperación petrolera venezolana, que según los amigos de FUNIDES llegó a explicar hasta el 40 por ciento de la tasa de crecimiento económico observada en los últimos años, está en proceso de colapsar, y ahora los análisis jurídicos de PDVSA confirman que la deuda derivada de esta cooperación es publica, no privada, y no está nada claro lo que va a ocurrir con ella.

Por su parte, en una economía pequeña y abierta como la nuestra, el valor de las exportaciones de mercancías acumula ya 20 meses consecutivos de caída, y las reservas monetarias internacionales netas del BCN nueve meses. El auge de la construcción parece haberse agotado y el boom del crédito se estaría debilitando ante la acumulación de deuda privada. Además, la posición financiera del INSS se ha venido deteriorando de manera acelerada e imprevista, lo que impondrá la realización de reformas draconianas y fuertemente impopulares, después de las elecciones. Para enfrentar la complicada situación economica futura, se ha anunciado una revisión de las exenciones y exoneraciones.

Lo que, es más, todo ello se produce en un contexto en que los agentes que detentan el poder y adoptan las decisiones en el país han convertido unas tasas de crecimiento economico de entre 4.5 y 5 por ciento en su principal fuente de ¨legitimidad sustantiva¨.

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