La Constitución, piedra angular del Estado de Derecho

silvio_avilez_gallo_bloquePor Silvio Avilez Gallo

La formación de todo Estado implica un proceso que requiere necesariamente la coincidencia de tres elementos: a) un grupo humano identificado por determinadas características y afinidades lingüísticas e históricas; b) un territorio geográficamente determinado, y c) un gobierno civil debidamente constituido. Como es de suponer, el proceso de formación del Estado suele darse a veces a través de siglos, como es el caso de los países del Viejo Mundo, que pasaron por la dominación de pueblos y culturas procedentes de otros continentes.

En cuanto a los países del continente americano, la aparición de lo que serían los futuros Estados estuvo ligada a la colonización de las potencias europeas, principalmente Gran Bretaña y Francia, en el caso del Canadá, los Estados Unidos y Haití; España, para los países hispanoamericanos, y Portuga,l en el caso del Brasil. También se dio la presencia de los Países Bajos en el surgimiento de algunos territorios insulares del Caribe.

Cuando las trece colonias originales del imperio británico en América se independizaron en 1776, se constituyeron en una confederación a la espera de redactar su constitución en 1787 y proclamar lo que se llama hasta el día de hoy los Estados Unidos de América, con un régimen federal que constituyó un modelo para los nuevos Estados del viejo imperio español, especialmente en los países que conformaron la República Federal de Centroamérica en 1824. Pero un sistema tan complejo y ajeno al férreo centralismo que durante más de 300 años imperó en las antiguas posesiones españolas no pudo funcionar y las que primeramente se denominaron Provincias Unidas del Centro de América terminaron por disgregarse en 1838.

Las trece colonias, que primeramente se transformaron en Estados federados, tenían ya una tradición de autonomía que hizo posible, hasta el día de hoy, la existencia de una federación integrada actualmente por 50 Estados, con una constitución que data ya de 227 años y que solamente se ha visto modificada por la aprobación de 27 enmiendas constitucionales, de las cuales las diez primeras constituyen lo que se denomina Carta de los Derechos o “Bill of Rights”. Es decir, que los Estados Unidos en 238 años de vida independiente se han dado una sola constitución política, por lo que ésta se considera la más antigua del mundo.

Caso quizá único en la historia es el del Reino Unido que, siendo una monarquía parlamentaria, carece de una constitución escrita y se rige por lo que se conoce como ley común o derecho consuetudinario (“Common Law”) No obstante, la falta de un texto escrito no es óbice para que ese país sea una auténtica democracia y un modelo en cuanto al respeto de los derechos humanos. Pero es evidente que no todos los pueblos tienen el grado de madurez política y el civismo para prescindir de la ley escrita. Por el contrario, abundan los Estados que tienen voluminosas constituciones cuyas normas no se observan o se transgreden con  demasiada facilidad.

Tomemos el caso de Nicaragua, que desde 1838 ha tenido 26 constituciones políticas (sin mencionar la de 1824, que rigió para Centroamérica). La más reciente de ellas (¿o deberíamos decir penúltima?) data del 21 de enero de 2014, todo esto en 176 años de vida independiente, lo que pone de relieve la recurrente inestabilidad que  ha caracterizado al país.  Si agregamos que la mencionada carta magna cuenta con 202 artículos y que en comparación, la constitución estadounidense de 1787 —vigente desde hace 227 años— tiene únicamente 7 artículos y 27 enmiendas, queda más que evidente la enorme diferencia entre ésta y aquéllas.

El problema es conceptual: la estructura utilizada para redactar una constitución. En los Estados Unidos, en tan sólo 7 artículos se compendia toda la organización federal y estatal: artículo I Poder Legislativo; artículo II Poder Ejecutivo; artículo III Poder Judicial; artículo IV Poderes del Estado y Límites; artículo V Proceso de Enmienda; artículo VI Poder Federal, y artículo VII Ratificación.  Esto significa que la carta magna contiene únicamente los elementos fundamentales de la organización y funcionamiento del Estado y que el resto se deja a la reglamentación de las leyes ordinarias. Ello explica asimismo la longevidad de la única constitución redactada en 1787.

En cambio, en Nicaragua la metodología y el concepto son distintos. En su constitución, con más de 200 artículos, se incluye y se detalla prácticamente todo, lo fundamental y lo accesorio, y se pretende regular poco menos que el nombramiento y la destitución de empleados de inferior categoría, cosa que normalmente debería ser objeto de reglamentos de leyes no constitucionales. De ahí la frecuencia de las modificaciones parciales y totales, lo que conlleva y explica la inestabilidad y vulnerabilidad de la institucionalidad del país.

El Estado de Derecho se caracteriza, entre otras cosas, por la vigencia absoluta de todas las disposiciones constitucionales, la división e independencia de los poderes del Estado, el respeto de los derechos y garantías individuales, la existencia de una completa libertad de expresión y de pensamiento de los ciudadanos, la libertad de cultos y la libertad de asociación. Según se observen y cumplan todos estos requisitos se podrá decir que determinado país aplica los principios de una verdadera democracia y cuenta con un gobierno representativo. La democracia es un concepto unívoco, al igual que la libertad: existe o no existe.

En síntesis, el respeto total y .absoluto de la constitución política de un país es la piedra angular sobre la que se fundamenta el Estado de Derecho. Una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica y la realidad.

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