Guerra entre hermanos

silvio_avilez_gallo_bloquePor Silvio Avilez Gallo

La guerra ha sido siempre el mayor flagelo de la humanidad porque no sólo causa grandes destrucciones materiales y pérdidas irreparables de vidas sino porque, cuando se trata de luchas internas o civiles,  destruye y envenena el alma de los pueblos. Los daños materiales pueden subsanarse en pocos años, pero el odio entre hermanos se transmite de generación en generación y envilece a quienes lo anidan en su corazón.

Esto es lo que sucede, desde hace milenios, entre israelíes y palestinos, etnias nacidas de dos hermanos —Isaac e Ismael— hijos del patriarca Abraham, que tanto el Antiguo Testamento como el Corán reconocen como padre y fundador de todas las naciones.

El último gran conflicto, a mediados del siglo XX, se produjo en 1948 cuando en virtud de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se aprobó la constitución de dos Estados en el territorio que era administrado por Gran Bretaña, como parte del mandato sobre Palestina, y que  hoy conforman Israel y Palestina.  Sin embargo, los Estados árabes vecinos de nuevo Estado judío se negaron a reconocer el derecho de Israel a constituirse como país independiente y esta permanente hostilidad fue causa de varios conflictos, entre ellos la llamada guerra de los seis días (5 al 10 de junio de 1967), en la que una coalición conformada por  la República Árabe Unida (Egipto), Siria, Iraq y Jordania declaró la guerra a Israel, cuyas fuerzas vencieron rápidamente a los ejércitos árabes.    Como consecuencia de ese conflicto, Israel ocupó la península del Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén oriental, Netanya y los Altos del Golán.

En 1977, al firmarse la paz entre Egipto e Israel, se dio el primer paso para el establecimiento de relaciones pacíficas entre árabes y judíos. Israel evacuó sus fuerzas de la península del Sinaí, pero la Liga Árabe siguió siendo  hostil a esta iniciativa de normalización de relaciones.

El actual conflicto entre el ejército israelí y las fuerzas guerrilleras de Hamás, que controlan la franja de Gaza, ha causado ya miles de víctimas entre militares y civiles de ambos bandos así como destrucciones considerables. En 1994, en virtud de los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el gobierno de Israel, se creó la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que a partir de 2012, por resolución de las Naciones Unidas, pasó a llamar Estado  lo que anteriormente se consideraba Entidad  Palestina. Sin embargo, desde un inicio las divergencias entre palestinos e israelíes impidieron el progreso hacia el mutuo reconocimiento.

El reciente estallido de hostilidades se debe a la naturaleza de Hamás, que gobierna la franja de Gaza, movimiento que según declaraciones del palestino Mosab Assan Yousef, hijo del fundador y guía espiritual de Hamás, es una organización de índole terrorista. Esto lo afirmó en una entrevista especial el pasado 30 de julio ante Carlos Alberto Montaner y Andrés Oppenheimer, de la cadena CNN en español. Mosab dijo que de acuerdo con el Documento Fundacional de Hamás de 1988, la meta de la lucha no es la liberación de Palestina sino el aniquilamiento y erradicación de Israel y que para conseguir ese objetivo, recurre a cualquier estrategia —desde ocupar escuelas, hospitales y utilizar como escudo a la población civil— sin importar las consecuencias ni el precio que tenga que pagar.

El presidente de la ANP se ha mostrado favorable a aceptar un cese de hostilidades entre Hamás e Israel y estaría dispuesto a negociar con el Estado judío, pero es evidente que a Hamás le interesa crear a nivel mundial una imagen condenatoria e inhumana de Israel y hacer aparecer como bárbaro y despiadado al ejército israelí, cosa que al parecer lo está logrando de acuerdo con los comentarios aparecidos en la prensa mundial.

Es evidente que ante los ataques terroristas indiscriminados de Hamás, con más de un millar de misiles lanzados contra la población civil del territorio judío, las fuerzas de Israel no permanecerán pasivas y responderán con todo el poderío de sus armas.  Desgraciadamente, cuando se trata de hacer entrar en razón a fanáticos religiosos que tienen la mente obnubilada por la obsesión de la muerte y la aniquilación del “enemigo”, existen muy pocas posibilidades de tener éxito en lograr un entendimiento. Israel, obviamente, no está dispuesto a poner la otra mejilla…

Mientras Hamás siga boicoteando todos los esfuerzos de las grandes potencias y los organismos internacionales por resolver pacíficamente el milenario conflicto entre dos pueblos descendientes de un mismo tronco, no se vislumbra una esperanza en el horizonte.  Como afirmó el escritor Carlos Alberto Montaner, hablando sobre este tema en un escrito aparecido en La Prensa el pasado 27 de julio, si se quiere que haya paz entre palestinos e israelíes es preciso destruir a los terroristas de Hamás.

El remedio puede parecer amargo y ciertamente lo es, pero lamentablemente es el único medio de extirpar el cáncer que carcome a dos pueblos hermanos.

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