La batalla del miedo | Nicaragua

Imagen tomada del blog de Enrique Sáenz -  (AP Photo/Rodrigo Abd)

Imagen tomada del blog de Enrique Sáenz – (AP Photo/Rodrigo Abd)

Por Enrique Sáenz

Las batallas frente a un régimen dictatorial se libran en varios frentes, uno de ellos es en el territorio del miedo. Por esta razón, el primer objetivo de la represión no es garrotear por garrotear, encarcelar por encarcelar o matar por matar. El primer objetivo de la represión es someter. Someter por la intimidación. La intimidación paraliza. Y un pueblo paralizado es un excelente aliado de los dictadores. Porque abonan a la paz de los sepulcros: la paz de los dictadores.

Cuando un régimen logra que la gente incorpore la represión en su cabeza ya ganó el primer round. Cuando el pueblo pierde el miedo, el régimen, cualquiera que sea, ya perdió la pelea.

Los recientes episodios de protesta social, en particular en Rancho Grande, Mina El Limón y las movilizaciones de los campesinos de Río San Juan y Nueva Guinea, al romper la barrera del miedo y de la intimidación, abren una brecha en la coraza protectora del orteguismo.

La protesta de ayer martes 27 de octubre, en contra de la concesión canalera otorgada por Ortega a Wang Jing, aun cuando contó con la presencia de pobladores de Managua y de otros departamentos del país, tuvo como protagonistas centrales a los campesinos provenientes de las comunidades rurales de Río San Juan y Nueva Guinea. Ellos y ellas -porque había un buen número de mujeres- nos dieron una lección a todos.

Superando un cerco policial tras otro irrumpieron en Managua y recorrieron calles de la capital con sus botas de hule, sus hamacas y sus cutachas. Y su firmeza. Y su dignidad. Y su decisión de defender sus derechos.

Rompieron la barrera del miedo. Y metieron en miedo al régimen.

Radio Corporación transmitió de viva voz las humildes pero muy lúcidas, muy claras y muy firmes expresiones campesinas. Mujeres y varones. La defensa de la tierra, ante todo. Esto es así porque el terruño es la expresión material y tangible de la soberanía.

De nada sirvieron las maniobras intimidatorias, las presiones y los retenes.

El régimen se crispó. Irresponsablemente sacó a los chavalos de las escuelas y los llevó a las rotondas. Humilló nuevamente a los empleados públicos imponiéndoles el triste papel de fantoches. Sacó a la calle sus fuerzas de choque. Y colocó fusil en ristre a sus fuerzas represivas. Todo fue inútil.

Mostraron miedo. En el territorio del miedo, los campesinos les doblaron el brazo.

En los alrededores de la casa de Ortega, para quienes no circulan por allí o residen en otros departamentos, hay un perímetro de más de 200 metros con retenes policiales, y aunque son calles públicas, hay que pedir permiso para transitar.

El martes extendieron el perímetro a 300 metros y en lugar de policías colocaron unidades de anti motines.

En la batalla del miedo el régimen retrocedió. Los campesinos nos enseñaron el camino. El desafío que tenemos por delante, cada uno de nosotros, es perder el miedo. Es la primera batalla que debemos ganar. Del blog de Enrique Sáenz

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