Hazme instrumento de tu paz

ortega_la_blibliaPor Silvio Avilez Gallo

La petición que encabeza este escrito es parte de la profunda y conmovedora oración de San Francisco de Asís, que como sabemos, en su juventud llevó una vida disipada, pero al igual que sucedió con el fariseo Saulo de Tarso, perseguidor de los cristianos, el llamado de Dios transformó radicalmente su vida al punto de haber renunciado a todas las riquezas que poseía su familia, para dedicarse por entero al servicio de los más necesitados. Fue, además, fundador de la Orden Franciscana. La plegaria encierra un mensaje que invita a los creyentes a meditar profundamente, sobre todo a aquéllos que desean sinceramente cumplir la voluntad del Padre, tal como lo pedimos en la oración que el propio Jesús nos enseñó.

Lo anterior viene al caso a propósito de las sorprendentes palabras que el Comandante Ortega pronunció durante la conmemoración del 35 aniversario del triunfo de la revolución sandinista el pasado 19 de julio, ante una inmensa muchedumbre congregada en la Plaza de la Fe. En esa ocasión, manifestó que quería ser instrumento de paz, de amor, desterrar el odio y pidió por la reconciliación de los nicaragüenses. Las declaraciones del líder del FSLN causaron verdadera conmoción no sólo entre los asistentes al acto, sino también en los miles de televidentes que siguieron el desarrollo de la ceremonia por cadena obligada (impuesta por la autoridad) de todos los canales nacionales de televisión.

De todos es sabido que los revolucionarios que tomaron el poder en 1979, incluido el propio Comandante Ortega y los integrantes de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, eran adeptos a la ideología marxista-leninista y a la doctrina de Engels y otros jerarcas del comunismo internacional. Por ello, la inusual e inesperada petición del titular del ejecutivo significó un giro de 180 grados cuando confesó públicamente su cristianismo franciscano y pidió con humildad ser un instrumento de paz.  Esto trajo a mi memoria lo que publiqué en el desaparecido diario “La Noticia” de Managua el 26 de abril de 2001 bajo el título “La conversión de Don Daniel”, comentando las declaraciones de Monseñor Abelardo Mata, Obispo de Estelí, que ponía en duda la conversión del Comandante Ortega al cristianismo. En dicho artículo manifestaba

“[…] quiero pensar, por el bien de Nicaragua, que el Señor se ha compadecido de nuestras desgracias y ha tocado el corazón del Comandante Ortega […] y que esta conversión se  traduzca en frutos de paz, reconciliación y perdón para la familia nicaragüense […] Nicaragua entera debe pedir a Dios que ilumine a aquellos que abrigan sentimientos de odio y venganza para que se convenzan que el rencor daña particularmente a quien lo cultiva […] y que sólo el amor sincero logra construir algo bueno y perdurable. Roguemos por que así sea”.

En esta oportunidad, reitero sin reservas lo que expresé hace muchos años, porque la buena fe siempre se presume.  La violencia de todo tipo está llegando en nuestro país a límites nunca antes vistos, a causa sin duda de la grave crisis moral por la que atraviesa nuestra sociedad, provocada por la desintegración de la familia tradicional y la carencia de valores y principios que antaño eran inculcados por los propios padres a sus hijos, con el valioso complemento de las enseñanzas que abnegados maestros y profesores les impartían en las aulas.

Pero debemos insistir que no bastan las meras declaraciones —de buenas intenciones está pavimentado el camino del infierno,  dice un refrán—, sino que es preciso que los piadosos deseos se plasmen en obras concretas.   Jesús, en el Nuevo Testamento, afirma que el árbol se conoce por sus frutos. Tampoco olvidemos que del dicho al hecho hay mucho trecho, como pregona la sabiduría popular.

Qué duda cabe que la paz es fruto del amor —Dios es Amor escribe San Juan— y que aquélla sólo se logra mediante la justicia y el respeto a la dignidad de la persona humana.

Que el Espíritu Santo ilumine al gobernante para que sus palabras se traduzcan en perdón, unión, verdad, fe, esperanza, luz, alegría, consuelo, comprensión, entrega de sí y amor, que sintetizan maravillosamente la humilde petición de San Francisco de Asís.

¡Manos a la obra, Comandante!

 

Managua, 27 de julio de 2014.

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